Imágenes muestran las destrucción de la segunda ciudad más grande de Ucrania durante la guerra
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Según los informes, los negociadores ucranianos y rusos se estarían acercando a un acuerdo que pondría fin a la invasión de Rusia. El acuerdo, si llega y cuando llegue, probablemente se parecerá al Tratado de Moscú de 1940, que coronó la Guerra de Invierno entre la Unión Soviética y Finlandia. Ucrania firmará una versión del estatus neutral de Finlandia que resultó de ese tratado y algunas de sus pérdidas territoriales probablemente serán selladas, si no reconocidas. Sin embargo, al igual que hizo Finlandia, Ucrania mantendrá su independencia y su ejército, en lugar de convertirse en un estado títere ruso.

La discusión parece dirigirse en esta dirección porque la invasión también se está desarrollando de manera similar, en algunos aspectos importantes, a la Guerra de Invierno. Aunque Ucrania y Finlandia tienen poco en común y la guerra del siglo XXI es tan diferente como puede ser de la del siglo XX, es difícil pasar por alto los paralelismos.

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Mi abuela, médica, estuvo en el servicio médico del Ejército Rojo durante la Guerra de Invierno. Se le congeló la nariz: la mancha roja en la punta de la nariz permaneció con ella hasta que murió, a los 92 años, en 1999. Las heridas que trató en su mayoría tenían que ver con congelación en lugar de heridas de bala o metralla. Fue una campaña miserable que odiaba recordar y, hasta el final de sus días, no supo por qué se había librado. A diferencia de muchos rusos que no compartían su experiencia, ella nunca tuvo el menor deseo de viajar a Carelia, la parte de Finlandia que la Unión Soviética terminó anexando, para disfrutar de la naturaleza y las vistas.

La abuela le debía esa mancha roja a la arrogancia de Joseph Stalin.

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El Ejército Rojo tenía una abrumadora ventaja en número y equipo sobre Finlandia, una provincia relativamente pobre del imperio ruso hasta el colapso de este último en 1917. Stalin contaba con el apoyo de una fuerte quinta columna, conocida como los finlandeses rojos, que casi había partido al joven país en dos pero que perdió una guerra civil.

Todo esto, por supuesto, invita a los paralelismos fáciles con la Rusia y Ucrania de hoy. También es un país joven hasta hace poco en la órbita de Rusia. Rusia tiene, al menos sobre el papel, una enorme ventaja militar. Putin claramente esperaba que las fuerzas prorrusas en Ucrania, derrotadas políticamente y contenidas militarmente en 2014 y 2015 después de casi dividir el país por la mitad, facilitarían la invasión.

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Pero las similitudes más sorprendentes se encuentran en cómo se desarrollaron las dos invasiones.

A fines de noviembre de 1939, las tropas soviéticas entraron alegremente sin ropa adecuada ni mucha comprensión del terreno. Mikhail Novikov, en el servicio médico del Ejército Rojo como mi abuela, dejó una anécdota de la Guerra de Invierno que coincide mucho con las historias que ella me contó. El escribió:

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En la madrugada del 30 de noviembre o del 1 de diciembre, no recuerdo exactamente, mi unidad fue despertada y puesta en alerta. Como recién incorporado, no sabía nada y nadie me explicaba lo que estaba pasando. Pero vi una falta general de confianza y competencia, todo era de alguna manera poco militar, para nada como lo que nos habían enseñado los comisarios (rango militar equivalente a un comandante de unidad) y nuestros queridos comandantes. Cuando nuestra unidad giró hacia una carretera principal, de repente nos dispararon y se desató el pánico. Pronto nos dimos cuenta de que nuestro propio bando nos había estado disparando por error. Todo salió bien. En ese momento, ya estaba helado, pero los hombres estaban vestidos con ropa de otoño. Las unidades marcharon a lo largo de la carretera pelotón tras pelotón, como si fueran al campo de tiro, no a las líneas del frente.

El relato de Novikov casi podría haber sido escrito por uno de los jóvenes soldados rusos que cabalgaron hacia Ucrania a fines de febrero y principios de marzo de 2022. La falta de preparación y establecimiento de objetivos claros, la desorganización, la escasez de ropa de abrigo y raciones: estas características de la temeraria embestida inicial de la Guerra de Invierno están ahí de nuevo.

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En palabras de Franz-Stefan Gady, experto militar del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, el ejército ruso siempre ha sido un buen equipo de fútbol en la segunda mitad, cometiendo muchos errores al principio pero luego aprendiendo y adaptándose. Pero una cosa es empezar lento y otra muy distinta tener un exceso de confianza irracional.

