Bloomberg Línea — En el inicio de 2026, la trayectoria del dólar estadounidense se ha convertido en uno de los temas centrales para los mercados financieros. Mientras los datos macroeconómicos muestran señales mixtas, la divisa se mueve en una zona ambigua, entre la percepción de una pérdida de fuerza estructural y la reafirmación de sus fundamentos resilientes.
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La aparente contradicción entre el debilitamiento del índice DXY y la fortaleza de activos estadounidenses como el S&P 500 refleja una complejidad creciente en el análisis del dólar. Los argumentos se polarizan. Por un lado, hay una visión que sostiene que la excepcionalidad de Estados Unidos sigue vigente. Por otro, aumentan las señales que sugieren una erosión progresiva de la demanda global por dólares como activo refugio y de reserva.
“La debilidad del dólar está de moda estos días, pero creemos que parte de la narrativa está exagerada”, señalaron Claudio Irigoyen y Antonio Gabriel, analistas de BofA Global Research. Para UBS, en cambio, es probable que la debilidad del billete verde persista en el tiempo.
Excepcionalismo como ancla
Para BofA, el contexto actual no ha desactivado los fundamentos estructurales que sostienen la fortaleza relativa del dólar. La institución argumenta que la economía estadounidense sigue ofreciendo oportunidades superiores de inversión ajustadas por riesgo frente a otras economías desarrolladas.
“Es la diferencia de crecimiento y productividad a favor de Estados Unidos frente a otras economías avanzadas, y las mejores oportunidades de inversión ajustadas por riesgo, lo que ha impulsado la fortaleza del dólar en los últimos años”, indicaron Irigoyen y Gabriel.
En ese marco, el déficit fiscal sostenido y el desequilibrio externo estadounidense no han sido obstáculos. Por el contrario, han coexistido con un dólar históricamente fuerte gracias al atractivo del mercado de capitales norteamericano.
Estados Unidos, según BofA, mantiene el llamado “privilegio exorbitante”. La expresión se refiere a la capacidad única de ese país para financiar déficits estructurales sin presionar su moneda de forma crítica.
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“A pesar de toda la incertidumbre y los cambios de política en el último año, la dinámica fundamental de resiliencia de Estados Unidos no muestra señales de quiebre”, afirmaron los analistas.
La entidad reconoce que el dólar ha perdido parte de su función de cobertura, en particular como refugio ante riesgos políticos domésticos. Sin embargo, pone límites al posible deterioro real de la divisa. “A pesar de la depreciación reciente del dólar y del movimiento adicional que podríamos esperar, sigue siendo en términos reales aproximadamente igual de fuerte que hace tres años”, remarcaron Irigoyen y Gabriel.
El riesgo de una depreciación abrupta es considerado recesivo para el resto del mundo. BofA advierte que “una gran depreciación real del dólar frente a otras monedas sería un shock recesivo para la economía global ex-Estados Unidos”. Ese posible efecto dominó actuaría como freno sistémico.

En cuanto al escenario fiscal, la preocupación por la llamada “dominancia fiscal” y sus efectos sobre la credibilidad monetaria no es privativa del dólar. Por eso, desde BofA sugieren mirar otros activos si el temor es la pérdida de valor monetario más que el tipo de cambio.
“Si esta es una historia fiscal, deberíamos preguntarnos sobre la degradación, la dominancia fiscal, y si el rally de los activos reales como el oro todavía tiene margen para continuar”, concluyeron.
Las señales de presión estructural
Frente a esta narrativa de solidez estructural, UBS e ING plantean un escenario donde el dólar enfrenta presiones persistentes vinculadas a un cambio en las expectativas globales, tanto de crecimiento como de política monetaria.
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Desde UBS advierten que “el dólar estadounidense ha vuelto a estar bajo presión recientemente, con el índice DXY cayendo un 1% en lo que va de la semana y devolviendo todas sus ganancias de la semana pasada”.
El debilitamiento de las ventas minoristas en diciembre, la advertencia de reguladores chinos para reducir la tenencia de bonos del Tesoro y la expectativa de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal son elementos que refuerzan esta tendencia.
“Creemos que la debilidad del dólar estadounidense tiene cierto margen para continuar a medida que la Reserva Federal aplica más medidas de flexibilización este año”, señalaron los estrategas de UBS.

Según su análisis, la Fed mantendría las tasas estables hasta junio, pero aplicaría dos recortes de 25 puntos básicos cada uno antes de septiembre. Eso eliminaría parte de la ventaja de tasa del dólar frente a otras divisas. “El debilitamiento adicional del dólar debería continuar erosionando la ventaja de tasas del dólar frente a otras monedas”, precisaron desde UBS.
El informe también apunta a factores geopolíticos y estratégicos. “Los esfuerzos de los inversores globales por diversificarse pueden añadir más obstáculos”, destacaron. En particular, señalan que la reducción de exposición de China a bonos del Tesoro estadounidense es una tendencia sostenida que puede debilitar el atractivo global del dólar como reserva.
ING coincide con esta visión. Para la entidad, “el apetito por el dólar está disminuyendo”. Aunque reconocen que los fundamentos no han cambiado significativamente, la pérdida de interés por mantener carteras centradas en dólares es visible.
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“Las fuertes demandas por monedas procíclicas, incluida el euro, son un factor que aleja el dinero de Estados Unidos”, indicaron los estrategas de ING.
Además, la incertidumbre sobre la política monetaria futura de la Fed y el entorno de inversión hacia las elecciones de medio término de este año introduce una prima de riesgo específica sobre la divisa. “El mensaje desde el mercado de opciones es claro, las opciones de venta sobre el dólar están en demanda”, explicaron los analistas de ING.
Si bien persiste una lectura estructural que sostiene la resiliencia del dólar apoyada en fundamentos económicos diferenciales, también gana espacio una visión que identifica vulnerabilidades en el contexto global y en la política monetaria futura. La convivencia de ambas perspectivas refleja la complejidad del actual régimen cambiario.













