Rusia
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La banca es un negocio asimétrico. Se ganan cantidades modestas de dinero la mayor parte del tiempo y luego ocasionalmente se sufren pérdidas extraordinarias. Una pequeña fracción de los activos que se estropean puede arruinar un porcentaje importante de las ganancias.

Esta es la realidad a la que se enfrentan muchos bancos a medida que evalúan su exposición a Rusia. Las acciones de los bancos europeos, en particular, han sufrido fuertes caídas desde que comenzó la invasión a Ucrania y el costo de asegurar su deuda ha aumentado.

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Hay cuatro formas en que los bancos estadounidenses y europeos están expuestos.

Primero, varios todavía operan sobre el terreno en Rusia. Alguna vez fue un mercado rentable y aliado a sus ambiciones globales. Muchos cambiaron de rumbo después de la crisis financiera al frenar sus aspiraciones globales. Barclays Plc (BARC) y HSBC Holdings Plc (HSBC) abandonaron la banca minorista rusa hace 10 años. Pero otros siguen ahí, entre ellos Unicredit SpA (UCG), Société Générale SA (GLE), Raiffeisen Bank International AG (RBI)y Citigroup Inc. (C)

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Estos bancos funcionan en Rusia al igual que sus contrapartes locales, recaudando depósitos en rublos y otorgando préstamos en rublos. No están sujetos a sanciones (lo que puede darles una ventaja competitiva temporal), pero están sujetos a los controles de capital que las autoridades rusas han establecido en respuesta, lo que les impide repatriar las ganancias. Impedidos de retirar su capital, la gerencia está atascada. El aumento de las tasas de interés en Rusia del 9,5% al 20% reducirá los márgenes bancarios y provocará una mayor morosidad crediticia, lo que podría generar grandes pérdidas. Los bancos extranjeros tendrán que decidir si tirar dinero bueno detrás del malo, recapitalizándolos, o abandonarlos y cancelar el capital que han invertido.

Y eso si no se toma la decisión por ellos: las autoridades rusas podrían embargar los bancos. Citigroup ha estado allí antes. En enero de 1917, abrió una sucursal en San Petersburgo (entonces conocida como Petrogrado); en un año había sido expropiado por los bolcheviques. “El valor de este activo es extremadamente dudoso y debe cancelarse”, registraron los examinadores federales en 1920.

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Raffeisen tiene la mayor exposición a este escenario. Adquirió al prestamista local Impexbank en 2006 (“un paso decisivo para continuar con nuestra exitosa trayectoria en Rusia”) y se convirtió en uno de los 10 principales bancos rusos, con $2.400 millones de euros (US$2.600 millones) invertidos allí. En una llamada de inversionistas la semana pasada, la directiva reiteró su compromiso de permanecer en Rusia, pero expuso el peor de los casos para las ganancias si se viera obligado a retirarse.

El segundo nivel de exposición se produce a través de préstamos transfronterizos. Los bancos extranjeros habían estado reduciendo sus préstamos a Rusia desde la invasión de Crimea en 2014. A fines de septiembre de 2021, los bancos extranjeros habían prestado US$121.000 millones a Rusia, frente a US$269.000 millones en 2013. El problema es que las sanciones redefinen lo que realmente es “exposición”. El banco holandés ING Groep NA (INGA) revisó la semana pasada su exposición rusa a $6.700 millones de euros (US$7.297 millones) desde $4.700 millones de euros (US$5.118 millones), luego de agregar nuevos elementos como “prestatarios no rusos con propiedad rusa”, lo que refleja las sanciones occidentales. Citigroup elevó su exposición divulgada a US$9.800 millones desde US$5.500 millones, agregando elementos de riesgo como el efectivo mantenido en el Banco Central de Rusia.

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Una vez más, los bancos lo han visto antes. En 1998, sufrieron pérdidas equivalentes a alrededor del 60% de su exposición a préstamos no soberanos cuando Rusia devaluó su moneda y dejó de pagar su deuda interna. En ese entonces, Credit Suisse Group SA (CSGN) se vio especialmente afectado y tomó amortizaciones y provisiones por 1.860 millones de francos suizos (US$2.000 millones al tipo de cambio actual), incluida la marcación de sus valores gubernamentales a 10 centavos por dólar en ese momento.

Si bien estas exposiciones son muy pequeñas en relación con el tamaño de los balances de los bancos (menos del 1% en los casos de Citi e ING), el impacto en las ganancias puede ser significativo. En el caso de Citi, cancelar el 60% de su exposición reduciría las ganancias antes de impuestos en casi un tercio. Compare eso con negocios financieros menos intensivos en capital como Visa Inc. (V) y Mastercard Inc. (MA); han revelado que el 4% de los ingresos netos es atribuible a Rusia, que es una exposición mucho más contenida.

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Un tercer riesgo al que se enfrentan los bancos es el de hacer cumplir las sanciones. Es su responsabilidad garantizar que se cumplan, y los castigos por facilitar las infracciones pueden ser severas. En 2015, BNP Paribas SA (BNP) recibió una multa de US$8.900 millones por infracciones de sanciones, la sanción financiera más grande jamás impuesta en los Estados Unidos en un caso penal. La gestión de riesgos operativos como estos es tan importante, y potencialmente tan costosa, como la gestión de un balance. Una de las razones por las que las sanciones se han ampliado más allá de los parámetros establecidos por los formuladores de políticas es que los bancos han sido capacitados para ser cautos a la hora de infringirlas, incluso sin darse cuenta.

Finalmente, están los efectos indirectos, como ocurre con cualquier choque macro. La investigación , como era de esperarse, sugiere que el riesgo geopolítico reduce la estabilidad bancaria. Una medida popular de riesgo geopolítico vuelve a poner el clima actual en niveles no vistos desde la segunda guerra de Irak. Aún se desconoce el impacto en cadena sobre la actividad comercial, la confianza corporativa y otros impulsores del negocio principal de los bancos.

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Frente a estos riesgos, los bancos tienen altísimos niveles de liquidez y mejor solvencia que la que han tenido al entrar en cualquier crisis en décadas. El libro de jugadas de 2008 es popular para sacar en momentos de estrés, pero los balances de los bancos son mucho más fuertes de lo que eran entonces. A corto plazo, los bancos sufrirán los daños colaterales de la guerra financiera; a más largo plazo, estarán bien, aunque tal vez con menos ganas que nunca de aventurarse de nuevo en Rusia.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar