Consumidores en Berlín
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Bloomberg Opinión — Los alemanes son conocidos por su angustia en general, y su angustia por la inflación en particular. Después de todo, la hiperinflación durante la República de Weimar condujo al ascenso de Adolf Hitler y los nazis, ¿verdad?

Ese recuerdo colectivo se ha citado en innumerables ocasiones, tanto dentro como fuera de Alemania, como explicación psicológica de la cultura monetaria “hawkish” del país, y de los continuados ataques de los conservadores alemanes contra el Banco Central Europeo por su política de dinero fácil. Ahora la inflación vuelve a subir, hasta cerca del 3% este año en el país, muy por encima de la tasa de la zona euro y del objetivo del 2% del BCE. Los alemanes aún no están histéricos, pero es de esperar que vuelva a oír hablar del espectro de Weimar dentro de poco.

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En este marco entran en escena Lukas Haffert, Nils Redeker y Tobias Rommel, investigadores de la Universidad de Zúrich, la Escuela de Gobierno Hertie de Berlín y la Universidad Técnica de Múnich, respectivamente. Ellos han publicado un estudio que demuestra que la narrativa alemana que vincula la hiperinflación con el ascenso del Tercer Reich es sencillamente falsa.

Hubo hiperinflación durante la era de Weimar, y sí contribuyó a una sensación general de caos que socavó la incipiente república. Pero alcanzó su punto álgido en 1923, el año en que Hitler fracasó en su intento de llevar a cabo un golpe de estado y fue encarcelado, una década entera antes de tomar el poder. Por el contrario, el acontecimiento monetario y económico que contribuyó directamente a la toma del poder por parte de los nazis fue la crisis de principios de la década de 1930, y en particular la deflación, o caída general de los precios, que provocó un nivel de desempleo masivo (véanse los gráficos).

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Inflación, deflación y desempleo en la República de Weimardfd

Sin embargo, no es así como los alemanes “recuerdan” la historia. Haffert, Redeker y Rommel realizaron encuestas en las que pidieron a los participantes que estimaran la inflación en 1923 y 1932. La mayoría pensaba que los precios también se dispararon en 1932. Casi nadie sabía que los precios bajaron ese año. La mayor sorpresa fue que cuanto más educados eran los encuestados, más probable era que se equivocaran.

Los autores concluyen que los alemanes de hoy “conciben la historia económica de Weimar como una gran crisis”. Y en esta narrativa moderna, el episodio de inflación anterior de alguna manera ha dejado de lado el trauma posterior y más relevante de la deflación. ¿Por qué?

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La respuesta parece ser que la versión popular actual se originó mucho después de los hechos, en la tumultuosa política de posguerra de Alemania Occidental. En los años 50, los aliados occidentales que vigilaban el país, políticos como el canciller Konrad Adenauer, banqueros y sindicalistas discutían apasionadamente sobre cómo debía ser el nuevo banco central.

Adenauer y muchos otros se adhirieron a la sabiduría convencional y querían que el banco se guiara por la política. Pero los banqueros querían ser totalmente autónomos. Como ha documentado Simon Mee, economista del BCE, no paraban de reinterpretar los traumas de Weimar para adaptarlos a sus propios fines, pasando convenientemente por alto el hecho de que el banco central era entonces también independiente, tanto durante la inflación como durante la deflación.

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En 1957 los banqueros ganaron y nació el Bundesbank. Totalmente independiente y con una mentalidad “hawkish”, no tardó en despertar la admiración de toda Europa y la reverencia de los ciudadanos. “No todos los alemanes creen en Dios”, bromeó una vez un estadista francés, “pero todos creen en el Bundesbank”.

Hay al menos dos razones por las que los alemanes y los no alemanes deberían preocuparse por esta historia. La primera es que la verdad siempre es mejor que un mito. La segunda es que, en este caso, el mito ha sido durante muchos años una herramienta de poder político esgrimida por los conservadores alemanes contra el BCE, que está a un corto trayecto en taxi del Bundesbank a partir del cual fue modelado.

No se trata de despreciar la amenaza de la inflación. Las subidas de precios desbocadas son venenosas para una economía, como bien saben todos los bancos centrales modernos. El matiz, sin embargo, es que el peligro de la deflación es igual de grande o incluso mayor, y merece la pena combatirlo con la misma intensidad. Si los banqueros centrales -independientes- de la República de Weimar lo hubieran entendido, la historia habría sido muy diferente.