La catedral de San Basilio en Moscú
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Bloomberg Opinión — A nueve meses de comenzada la guerra del presidente ruso Vladimir Putin contra Ucrania, los daños causados a la undécima economía del mundo son considerables. Sus principales bancos rusos han quedado fuera del sistema financiero mundial, las reservas del banco central están congeladas por unos US$300.000 millones y cientos de empresas extranjeras se han retirado. La escasez de piezas de recambio ha afectado a la industria automovilística y amenaza a la aviación comercial. Tras la orden de movilización de Putin, decenas de miles de jóvenes trabajadores han huido del país. Según una previsión de la OCDE publicada esta semana, la economía rusa se contraerá un 5,6% en 2023.

El castigo económico infligido a Rusia no ha frenado el azote a Ucrania. Pero las sanciones han debilitado la posición de Rusia como potencia mundial, han disuadido a naciones ostensiblemente imparciales de alinearse con su gobierno y han sembrado dudas sobre el liderazgo de Putin entre las élites rusas. Para convencerles de que presionen para poner fin a la guerra será necesario que Estados Unidos y Europa aprieten aún más.

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Desde febrero, las sanciones han aumentado los costos de la guerra al reducir la capacidad de Moscú para comprar lo que necesita, al tiempo que hacen que el mercado sea peligroso para los extranjeros. China, India y Turquía importan crudo ruso, pero con un gran descuento, y Rusia ha tenido problemas para reorientar las exportaciones de gas que antes iban a Europa. Las importaciones rusas de la tecnología que necesita para mantener su maquinaria bélica -por no hablar de la innovación futura- llevan meses cortadas. Y eso sin contar que lo que puede comprar, cuando se trata de componentes electrónicos, es ahora a menudo defectuoso. Moscú se adaptará, pero no rápidamente.

Aun así, por ahora el impacto directo en la guerra sigue siendo limitado. Apretar al mayor exportador de hidrocarburos del mundo, uno con un fuerte superávit de cuenta corriente, requiere apuntar a esas exportaciones, un proceso que está empezando en serio sólo ahora. Además, los rusos ya habían sufrido una década sombría, en la que los ingresos reales disponibles de los hogares alcanzaron su punto máximo en torno a 2012. Así que, aunque se espera que la economía se contraiga este año un 3,9%, hay menos distancia para caer. También está el hecho ineludible de que Putin está más que dispuesto a sacrificar el futuro crecimiento económico por sus objetivos personales y puede silenciar fácilmente la disidencia.

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Las sanciones rara vez producen un cambio político rápido o un final instantáneo del conflicto. Con las fuerzas rusas en retirada, es fundamental que Occidente aumente la presión. Lo más evidente es que Estados Unidos y sus aliados deben seguir armando y apoyando financieramente a Ucrania. También deberían fomentar la creciente fuga de cerebros de Rusia. Al menos 350.000 personas ya han huido de la desacertada orden de movilización de Putin, lo que ha provocado el desplome de la confianza de los consumidores. Los gobiernos occidentales pueden acelerar el proceso ofreciendo más visados humanitarios, más apoyo a los estudiantes rusos e incentivos para que los científicos y los profesionales de la tecnología se trasladen al extranjero. No sólo se beneficiarían las economías occidentales, sino que se intensificaría la escasez de mano de obra y de personal cualificado en Rusia.

Europa debería seguir trabajando para cerrar las lagunas de las sanciones. Por citar un ejemplo, hay pruebas de que los militares rusos están importando electrodomésticos a los países vecinos y utilizando sus microchips para compensar la pérdida de acceso a los semiconductores occidentales. (Armenia ha importado más lavadoras de la Unión Europea durante los ocho primeros meses de 2022 que los dos últimos años juntos). También será necesaria una acción rigurosa para hacer cumplir las sanciones de la UE sobre el crudo y un tope de precios liderado por Estados Unidos sobre el petróleo ruso, que ampliaría la prohibición de vender seguros y otros servicios a los barcos que no cumplan.

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Por encima de todo, los gobiernos occidentales y sus socios deben mantenerse unidos. La economía rusa se está vaciando, y la guerra no va a favor de Moscú. Putin sigue pensando que los partidarios de Ucrania serán los primeros en quebrarse. Occidente debe demostrar que se equivoca.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.