Las esperanzas de Stalin de obtener el apoyo rojo y una cálida bienvenida se desvanecieron cuando la mayoría de los izquierdistas finlandeses se pusieron del lado del gobierno contra los invasores. El más prorruso de los principales políticos ucranianos, Yuriy Boyko, líder del partido Plataforma de Oposición, también ha tomado una posición firme contra la invasión de Rusia. El Kremlin ha tenido dificultades para encontrar ucranianos capaces de atraer el apoyo popular en caso de un cambio de régimen.

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Aunque ningún tercer país intervino militarmente en nombre de Ucrania, al igual que ningún país luchó con Finlandia, ambos opusieron una dura resistencia basada en el principio de defensa total, movilizando a sus sociedades enteras contra la fuerza invasora. Ambos atacaron las líneas de suministro enredadas del ejército ruso, ambos emprendieron campañas de propaganda para desmoralizar y agotar al enemigo. Al igual que el gobierno ucraniano actual, los finlandeses ofrecieron a los soldados rusos recompensas en efectivo por el equipo entregado.

Muchos de los detalles, por supuesto, difieren enormemente: no hay nada en el conflicto actual que pueda compararse con la táctica de los finlandeses de atacar con esquís desde áreas boscosas mientras las tropas soviéticas tenían que apegarse a las carreteras, o al invisible fenómeno de los francotiradores finlandeses. Pero la esencia es similar: tanto Finlandia en 1939 y principios de 1940 como Ucrania en 2022 lucharon hábilmente y con determinación para frenar la ocupación. Y en ambos casos, los dictadores de Moscú recurrieron al bombardeo punitivo y al bombardeo de civiles.

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Ucrania no tiene una figura igual a la del maestro estratega y estadista Carl Mannerheim, pero los ucranianos se han aliado con el presidente Volodymyr Zelenskiy, quien ha sido sorprendentemente efectivo durante la peor crisis en la historia de Ucrania.

Uno escucha que los soviéticos se empantanaron en Finlandia durante la Guerra de Invierno. Eso no es estrictamente cierto: la guerra solo duró 105 días, poco tiempo para las guerras, y técnicamente, el Ejército Rojo ganó después de atravesar la famosa línea de Mannerheim. Pero sus pérdidas, más de 300.000 bajas totales, la convirtieron en una victoria pírrica, y los términos de paz, aunque dolorosos para Finlandia, que perdió sus áreas industriales más desarrolladas, también fueron honorables para los desvalidos. Ucrania, al parecer, es capaz de luchar al menos tanto tiempo como lo hicieron los finlandeses: el progreso del ejército ruso es lento después de tres semanas de lucha; no está claro si tiene los números o el estómago para la espantosa lucha urbana que se requeriría para tomar Kiev.

Es probable que una de las razones sea que, cuando hablan entre ellos, los soldados rusos batallan por entender por qué están luchando, como también lo hicieron durante la Guerra de Invierno. Novikov recordó cómo, después de que terminó la guerra, le susurró al respecto a un amigo en el tren a casa:

¿Nuestra querida patria necesitaba tal guerra? Te diré lo que pienso: probablemente si. Fue revelador para el partido y el gobierno que el Ejército Rojo no esté preparado para una gran guerra, y vimos evidencia real y específica de eso en los campos nevados de Finlandia. No soy un estratega, pero aprendí por las malas que no sabíamos pelear. Y si conseguimos una gran victoria, será a un precio injustificadamente alto en sangre y no será tan barato como nos aseguraron.

Tanto los soldados rusos como los civiles ya están teniendo tales discusiones y probablemente sacando conclusiones similares. Cuanto más dure la guerra, e incluso si el ejército ruso logra una victoria costosa y reñida, Rusia como nación no está ganando, no puede ganar esta guerra, al igual que la Unión Soviética no ganó la Guerra de Invierno a pesar de las ganancias territoriales. Darse cuenta de que el régimen de Putin apenas puede defenderse de una nación mucho más pequeña pero mucho más decidida, por no hablar de todo el mundo occidental, será el resultado más importante de la invasión, incluso para aquellos rusos que no se opusieron.

La Guerra de Invierno, por supuesto, pronto fue seguida por el ataque de Adolfo Hitler a la Unión Soviética; probablemente ayudó a convencer al führer de que podía vencer fácilmente a los soviéticos. Es probable que nadie ataque a Rusia con armas nucleares después de que se haga algún tipo de acuerdo de paz en Ucrania. Los rusos deben recordar, sin embargo, que sus abuelos lograron superar las fallas de la estrategia, la logística y el entrenamiento inferior en lo que ahora se conoce como la Gran Guerra Patria contra los nazis porque fue una guerra justa y defensiva contra un ocupante brutal. Esta vez, como en Finlandia, la guerra que Rusia libra es injusta y deshonrosa. Cuando llegue la paz, no será amable con los instigadores de la guerra ni con toda la nación rusa.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios

Este artículo fue traducido por Miriam Salazar