Opinión - Bloomberg

El milagro económico alemán ahora es la dolencia de Europa

Banderas de Alemania y la UE
Por Editores de Bloomberg Opinion
21 de septiembre, 2023 | 08:39 AM
Tiempo de lectura: 2 minutos

Bloomberg Opinión — Durante décadas, Alemania alcanzó un gran éxito económico con una estrategia poco común entre las naciones desarrolladas: Se convirtió en uno de los principales proveedores mundiales de productos manufacturados, como automóviles y máquinas herramienta, basándose en una combinación de energía barata importada y frugalidad extrema para mantener unos precios competitivos.

Esa estrategia ya no funciona. Por su propio bien -y el de la economía europea en general-, Alemania necesita encontrar una nueva.

Por impresionante que fuera, el modelo alemán basado en las exportaciones nunca fue ideal. Conservó puestos de trabajo en el sector manufacturero que estaban desapareciendo en otros lugares, pero también generó enormes superávits comerciales que obligaron a otros países de la zona del euro a incurrir en déficits y acumular deuda, desequilibrios que contribuyeron a la casi salida de Grecia del euro en 2015 y que siguen siendo una amenaza para la moneda común. Más allá de eso, era intrínsecamente precario, ya que dependía del suministro de gas natural de Rusia, de la amplia demanda de lugares como China y de las duras restricciones sobre los salarios, el crédito y el gasto público alemanes.

Ahora el sistema se tambalea gravemente. El aumento de los precios del gas debido a la invasión rusa de Ucrania ha supuesto un golpe duradero: En julio, la producción del sector industrial alemán, que hace un uso intensivo de la energía, había descendido un 18% desde diciembre de 2021. China ha pasado de proveedor y consumidor a competidor: va camino de eclipsar a Alemania este año como segundo exportador mundial de automóviles, después de Japón. Los empresarios tienen dificultades para contratar trabajadores cualificados con los salarios vigentes. Décadas de falta de inversión han dejado las infraestructuras físicas y digitales atrasadas en decenas de miles de millones de euros, lo que ha mermado la productividad. Como resultado, el país se ha convertido en un lastre para toda la economía europea, con una de las tasas de crecimiento previstas más bajas de la región.

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El modelo impulsado por las exportaciones se está quebrando

Alemania ya ha afrontado estos retos en el pasado, y puede hacerlo de nuevo. Con una de las cargas de la deuda más bajas de Europa, tiene los medios. Con muchas empresas innovadoras -como el Mittelstand, el famoso nicho de fabricantes del país- y experiencia en áreas como la tecnología verde, tiene la capacidad. Lo que necesita es crear condiciones favorables para que surjan nuevas industrias.

Los elementos clave no son ningún misterio. Reformar el excesivamente austero freno a la deuda del país, para dar paso a inversiones muy necesarias en todo tipo de sectores, desde el ferrocarril a la banda ancha. Fomentar la inmigración y ampliar las guarderías públicas para aumentar la oferta de mano de obra cualificada. Ajustar las prácticas de negociación colectiva para permitir que crezcan tanto los salarios reales como la demanda interna. Proseguir la integración de los mercados de capitales europeos y dejar que las aseguradoras y los fondos de pensiones inviertan más en capital riesgo para facilitar la financiación. Eliminar las barreras burocráticas, como la excesiva regulación de los servicios profesionales.

El Gobierno ha dado pequeños pasos en la dirección correcta. Hasta ahora ha rechazado las subvenciones a la energía industrial que no mejorarían la competitividad a largo plazo. También ha ampliado la desgravación fiscal de las inversiones de capital y ha propuesto flexibilizar los requisitos de ciudadanía para los inmigrantes. Pero nada de esto se acerca a lo que se necesita. Si Alemania quiere evitar convertirse de nuevo en el “enfermo de Europa”, sus dirigentes deben ser más ambiciosos, y pronto.

Editores: Mark Whitehouse, Timothy Lavin