Emmanuel Macron y Vladimir Putin
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Bloomberg Opinión — Según todas las apariencias, el enfrentamiento que gira alrededor de Ucrania sigue siendo peligroso. Aunque Rusia continúa negando que planee un ataque, su presidente, Vladimir Putin, ha concentrado tropas, hardware, arsenales de armas y unidades médicas en su frontera con Ucrania, y continúa aumentando su número. Estados Unidos está enviando 2.700 soldados para reforzar el flanco este de la OTAN y tiene al menos 8.500 más listos para su despliegue. Habiendo minimizado previamente la posibilidad de un ataque ruso inminente, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskiy, advirtió más recientemente que la crisis podría conducir a una guerra europea.

Aun así, hay destellos de una posible salida. Enfrentado a una respuesta occidental sorprendentemente fuerte y unida en sus acciones, Putin ha manifestado cierta disposición a entablar conversaciones sobre las preocupaciones de seguridad de Rusia en Europa. Sin ceder ante las demandas más extremas de Putin, el presidente de EE.UU., Joe Biden, y los líderes europeos deberían aprovechar la oportunidad para encontrar un terreno común con él. Hacerlo tiene el potencial de evitar un conflicto calamitoso y también promover los intereses de seguridad de Occidente.

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Las propuestas realizadas por EE.UU. y la OTAN en las últimas semanas ofrecen un punto de partida. Entre otras cosas, tienen como objetivo mejorar la comunicación entre las dos partes al reanudar las sesiones informativas mutuas sobre ejercicios militares y políticas nucleares. La propuesta de la OTAN revitalizaría el Consejo OTAN-Rusia, que se ha reunido solo esporádicamente desde la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014, y restablecería las oficinas de representación.

Occidente debería impulsar acuerdos tangibles en áreas clave de disputa. Estos deberían incluir medidas para evitar conflictos entre barcos en el mar Negro y lograr una mayor transparencia en los ejercicios militares, que Rusia ha eludido en el pasado. EE.UU. puede calmar las preocupaciones rusas al permitir que Moscú inspeccione los sitios de defensa antimisiles en Rumania y Polonia que, según el Kremlin, son una fachada para misiles ofensivos con armas nucleares, siempre que Putin acepte ofrecer acceso a las bases de misiles en Rusia, incluidas aquellas en la región de Kaliningrado, que limita con Polonia. La oferta de Biden de discutir tal arreglo es un comienzo prometedor. Si las conversaciones avanzan, EE.UU. debe asegurarse de que los Gobiernos de Rumania y de Polonia estén involucrados y que existan protocolos para evitar que los inspectores rusos obtengan información clasificada.

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Como condición para un diálogo más amplio, EE.UU. y Europa deberían presionar a Rusia para que cumpla con sus obligaciones como miembro de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y acepte actualizar su acuerdo con la entidad sobre medidas de fomento de la confianza, como intercambios de información militar y notificaciones de ejercicios a gran escala. Ambas partes también tienen interés en reanudar el diálogo sobre armas nucleares, en particular sobre la preservación del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio entre EE.UU. y Rusia de 1987, del cual EE.UU. se retiró en 2019. Aunque EE.UU. tenía motivos para acusar a Rusia de violar el tratado, abandonar el pacto sin un reemplazo ha hecho poco para mejorar la seguridad de EE.UU. y ha causado que los aliados de la OTAN sean más vulnerables a la intimidación rusa. La Administración Biden debería utilizar el borrador de tratado propuesto por Rusia a fines del año pasado, que insinuaba una mayor apertura rusa a las medidas de verificación del desarme, como base para reanudar las conversaciones y restaurar la prohibición del tratado sobre el despliegue de misiles de alcance intermedio en Europa.

No hay garantía de que Putin responda positivamente a tales propuestas. Las discusiones sobre la transparencia militar y el control de armas no abordan la mayor obsesión de Putin, la expansión hacia el este de la OTAN y el futuro de Ucrania. Aun así, el Kremlin no ha sido explícito en sus objetivos, lo que deja margen para que Putin se retire de las fronteras de Ucrania y considere que el progreso en cuestiones de seguridad más amplias es un resultado aceptable.

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La diplomacia de control de armas ha funcionado antes. Podría ganar tiempo para el mundo una vez más.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.