Emmanuel Macron, Presidente de Francia, habla con reporteros, en Bruselas, Bélgica, un jueves, 24 de junio, 2021.
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Bloomberg Opinión — La lista de candidatos que esperan a enfrentarse a Emmanuel Macron por la presidencia de Francia en abril es cada vez más larga. Alrededor de 30 personas han presentado sus candidaturas, entre ellas la alcaldesa socialista de París, Anne Hidalgo, la líder de extrema derecha Marine Le Pen y el exnegociador del Brexit Michel Barnier.

Se han visto cifras similares en elecciones anteriores, y, con el tiempo, las filas se reducirán. Pero con tantos disidentes autoproclamados y outsiders que toman prestado el disruptivo libro de jugadas antisistema de Macron, el efecto general de tener tantos contendientes puede acabar ayudándole a mantenerse en el poder.

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Pueden pasar muchas cosas de aquí a abril, pero el abarrotado campo de candidatos anti-Macron se está comiendo a sí mismo más que a su objetivo. Se prevé que ninguno de los aspirantes derrote al presidente en la primera ronda de votaciones o en la segunda vuelta. (Mientras tanto, Macron aún no ha anunciado oficialmente su candidatura).

Primera ronda de encuestas para las elecciones de 2022.dfd

En la era de Macron, la política gira alrededor de la personalidad y sigue enterrando las ideologías y las líneas de partido del establishment.

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Le Pen siempre ha sido la principal amenaza para Macron, y está tratando de volverse más potable para el votante francés promedio, desechando políticas impopulares como abandonar del euro, pasando por alto sus opiniones polémicas del pasado y tratando de expurgar su partido. Y, sin embargo, todos los ojos están puestos en Eric Zemmour, un comentarista de extrema derecha sin maquinaria de partido, cuya candidatura potencial reduciría el apoyo de Le Pen por debajo del 20%, según una encuesta de Harris publicada el martes. En cualquier caso, Macron ganaría la primera y la segunda vuelta.

En la izquierda, Anne Hidalgo ha sido señalada durante meses como un puente entre la justicia social y la política eco-consciente después del Covid-19. Sin embargo, las encuestas la sitúan por debajo del 10% y existe un escepticismo generalizado sobre la posibilidad de que consiga que sus rivales, desde el incendiario Jean-Luc Melenchon hasta el posible candidato del Partido Verde, la apoyen. La versión de la izquierda de Zemmour también está flotando en el aire: Arnaud Montebourg, un exministro que mezcla la economía intervencionista con un enfoque más restrictivo en materia de inmigración, ya ha lanzado su movimiento político al estilo de Macron.

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En un panorama político tan fragmentado, en el que los votantes franceses se inclinan cada vez más por los conservadores en cuestiones como la inmigración y la seguridad, mientras que apoyan el enfoque de Macron de hacer “lo que sea necesario” para la gestión de la pandemia, el centro-derecha es visto como un campo de batalla electoral vital. Pero incluso aquí hay disputas: Xavier Bertrand, el candidato más convincente, se niega a participar en unas primarias que eliminarían a sus rivales.

La confusión se ve agravada por los candidatos felices de huir del centro para intentar animar la base de sus partidos. Por ejemplo, la retórica agresiva de Michel Barnier sobre la inmigración, que se ve con ojos sorprendidos en Bruselas, donde se enfrentó a los partidarios del Brexit del Reino Unido.

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Todo esto es sin duda música para los oídos de Macron. Su propio partido, una creación que mezcló neófitos políticos y políticos experimentados en una mezcla de populismo y tecnocracia, no ha logrado ampliar su atractivo más allá de su estrecha base pro-europea de cuello blanco. Y aunque se le considera un líder convincente y un buen gestor de la pandemia, la mayoría de la opinión pública francesa está descontenta con su desempeño en general.

Aún así, Macron es más popular que sus predecesores en esta etapa de su presidencia, y una perspectiva económica positiva combinada con una oposición fragmentada sería una ventaja para él el día de las elecciones.

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Eso suponiendo que el mercado de ideas políticas permanezca al descubierto. Las propuestas más llamativas aún no han conseguido avanzar: la petición de Hidalgo de duplicar los salarios de los profesores y la propuesta de Le Pen de renacionalizar las carreteras tienen un costoc aproximado de 40.000 millones de euros (US$47.300 millones). Christopher Dembik, director de Saxo Bank, dice que parecen poco realistas.

Sin embargo, existen amenazas a la reelección de Macron más allá de la lista de candidatos.

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En primer lugar, si el desencanto con la política partidaria se convierte en apatía y perjudica la participación, podría verse en problemas. En términos demográficos, sólo tiene una ventaja convincente sobre Le Pen entre los menores de 25 años y los mayores de 60, según las encuestas. En segundo lugar, el contexto económico y pandémico más amplio podría deteriorarse repentinamente y hacerlo parecer menos convincente como líder: un aumento de los precios de la energía y los casos de Covid-19 podrían hacer que un rival externo parezca más atractivo.

Finalmente, la propia personalidad de Macron es un riesgo. Su estilo de gobierno, que incluyó el intento de impulsar aumentos en los impuestos a los combustibles y las reformas a las pensiones, contribuyó a movimientos de protesta como los Gilets Jaunes (chalecos amarillos en francés) en 2018. Su agenda de reformas económicas solo ha tenido un éxito parcial, según el think tank iFRAP, y tratar de impulsar más cambios en esta etapa es arriesgado.

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No es de extrañar que Macron parezca estar dejando hasta el último minuto para lanzar oficialmente su candidatura. Su silencio lo dice todo, incluso cuando el enjambre de rivales se hace más fuerte.