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Moïse Kabamgabe, Beto Freitas y el mercado de capitales

No habrá avances reales en ESG sin comprensión de la extensión de la responsabilidad corporativa y análisis de las externalidades

Tiempo de lectura: 4 minutos

Bloomberg Línea — No es imposible que muchos participantes del mercado de capitales no sepan quiénes son Moïse Kabamgabe y Beto Freitas. También es muy posible que la mayoría de los que reconocen estos nombres no lo hará en un par de años.

También hay un grupo que empatiza con el dolor de la crueldad de sus muertes, pero se distancia de los episodios, normalizándolos: al fin y al cabo, ¿cuántos casos similares ocurren en la vida cotidiana que no salen a la luz? Este parece ser el triste pensamiento predominante.

La tendencia es pensar que el tema de la violencia urbana es un problema del Estado y no un tema privado.

La tendencia es mirar a su alrededor y darse cuenta de que casos así raramente ocurren y, por lo tanto, esta pregunta no les pertenece. La tendencia es incluso a lamentar y rebelarse con el trágico final de Moïse y Beto, pero la indignación no es suficientemente grande para convertirse en actitud. En la práctica, simplemente no haces nada, esperando la próxima víctima. Muy posiblemente será negro y pobre.

Ambos murieron brutalmente golpeados. Moïse al cobrar el pago al que tenía derecho y Beto después de comprar en un supermercado. Los dos ejercían sus derechos de ciudadano.

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Pero, ¿qué tiene que ver el mercado de capitales con esto?

En la década de 1990, la respuesta casi unísona probablemente sería un rotundo “nada”, con gran posibilidad de que la pregunta ni siquiera se entendiera por la “ausencia de lógica”. Aunque algunos se nieguen a entenderlo o aceptarlo, el mundo está en rápido cambio y el tema de la responsabilidad corporativa ha sido resignificado.

Hace poco más de tres años, en Brasil, el mundo corporativo y el mercado financiero rara vez mencionaban el ESG. Ahora, corren a publicar sus acciones y conductas como si fuera una competencia. Ambas actitudes merecen severas críticas.

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No hay ni habrá avances reales en la agenda ESG sin una buena comprensión de cuál es el alcance de la responsabilidad corporativa y una buena reflexión y análisis de las externalidades provocadas.

Tampoco veremos avances concretos si no se fijan metas y se las persiguen con la misma determinación que metas financieras.

¿Qué empresa que cotiza en bolsa no tiene un objetivo de ingresos y márgenes? Prácticamente todas lo hacen. ¿Pero cuáles empresas tienen objetivos sociales? Silencio.

Brasil es uno de los países más desiguales del planeta. Según datos del World Inequality Lab en 2021, el 50% más pobre posee solo el 0,4% de la riqueza del país, mientras que el 1% más rico posee prácticamente la mitad (48,9%) de la riqueza nacional.

En 2021, cuando comenzaron a llegar a Brasil las vacunas contra covid-19, hubo un intenso debate sobre cómo se distribuirían. ¿Comenzaría con los ancianos, profesionales de la salud, personas con comorbilidades?

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Una de las propuestas era incluir a los profesores en la lista de prioridades para que los niños pudieran regresar a las escuelas. ¿Fue correcto? En partes. Si bien la motivación es noble, la propuesta presentada refleja la mirada estructural sin empatía por los más vulnerables: como si la escuela pudiera funcionar sin el equipo de limpieza, seguridad o comedor... Con el deseo de resolver un problema, eventualmente lo empeora. Razonamientos similares ocurren en la adopción de prácticas ESG, que requieren más cuidado.

Una encuesta difundida en 2020 por Renato Chaves, uno de los principales especialistas en gobernanza corporativa del país, señala una gran discrepancia en la remuneración de CEOs en relación con el promedio de empleados: en 17 de las 70 empresas que cotizan en bolsa estudiadas, el presidente gana más de 200 veces el ingreso promedio de los empleados, número que supera las 600 veces en algunos casos.

La desigualdad social observada en Brasil se refleja de igual forma en el mundo empresarial, aumentando y perpetuando la estructura social. La métrica de discrepancia salarial es parte de las buenas prácticas ESG, pero es absolutamente irrelevante en los debates sobre el tema, que sigue limitado a las emisiones de carbono y eventualmente a equidad de género. Que quede claro: estos temas (carbono y empoderamiento femenino) son extremadamente relevantes, pero no pueden verse como únicos, y mucho menos como el significado definitivo de ESG.

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En una perspectiva puramente pragmática y financiera, acentuar la pirámide de la desigualdad social significa también reducir el poder adquisitivo de consumidores y reducir el tamaño del mercado. A este ritmo, un país que hipotéticamente podría tener 200 millones de consumidores tendrá una microfracción de ese número, lo que significa que no trabajar para reducir la desigualdad es, como mínimo, miopía. O sea, mismo frente a un punto de vista cínico, reducir la desigualdad es un buen negocio.

El papel de las empresas en la lucha contra la desigualdad es fundamental. Violaciones de derechos humanos y laborales se deben combatir en toda la cadena, incluidos los proveedores subcontratados.

Deben observarse reglas justas de remuneración, especialmente en la base. Las políticas serias para la inclusión de las minorías sociales en todos sus espectros: género, raza, orientación sexual, personas con discapacidad, inmigrantes, indígenas, etc. también son efectivas para cerrar esta brecha. Evitar la diferencia salarial en las empresas también sirve para reducir dichas brechas. Estos son algunos ejemplos de políticas ESG que el mercado debe exigir del mundo empresarial.

Si el mercado realmente quiere unirse a la campaña “Justicia para Moïse”, estas pueden ser las herramientas de protesta más efectivas.

La alternativa es esperar a que algún día los nombres “lejanos” de Moïse y Beto les suenen. Pero quizás sea demasiado tarde y hayas pasado el punto de acción.

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--Esta nota fue traducida por Bianca Carlos, localization specialist de Bloomberg Línea.

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