Vladimir Putin
Tiempo de lectura: 3 minutos

Bloomberg Opinión — Lo peor, al parecer, ha ocurrido ahora en Ucrania. En un discurso televisado antes del amanecer, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció que había ordenado una operación destinada a desmilitarizar Ucrania. Culpó a Estados Unidos por cruzar “líneas rojas”. Kiev, dijo, sería responsable de cualquier derramamiento de sangre. Los informes de explosiones y disparos en ciudades de todo el país comenzaron de inmediato.

Es un momento oscuro para Rusia, para Ucrania, para Europa, el más oscuro en las dos décadas de Putin al mando. También es un punto de no retorno para el líder de Rusia y uno con consecuencias duraderas para el mundo.

PUBLICIDAD

Putin ha caído en la trampa de los autócratas. Aislado, ya no es capaz de sopesar la realidad tal como es, sino que ve sus miedos. Está obsesionado con lo que percibe como la amenaza de la deriva hacia el oeste de Ucrania y con hacer retroceder el reloj para cambiar el orden global posterior a la guerra fría. Su discurso del jueves, que abarcó desde la debilidad de Rusia en el momento del colapso de la Unión Soviética hasta Irak, Yugoslavia y una advertencia escalofriante contra la intervención occidental, no fue producto de una mente fría y racional. No podría haber contrastado más marcadamente con los conmovedores llamamientos a la paz del presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy, dirigidos directamente a los rusos de a pie. El presidente de los EE.UU., Joe Biden, calificó las acciones de Rusia como una “guerra premeditada”.

Arrogancia, paranoia, aventurerismo militar: una combinación embriagadora que ha sido fatal para los dictadores y sus regímenes. Y Putin está iniciando una guerra que los rusos no quieren, y por la cual pagarán el costo.

PUBLICIDAD

El politólogo Daniel Treisman, en su estudio de los últimos actos de los autócratas , descubrió que la mayoría de los regímenes llegan a su fin por errores, ya sea porque ignoraron los cambios o, como el general argentino Leopoldo Galtieri, se embarcaron en una guerra desacertada. Invadió las Islas Malvinas (conocidas como Falklands en el Reino Unido) en 1982, asumiendo que Gran Bretaña no pelearía y que su población se uniría detrás de él. Estaba equivocado, y el error fue terminal.

Rusia no es Argentina, y no habrá tal repercusión inmediata para Putin, pase lo que pase. El aumento de la represión en el interior es, de hecho, la consecuencia más probable de esta demostración de fuerza en el extranjero, ya sea porque el Kremlin puede hacerlo o porque debe hacerlo.

PUBLICIDAD

Pero las consecuencias pueden desarrollarse con el tiempo y el presidente ruso parece estar desmoronándose. Incluso para los estándares de un régimen autoritario represivo con un historial de operaciones de bandera falsa y pretextos fabricados para la guerra, y para un autócrata con una inclinación por las actividades militares machistas e imprudentes y por reescribir el pasado, los últimos días han sido difíciles de comprender. Un discurso incoherente de una hora de duración el lunes salpicado de acusaciones descabelladas, retratando a Ucrania como un invento de Vladimir Lenin. Luego una reunión escenificada del Consejo de Seguridad para que altos funcionarios apoyaran públicamente a Putin y el reconocimiento de las repúblicas separatistas. Ahora, una guerra que, llevando la credulidad al límite, dice Putin, “desnazificará” a Ucrania, un país que sufrió brutalmente en la Segunda Guerra Mundial.

Hizo su movida, además, mientras se reunía el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en un último intento de evitar el conflicto.

PUBLICIDAD

Lo notable aquí no es solo la ambición de lo que aparentemente está emprendiendo Putin, una operación militar a gran escala sin tener en cuenta las repercusiones, un esfuerzo por destruir a un vecino y desestabilizar la región. También es la escala del engaño, cuando se trata de la amenaza que representa la OTAN y, lo que es más importante, la capacidad a largo plazo de su país para soportar el costo humano y financiero del aislamiento. Sí, Moscú ha acumulado reservas en el banco central y un cofre de guerra, pero este es un país cuya economía se está estancando y que ya está luchando para lidiar con una crisis de salud a medida que el Covid-19 atraviesa a una población insuficientemente vacunada.

Para enfatizar el punto, Occidente ahora debe aumentar drásticamente las sanciones, llegando mucho más allá de los individuos a los bancos estatales de Rusia y más, incluso si ahora hay pocas opciones sin un costo para Europa y el resto del mundo. Vladimir Putin ya ha comenzado la guerra que nadie más que los halcones del Kremlin querían. Ahora solo las medidas más duras pueden detenerlo.

PUBLICIDAD

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar