El logo de la OTAN en un parche
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Bloomberg Opinión — Una de las ironías de la guerra de Rusia contra Ucrania -que aparentemente se libró para evitar que esa nación se uniera a la Organización del Tratado del Atlántico Norte- ha sido su impacto en dos de los estados tradicionalmente neutrales de Europa, Finlandia y Suecia. El 18 de mayo, apenas 84 días después de la invasión, los embajadores de ambos países entregaron solicitudes de ingreso en la OTAN en una ceremonia pública en la sede de la alianza en Bruselas.

“Este es un momento histórico que debemos aprovechar”, dijo el Secretario General Jens Stoltenberg. “Ustedes son nuestros socios más cercanos y su ingreso en la OTAN aumentará nuestra seguridad compartida”. Parece probable que sus solicitudes se aprueben rápidamente, y que la OTAN pase a tener pronto 32 Estados miembros.

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Sin embargo, en la prisa por ponerle un ojo morado a Putin al acoger a Finlandia y Suecia, los líderes de EE.UU. y de la OTAN pueden estar dejando de considerar los costos potenciales de la incorporación de dos países más a lo que, después de todo, pretende ser una organización de defensa colectiva.

La incorporación de los dos países nórdicos sólo tiene dos ventajas claras. La primera es simbólica: proporciona una clara demostración de solidaridad europea y democrática contra la agresión rusa en Europa del Este. La segunda es técnica: Admitir a Finlandia y Suecia alinearía mejor la pertenencia a la OTAN con la de la UE, evitando el improbable pero problemático escenario de que un Estado miembro de la UE sea objeto de una agresión pero no esté cubierto por el pacto de defensa mutua del Artículo 5 de la OTAN.

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Sin embargo, en todos los demás aspectos, la cuestión de la adhesión de Finlandia y Suecia es más complicada y preocupante. Consideremos la capacidad global de defensa europea.

Sí, Finlandia y Suecia tienen economías muy avanzadas. Podrían ser contribuyentes netos a las capacidades tecnológicas de la OTAN a través de campeones nacionales como Ericsson AB y Nokia Oyj. También son más capaces militarmente que otros países europeos - especialmente Finlandia, que ha mantenido el servicio militar obligatorio en el periodo posterior a la guerra fría y tiene una gama relativamente amplia de competencias militares, incluyendo la mayor fuerza de artillería del continente.

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Sin embargo, desde el punto de vista de los actuales miembros de la OTAN -y en especial de Estados Unidos- sigue sin ser necesariamente una victoria neta. Finlandia y Suecia llevan mucho tiempo centrando sus ejércitos en la defensa de sus propios territorios, lo que hace dudar de su valor a la hora de contribuir a una defensa común, que constituye el núcleo de los estatutos de la OTAN.

Y aunque ambas naciones han prometido aumentar su gasto militar y su capacidad para reforzar las defensas europeas en general, también es posible que no lo hagan. En su lugar, podrían aprovecharse de la fuerza militar de Estados Unidos -y de su paraguas nuclear- como han hecho tantos Estados europeos durante años. Según el Fondo Monetario Internacional, ninguno de los dos países se acerca al objetivo de la OTAN de gastar el 2% del PIB en defensa.

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La historia sugiere que el resultado más probable es que dos estados más se sumen a la carga de defensa de Estados Unidos en un momento en que Washington debería estar pivotando hacia Asia.

Consideren también la cuestión de la defensibilidad del nuevo territorio de la OTAN. Admitir a Suecia podría ser beneficioso desde el punto de vista estratégico, pues permitiría a las fuerzas de la OTAN controlar mejor el Mar Báltico y utilizar la isla de Gotland como base de operaciones para cualquier conflicto futuro, lo que sería un importante punto de estrangulamiento frente a los Estados Bálticos.

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El territorio finlandés, en cambio, es una pesadilla estratégica. Aumentaría drásticamente la exposición de la alianza a cualquier ataque futuro por parte de Moscú: el país comparte una frontera de casi 1.300 kilómetros con Rusia que, como dice un reciente estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, está “muy expuesta a las amenazas militares rusas”.

Hay otras razones para la cautela, incluyendo las preocupaciones habituales sobre la ampliación de la alianza a un conjunto cada vez más difícil de manejar de estados miembros. No hace falta ser un genio para predecir que 32 naciones serán aún más difíciles de gestionar que 30. Antes de su momento en Ucrania, la OTAN estaba luchando por mantener la paz entre Grecia y Turquía, pocas naciones estaban cumpliendo con el objetivo de gasto del 2%, y el presidente Emmanuel Macron de Francia había atraído los titulares por sugerir que la alianza estaba experimentando “muerte cerebral.”

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Incluso ante la agresión de Rusia, el apoyo a la incorporación de los dos miembros no es unánime. La vehemente oposición de Turquía a Finlandia y Suecia puede ser un intento de arrancar concesiones políticas a la alianza, pero también debe mucho al apoyo de estos países a las causas kurdas.

Los líderes de la Alianza también deberían tener en cuenta el riesgo de que Rusia reaccione de forma exagerada. Moscú ha iniciado tres guerras por la posible expansión de la OTAN, invadiendo Georgia en 2008 y Crimea en 2014 antes de la guerra actual. Aunque está claro que Moscú no puede organizar otra gran campaña militar en estos momentos, no se puede descartar que el presidente Vladimir Putin haga algo irracional en respuesta a una expansión de la OTAN que lleve a la alianza a menos de 350 kilómetros de su ciudad natal, San Petersburgo.

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Al mismo tiempo, no está claro que Finlandia y Suecia corran un mayor riesgo si no se les permite entrar en la OTAN. Durante mucho tiempo han confiado en su estatus de neutralidad y en su capacidad de defensa interna para evitar crisis. Negarse a admitirlos en la OTAN no supone dejarlos en la estacada, sino simplemente mantener un statu quo viable.

El valor simbólico de admitir a dos nuevos Estados miembros como precio por la brutalidad de Rusia en Ucrania puede tener éxito en Bruselas. Pero antes de seguir adelante con el proceso de adhesión -que ofrece a los líderes y a las legislaturas de cada Estado miembro la oportunidad de opinar- los responsables de formular políticas deberían considerar el panorama estratégico completo, y si la admisión fortalece la alianza o no.

El artículo 10 del Tratado del Atlántico Norte deja claro que los miembros actuales pueden invitar a nuevos estados a unirse si “contribuyen a la seguridad del área del Atlántico Norte”. Según este criterio, el argumento estratégico para admitir a Suecia y Finlandia en la OTAN no es un argumento fácil.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.