Bloomberg Línea — La tregua temporal entre Estados Unidos e Irán ha introducido un respiro en los mercados energéticos globales tras semanas de tensión en torno al estrecho de Ormuz. El petróleo reaccionó de inmediato: el Brent llegó a caer más de un 13% tras el anuncio del alto al fuego, reflejando una menor percepción de riesgo sobre el suministro global.
Sin embargo, ese ajuste no se ha trasladado con la misma rapidez a los surtidores.
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En España, el precio medio de la gasolina sin plomo 95 se sitúa en torno a 1,57 euros por litro, apenas unos céntimos por debajo o incluso ligeramente por encima de los niveles registrados en los días previos a la tregua, cuando rondaba cifras similares tras semanas de fuerte volatilidad.
De hecho, en la última semana los movimientos han sido mínimos, incluso al alza en algunos momentos, lo que implica variaciones inferiores al 1% pese al fuerte descenso del crudo. En perspectiva, el ajuste es marginal frente al desplome de doble dígito registrado en el petróleo.
“La reciente corrección a la baja observada en las últimas 48 horas supone sin duda un alivio para los mercados. Sin embargo, esta oscilación corre el riesgo de estancarse si las expectativas actuales no se consolidan con hechos”, explica Roberto Gómez-Calvet, profesor de Empresa en la Universidad Europea de Valencia y experto en políticas energéticas, consultado por Bloomberg Línea.
A fecha del 9 de abril, el tráfico en el estrecho de Ormuz continúa severamente restringido, operando apenas al 10% de su capacidad habitual, y gran parte de ese flujo ni siquiera corresponde a crudo. Este factor limita cualquier normalización inmediata del mercado.
El desajuste entre el petróleo y la gasolina responde, en parte, a la propia estructura del mercado. Aunque el barril ha caído con fuerza, los productos refinados lo han hecho mucho menos: en Europa, las cotizaciones mayoristas de gasolina apenas han retrocedido en torno a un 7%, frente a caídas superiores al 13% del crudo.
“La esperada rebaja en los precios minoristas de los combustibles está lejos de confirmarse. El consumidor final solo percibirá un descenso cuando existan hechos corroborados y una calma sostenida en los mercados”, señala Gómez-Calvet.
A esto se suma un factor temporal: el traslado de precios tarda entre una y dos semanas en reflejarse en las estaciones de servicio, debido a contratos de suministro, costes logísticos y cobertura financiera de las compañías.
En paralelo, el nivel de reservas estratégicas introduce otra capa de fricción. Con inventarios reducidos tras semanas de tensión, muchos países priorizan recomponer existencias antes que trasladar rebajas al consumidor, lo que ralentiza el ajuste.
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El impacto también es desigual por regiones. Los países productores o con mayor capacidad de refino reaccionan antes. En Europa, España, Alemania o Italia podrían beneficiarse relativamente rápido gracias a su infraestructura, mientras que los países nórdicos con producción propia tienden a reflejar antes las caídas.
Con todo, el principal condicionante sigue siendo geopolítico. Si la tregua se consolida y se restablece plenamente el tránsito por el estrecho de Ormuz, los precios podrían comenzar a ajustarse de forma más visible en los próximos días o semanas. Pero si el conflicto se reactiva, el mercado podría revertir rápidamente la tendencia.
En ese escenario, la gasolina volvería a subir con mayor rapidez de la que ahora tarda en bajar.













