La IA puede ser una pesadilla que devora energía, genera desorden y pone en peligro la seguridad. No obstante, también puede ser una herramienta poderosa para hacer el bien, en las manos correctas.
Por un lado, tiene el potencial de revolucionar lo que sabemos sobre los riesgos climáticos de las empresas y su impacto en el medio ambiente. Esta es una información cada vez más rara y valiosa en un contexto en el que los responsables políticos están dando la espalda a la divulgación obligatoria de los datos.
La “obligatoriedad de informar sobre la sostenibilidad” fue durante un tiempo uno de los conceptos más de moda en la política climática. La idea se basaba en que a los inversionistas les interesaba la contribución de las compañías al cambio climático y otros problemas medioambientales, al igual que los riesgos que estos conllevaban, además de sus rendimientos financieros.
Esos datos no se podían conseguir fácilmente, lo que dificultaba saber cuáles eran los refugios seguros y los líderes ecológicos.
Por eso, varias empresas comenzaron a tranquilizar a sus inversionistas publicando los llamados informes de sostenibilidad, que, en su mayoría, carecían de normas y regulaciones, y a menudo se transformaban en herramientas de "greenwashing" (lavado verde, hacer ver algo más amigables al ambiente de lo que son).
En 2022, la UE se transformó en una de las primeras economías en adoptar un requisito de información sobre sostenibilidad para las compañías con operaciones en el bloque.
El año siguiente expandió sus esfuerzos, agregando estándares específicos para la presentación de informes sobre temas medioambientales, conocidos como Estándares Europeos de Información sobre Sostenibilidad o ESRS (por sus siglas en inglés).
Actualmente, el ESRS se ha recortado drásticamente como parte de la campaña de simplificación de la Unión Europea. El número de datos obligatorios se ha rebajado en un 61% y se ha ampliado el uso de estimaciones.
Hoy, únicamente las empresas con más de 1.000 trabajadores y una facturación neta anual de €450 millones (US$525 millones) quedan sujetas a la directiva, un giro que reduce el número de organizaciones obligadas a presentar informes en cerca de un 80%.
En los EE.UU., la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) trató de aprobar una norma para exigir a las empresas públicas que informaran sobre los riesgos climáticos importantes en 2024.
La reacción fue inmediata y la SEC fue inmediatamente demandada por fiscales generales republicanos, empresas privadas y grupos ecologistas. Más de un año después, la norma todavía se encuentra en un limbo legal.
Como era de esperar, la cantidad de divulgaciones voluntarias también ha disminuido. Durante la primera mitad de 2025, 432 compañías del índice Russell 3000 presentaron un informe de sostenibilidad, comparado con más de 800 durante el mismo período en 2024.
En un estudio reciente dirigido por académicos de la Harvard Business School y publicado en Nature, se descubrió que numerosas empresas del S&P 500 habían infravalorado sus emisiones; entre 2010 y 2020 se infravaloraron más de 135 millones de toneladas de emisiones directas.

Varios en el sector financiero, incluido el Banco Central Europeo (BCE), temen que la eliminación de estos informes obligatorios socave la transparencia en los mercados.
Aquí es donde podrían entrar en juego nuevos esfuerzos, incluidos emprendimientos como Forward Analytics.
La firma de análisis ha creado perfiles de más de 100.000 empresas públicas y privadas de 13 sectores mediante IA para recopilar datos sobre emisiones, activos físicos, propiedad y planes de inversión.
Esto, según me explicó su fundador y CEO, Moritz Baer, permite a las instituciones financieras evaluar los planes de transición climática utilizando evidencia empírica en lugar de narrativas empresariales.
Tomemos como ejemplo a ArcelorMittal SA, una multinacional siderúrgica cuyo objetivo es reducir sus emisiones globales en un 25% para 2030, en comparación con los niveles de 2018.
Forward Analytics descubrió que la cartera de inversiones actual de la compañía ha logrado hasta la fecha aproximadamente la mitad de la reducción necesaria para alcanzar su objetivo. (ArcelorMittal afirmó que los hallazgos no eran sorprendentes, señalando que, en su informe de sostenibilidad del año pasado, indicó que era improbable que cumpliera su objetivo de reducción de carbono para 2030).
Por el contrario, la startup informa que los planes de gasto de capital de la empresa energética Engie SA la sitúan en un 97,5% del camino hacia su propio objetivo de reducción de emisiones para 2030, gracias a la expansión de las energías renovables y al retiro de activos que queman combustibles fósiles.

Forward Analytics también puede modelar cómo las compañías podrían verse afectadas financieramente por diferentes escenarios climáticos posibles, determinando, por ejemplo, cuánto podría perder o ganar una empresa con una transición más rápida a la energía limpia y cómo se compara con sus pares.
La startup utiliza datos de emisiones de Climate TRACE, una coalición sin fines de lucro que ha creado un inventario global de gases de efecto invernadero de casi 745 millones de activos emisores, desde centrales eléctricas hasta arrozales.
El resultado es un globo terráqueo interactivo gratuito donde se pueden explorar las emisiones, observar cómo se desplazan las columnas de contaminación en su área local y analizar el impacto de diferentes estrategias de reducción de emisiones.
Climate TRACE desarrolló estas herramientas con algoritmos de aprendizaje automático entrenados para detectar diferentes fuentes de emisiones, como el ganado y los vertederos, en imágenes satelitales.
Además usa modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM, por sus siglas en inglés) para extraer información complementaria, por ejemplo, quién es el propietario de esos animales o vertederos, de bases de datos públicos e informes anuales.
La capacidad de detectar fuentes de emisiones desde el espacio proporcionó de inmediato información valiosa y no reportada previamente, afirma Lekha Sridhar, directora de investigación y proyectos especiales de WattTime, organización cofundadora de Climate TRACE.
Por ejemplo, los investigadores se sorprendieron al encontrar granjas ganaderas más grandes de lo previsto en lugares como India y Pakistán. Hasta en EE.UU., el programa de informes de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) no exige que las haciendas reporten emisiones, lo que nos deja con un importante punto ciego, hasta ahora.
Forward Analytics y Climate TRACE no son las únicas empresas que experimentan con inteligencia artificial y datos climáticos.
RiskThinking.ai, por ejemplo, se centra en los riesgos físicos de nuestro planeta, cada vez más cálido. La startup, en la que Bloomberg LP, empresa matriz de Bloomberg Opinion, invierte, usa IA para mapear los activos de empresas que cotizan en bolsa y analizar su vulnerabi-lidad a diferentes riesgos climáticos, como incendios forestales, huracanes e inundaciones.
Dado el potencial de la tecnología y el creciente impacto del cambio climático, preveo que más empresas se unirán a este sector.
Por supuesto, la principal preocupación en el uso de la IA es la precisión: los LLM, en particular, han sido propensos a alucinaciones e imprecisiones. Todas las organizaciones con las que hablé eran conscientes de esto y contaban con procedimientos para reducir el riesgo, incluida la validación humana de los datos. Es un problema que las empresas deberán seguir vigilando.
La inteligencia artificial dista mucho de ser una tecnología perfecta, pero ha permitido a estas organizaciones recopilar una gran cantidad de información dispar, estandarizarla y proporcionar análisis que de otro modo serían imposibles.
Como resultado, incluso cuando las políticas fracasan, la transición hacia la transparencia climática continúa. Las empresas deben ser conscientes de que ya no pueden ocultar tan fácilmente su bajo rendimiento ambiental. Podemos verlo desde fuera.
Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.
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