Buenos Aires — El riesgo país argentino continúa mostrando resistencia a perforar los 500 puntos. Tras perforar fugazmente ese piso en el inicio de 2026, el índice que mide JPMorgan se estabilizó en la zona de 550 unidades, lo que llevó a analistas a advertir que, de persistir en estos valores y demorar un nuevo ciclo descendente, podría presionar sobre el tipo de cambio, lo cual a su vez complicaría la desaceleración de la inflación.
“El mercado sigue priceando un ‘riesgo kuka’ de casi 300 puntos”, sostuvo recientemente el ministro de Economía, Luis Caputo, al referirse al índice que mide el sobrecosto en la tasa de interés que debe pagar un país para endeudarse.
En ese sentido, remarcó: “Si me dicen que hay ‘riesgo kuka’, para mí es cero, el kirchnerismo va a pasar a ser una fuerza política irrelevante”.
En febrero, los países de Latinoamérica mostraron, en promedio, una suba de su Indicador de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI, por sus siglas en inglés), más conocido como riesgo país, ya que la media regional pasó de 287 a 300 durante el segundo mes del año (el promedio de emergentes, en general, es de 236).
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Sin embargo, Argentina se encontró entre los países con mayor rendimiento, dado que pasó de 492 a 576 unidades, lo cual lo posicionó como la segunda con mayores rendimientos de la región, detrás de Venezuela, que cerró febrero con el EMBI en 8.116, una mejora respecto de los 9.006 puntos al cierre de enero.
El indicador es seguido de cerca por el mercado. Durante el Gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) llegó a estar por encima de los 4.000 puntos básicos. Por su parte, el presidente Javier Milei asumió con 1.940 puntos básicos.
El riesgo país y el dólar
Un informe de Fundación Mediterránea consideró: “Con un gasto público estable en términos del PIB, sólo una baja sostenida del riesgo país podría alimentar entrada de capitales más genuina que la del año pasado, suficiente para ‘bancar’ el rojo externo (déficit de cuenta corriente), sin necesidad de cambiar demasiado los precios relativos (tipo de cambio real)“.
En ese escenario, el reporte evaluó que “hay dos cuestiones superpuestas". Por un lado, mencionan la dificultad para armonizar los objetivos del ‘trilema’ entre acumular reservas, bajar la inflación y recuperar actividad al mismo tiempo, al que señalan como “el gran desafío del programa”, y por el otro, “la necesidad de acelerar el proceso de reconversión en aras de mayor productividad por sectores y regiones, el insumo más genuino del crecimiento”.
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De esa manera, el análisis consideró que si el indicador “demora en bajar y la confianza comienza a erosionarse, la variable de ajuste pasaría a ser el nivel del tipo de cambio, siendo que las devaluaciones, aunque no sean dramáticas, pueden hacer subir un escalón la tasa de inflación con el consiguiente efecto negativo sobre la dinámica del consumo”.
“La cuenta corriente del balance de pagos, en esencia, es el espejo externo de variables dominantes que tienen que ver con equilibrios (o desequilibrios) internos vinculados a la diferencia entre el ahorro y la inversión. Cuando hay desequilibrios que la entrada de capitales no alcanza a financiar, éstos se corrigen o bien por cambios de política, o bien por el ´mercado´“, subrayó.
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