Europa

Johnson renuncia como primer ministro de Reino Unido tras meses de escándalos

Deja su cargo tras la dimisión masiva de miembros de su gobierno, entre ellos el ministro de Hacienda, Rishi Sunak

Boris Johnson renuncia a su cargo como primer ministro británico
Por Alex Morales y Emily Ashton
07 de julio, 2022 | 06:42 AM
Tiempo de lectura: 8 minutos

Bloomberg — Boris Johnson renunció a su cargo como primer ministro del Reino Unido. De esta manera baja el telón de unos tempestuosos tres años de mandato, empañados por una sucesión de escándalos que culminaron con la rebelión de su propio gabinete y grupo parlamentario.

Johnson, de 58 años, asumió lo inevitable tras la dimisión masiva de miembros de su gobierno, entre ellos el ministro de Hacienda, Rishi Sunak, y a medida que un número creciente de parlamentarios conservadores lanzaron ataques públicos contra su criterio, su liderazgo y su fidelidad a la verdad.

Está claro que ahora la voluntad del Partido Conservador en el Parlamento es que haya un nuevo líder de ese partido y, por tanto, un nuevo primer ministro”, dijo Johnson en una breve declaración a las puertas del número 10 de Downing Street, culpando al “instinto de manada” en Westminster de su marcha.

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Dijo que la semana que viene se anunciará un calendario para la elección del liderazgo y que él servirá junto a su gabinete hasta que haya un nuevo líder conservador.

Deja una nación sumida en la incertidumbre política y económica, y que aún muestra las tensiones de su singular aunque profundamente divisivo triunfo (el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea) mientras se enfrenta a una creciente inflación y una posible recesión. Los conservadores se ubican detrás del principal partido de la oposición, el Laborista, en las encuestas, y la pasada reputación del partido, de ser uno con pocos escrúpulos, resurgió bajo la dirección de Johnson.

Johnson quiere permanecer como primer ministro interino hasta octubre mientras los tories eligen un nuevo líder. Tanto si su partido le permite permanecer en el cargo durante ese tiempo como si no, los posibles sucesores ya se están preparando.

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Entre ellos se encuentran la ministra de Asuntos Exteriores, Liz Truss, la ministra de Comercio, Penny Mordaunt, el secretario de Defensa, Ben Wallace, y el recién nombrado ministro de Hacienda, Nadhim Zahawi, así como Sunak y el ex ministro de Sanidad, Sajid Javid, que abandonaron el gabinete el martes. Es probable que el número de candidatos aumente.

Liz Truss, Rishi Sunak, Ben Wallace, Sajid Javid and Nadhim Zahawi.dfd

La permanancia de Johnson se hizo insostenible el miércoles tras un día de drama en Westminster. Allí se enfrentó a parlamentarios de su propio partido, se le pidió que dimitiera en el turno de preguntas al primer ministro en la Cámara de los Comunes y una delegación de ministros del gabinete se dirigió a Downing Street para decirle que su tiempo al frente del Reino Unido había terminado. El jueves, cuando incluso sus nuevos nombramientos le pidieron que se fuera, Johnson reconoció su derrota.

Es un final humillante para una carrera política que incluyó su aplastante victoria electoral en diciembre de 2019 prometiendo “Hacer el Brexit”. Fue el punto álgido para un premier que idolatra al líder británico Winston Churchill, cuyo mandato se vio fatalmente socavado por el constante goteo de escándalos que erosionaron la reputación de probidad de Downing Street.

La gota que colmó el vaso fue la decisión de Johnson de ascender a un parlamentario, Chris Pincher, a un alto cargo del gobierno a pesar de conocer una denuncia formal de comportamiento inapropiado contra él. Johnson no aclaró de manera suficiente lo que sabía cuando se informó de que Pincher había vuelto a actuar de esa manera la semana pasada.

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Aunque quizá no sea la revelación más escabrosa en los anales de escándalos de Westminster, se sumó a la sensación de un primer ministro que hizo alarde de su desprecio por las normas. A ello se sumó el hecho de que a los ministros y parlamentarios subalternos se les dio información errónea para que la repitieran ante la prensa, convirtiéndolos en cómplices de la falsedad.

Esto llevó a la dimisión el martes de dos de los miembros más importantes del Gabinete de Johnson, Sunak y Javid, y este último dijo que había perdido la confianza en el primer ministro. “No podemos seguir así”, dijo Sunak al primer ministro.

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El miércoles se produjo la salida de una serie de otros funcionarios del gobierno, incluso cuando Johnson advirtió a los conservadores rebeldes que lucharía contra cualquier intento de destituirlo, y dijo al parlamento que “seguiría adelante”.

La preocupación por el liderazgo de Johnson venía creciendo desde hace semanas, pero la situación se aceleró en las últimas semanas. El pasado 6 de junio sobrevivió por poco a una votación de confianza entre los parlamentarios de su partido.

