Para quien albergara reservas, el vertiginoso descenso del rublo constituye una evidencia contundente de que las sanciones económicas suponen algo más que una simple molestia para el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y posiblemente constituyan aún un peligro mayor que el cabecilla mercenario Yevgeny Prigozhin, fugazmente rebelado, quien presuntamente pereció esta semana en un accidente de aviación. No obstante, también suscita un interrogante crucial para la seguridad mundial: ¿Qué se pretende conseguir con este castigo?
A medida que los líderes de Occidente continúan presionando, deben tener claro que su objetivo consiste en acabar con la guerra en Ucrania, y no en provocar una mayor desestabilización rusa.
De momento, el régimen ha logrado contrarrestar eficazmente estas sanciones, tanto que ciertos analistas occidentales se han preguntado si son eficaces. Ha apoyado la divisa forzando a los exportadores a canjear más dólares por rublos. Además, ha hallado maneras de hacer llegar su crudo y su gas a los mercados, con un fuerte incremento de las entregas realizadas a China y la India. Ha inyectado dinero en los bolsillos rusos impulsando los gastos sociales y de defensa, hasta el punto de que los economistas consultados por Bloomberg prevén un crecimiento de aproximadamente el 1% en 2023, ajustado a la inflación.
Ahora, no obstante, el rublo está padeciendo una crisis de confianza. Su banco central ha sido forzado a realizar un alza de tipos de emergencia para frenar su pronunciada caída, y el presidente ruso, Vladimir Putin, ha exigido más acciones esta semana para contener las salidas de capital y la inflación. Hasta el miércoles, la divisa rusa cotizaba a 0,011 dólares, lo que representa una caída del 36% respecto al 2022.

Esa debilidad demuestra los límites de las contramedidas económicas de Putin. Los dólares siguen saliendo mientras los rusos envían su dinero al exterior y los fabricantes importan componentes que no pueden fabricar ellos mismos. Medidas comerciales como el tope de US$60 por barril de Occidente para el petróleo ruso están reduciendo los ingresos: Alex Isakov de Bloomberg Economics estima que el tope redujo los ingresos por exportaciones en unos US$25.000 millones en el primer semestre de 2023. En parte, como resultado, el gobierno está incurriendo en uno de los mayores déficits presupuestarios de la época de Putin en el cargo.
Es cierto que Putin tiene los recursos para resistir mucho más tiempo. Los rusos se han acostumbrado en gran medida a las fluctuaciones monetarias, y todavía puede recurrir al fondo soberano de riqueza del país de US$146.000 millones. Sin embargo, eventualmente tendrá que enfrentar una elección desagradable: recortar el gasto o avivar una inflación excesiva imprimiendo dinero. Cualquiera de las dos opciones aumentará las posibilidades de que se produzcan disturbios y de que el próximo Prigozhin obtenga suficiente apoyo popular para derrocarlo.
Por tanto, el propio Putin desempeñará un papel clave a la hora de determinar el resultado de las sanciones. ¿Seguirá redoblando su movilización hasta que las consecuencias económicas conduzcan a algún tipo de revuelta y potencialmente pongan a alguien aún más peligroso a cargo del arsenal nuclear de Rusia? ¿O elegirá un camino menos disruptivo, buscando un acuerdo de paz que pueda permitir a Rusia regresar a una economía más normal?
Por supuesto, los líderes occidentales prefieren la última opción. Con ese fin, incluso mientras mantienen la solidaridad, endurecen las sanciones y cierran las lagunas jurídicas, deben seguir buscando oportunidades para ofrecer a Putin una salida al desastroso rumbo que ha trazado. Simplemente, poner a Rusia de rodillas no terminará bien para nadie.
Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.
Lea más en Bloomberg.com