Esto se produjo después de que se convirtiera en el primer primer ministro en funciones que ha infringido la ley en su cargo. En abril fue multado por la policía por asistir a una fiesta de 2020 en Downing Street mientras la nación estaba sometida a un confinamiento forzado por el gobierno para luchar contra el Covid-19. Decenas de funcionarios de su administración también fueron sancionados por su implicación en el conocido como Partygate.

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Johnson siguió adelante impertérrito, solo para provocar la ira de su partido una vez más.

Quien le sustituya, luego de ganar la votación de los parlamentarios tories y la posterior de los miembros del partido, heredará una economía sacudida por una crisis del costo de la vida mientras la inflación se acelera a un máximo de cuatro décadas.

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El malestar entre los trabajadores está creciendo: el personal de los ferrocarriles, los trabajadores de correos, los profesores y los abogados litigantes han declarado paros o están debatiendo hacerlo, lo que provoca un paralelismo con la década de 1970 y la mezcla de precios desbocados y huelgas de esa época.

El nuevo líder también tendrá que reparar un partido fracturado que parece cansado después de 12 años en el poder y que ha sufrido mientras la administración de Johnson ha ido dando tumbos de una crisis a otra. Y tendrá que arreglar las relaciones con la UE, tensado hasta casi el punto de ruptura por las amenazas de Johnson de incumplir el acuerdo del Brexit que negoció.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, también ha dejado clara su preocupación por el intento de Johnson de desmantelar los acuerdos que mantienen a Irlanda del Norte en el mercado único del bloque mientras crea una frontera aduanera con el resto del Reino Unido. Johnson disfrutaba de estrechas relaciones con el ex presidente Donald Trump, sin embargo, sus lazos con Biden han sido más fríos.

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Johnson, que fue periodista y ejerció como alcalde de Londres durante dos mandatos y también como ministro de Asuntos Exteriores, nunca se pintó a sí mismo como un santo y, de hecho, utilizó su reputación de pícaro para atraer el apoyo del público.

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Sus aspiraciones al cargo más alto del país quedaron de manifiesto en su decisión de romper con el primer ministro David Cameron y respaldar el Brexit en el referéndum de 2016. Su popularidad explica en parte la ajustada votación a favor de la salida del bloque, un resultado que desafió las encuestas.

A continuación, acosó a la sucesora de Cameron, Theresa May, desde las bancas del Parlamento, presionando por una ruptura limpia con la UE y oponiéndose a su postura más conciliadora en las negociaciones con Bruselas hasta que ella también se vio obligada a abandonar. Él ocupó su lugar en julio de 2019.

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En las elecciones de ese año, sus conservadores obtuvieron una amplia mayoría gracias al mensaje de Johnson “Hacer el Brexit” y a su capacidad para atraer a los votantes del norte de Inglaterra que tradicionalmente habían preferido a los laboristas.

Su sucesor tendrá que encontrar la manera de reunir un apoyo similar del “Muro Rojo”, especialmente porque Johnson tuvo dificultades para cumplir su promesa de campaña de “nivelar” la economía británica. También tendrá que recuperar la confianza de los tories tradicionales de las zonas rurales y del sur, que abandonaron el partido en masa en favor de los liberal-demócratas en tres elecciones especiales en poco más de un año.

La buena noticia para el nuevo residente del 10 de Downing Street es que no hay elecciones generales hasta 2025.

Los éxitos de Johnson incluyen la rápida puesta en marcha de una vacuna contra el Covid-19 (la desarrollada por AstraZeneca en el Reino Unido), incluso cuando fue noticia por estar hospitalizado en cuidados intensivos durante los primeros días de la pandemia. Y se ganó elogios por el apoyo militar y financiero de Gran Bretaña a Ucrania en su lucha contra Rusia, lo que le valió alabos del Presidente Volodymyr Zelenskiy.

Al final, sin embargo, la sensación de escándalo prevaleció sobre todo lo demás.

Además del “Partygate”, el prestigio de Johnson se vio perjudicado por un intento fallido el año pasado de ayudar al parlamentario conservador Owen Paterson a eludir una investigación ética. También se cuestionó cómo se pagó la reforma del apartamento del primer ministro en Downing Street.

Los malos resultados en las votaciones locales de mayo, seguidos de las duras derrotas en dos elecciones especiales en junio, demostraron a sus partidarios más acérrimos que Johnson estaba pasando de ser un ganador de votos a un lastre electoral.

El escándalo que acabó por derribar a Johnson fue la revelación de que había conocido las acusaciones sobre el comportamiento de Pincher dos años antes de promoverlo. Esto se vio agravado por la cambiante posición de Downing Street sobre lo que Johnson sabía exactamente y cuándo.

Sus colegas acabaron por cansarse de su aparente incapacidad para ser honesto y abierto con el público, y optaron en cambio por una estrategia de desviar la culpa o simplemente esperar que las preguntas incómodas se disiparan.

Funcionó durante un tiempo.

Pero al final del día, es poco probable Johnson (que de niño declaró que quería ser “rey del mundo”) que pase mucho más tiempo en el Número 10 que Theresa May, cuyo mandato torpedeó.

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