Turistas llegan a visitar la Estatua de la Libertad el 13 de octubre de 2013 en la ciudad de Nueva York.
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Bloomberg Opinión — A pesar de lo divisiva que puede ser la política migratoria de Estados Unidos, los miembros de ambos partidos deberían estar de acuerdo en un principio sencillo: los inmigrantes que llegan al país legalmente deben tener una oportunidad justa de tener éxito y construir sus vidas en EE.UU., tal como lo han hecho las generaciones previas.

Por ello, resulta desconcertante que el gobierno niegue esta oportunidad a cientos de miles de jóvenes inmigrantes cuyos padres llegaron a EE.UU. legalmente para trabajar, pero a los que todavía no se les ha concedido la tarjeta de residencia permanente, y que ahora corren el riesgo de verse obligados a abandonar el único país que han conocido. Una medida bipartidista aprobada en la Cámara de Representantes la semana pasada ayudaría a solucionar el problema. En aras de la equidad y el sentido común, el Senado debería actuar rápidamente para aprobar su propia versión y garantizar que estos inmigrantes puedan quedarse.

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Alrededor de 1,6 millones de personas residen en EE.UU. con visados de no inmigrante basados en el empleo. Entre ellos se encuentran empresarios, académicos, artistas, médicos y trabajadores del sector tecnológico y de salud. Los hijos de estos titulares de visados pueden vivir legalmente en EE.UU. hasta que cumplan 21 años, pero entonces deben obtener nuevos visados que les permitan seguir estudiando o trabajando. Los que no pueden hacerlo se enfrentan a una elección insoportable: permanecer en EE.UU. de forma ilegal o “autodeportarse” a sus países de nacimiento. En abril de 2020, más de 250.000 de estos niños corrían el riesgo de perder su estatus legal.

El disfuncional sistema de inmigración legal del país está agravando el problema. Cada año, EE.UU. concede 140.000 green cards (tarjeta de residencia permanente de EE.UU.) a titulares de visas basados en el empleo y a miembros de sus familias inmediatas. Debido a la acumulación de solicitudes y a los límites (en su mayoría arbitrarios) del número de green cards asignadas a cada país, algunos trabajadores tienen que esperar décadas para obtenerlas. Incluso si finalmente lo consiguen, sus hijos no se beneficiarán si ya son adultos; no pueden recibir la green card hasta que sus propias solicitudes lleguen al principio de la fila. Esto significa que los inmigrantes legales que llegaron de niños y se han criado y educado en EE.UU. tienen menos probabilidades de convertirse en ciudadanos que los extranjeros que llegaron de adultos.

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De hecho, la situación de estos inmigrantes legales (habitualmente llamados “Dreamers documentados”) es incluso más precaria que la de los niños sin documentación. El programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por su sigla en inglés), creado por el presidente Barack Obama en 2012, permite a los inmigrantes traídos al país antes de los 16 años trabajar en EE.UU. y aplazar la deportación, con renovación obligatoria cada dos años. Más de 700.000 inmigrantes indocumentados se han beneficiado de las protecciones del DACA y han permanecido en EE.UU., con un poder adquisitivo acumulado de US$24.000 millones después de impuestos. Pero DACA estipulaba que sólo los inmigrantes “sin estatus legal” eran elegibles, lo que excluía a los hijos de inmigrantes con visas de trabajo de las mismas protecciones.

La buena noticia es que el Congreso se está dando cuenta del problema. La Cámara de Representantes aprobó una enmienda a la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de 2023 que garantizaría que los niños criados en EE.UU. que lleguen a la edad adulta antes de que sus padres reciban sus green card no pierdan el beneficio de obtener un estatus legal permanente. También les autorizaría a trabajar después de los 16 años y les permitiría mantener su lugar en la fila de la green card incluso si sus padres abandonan el país.

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Los líderes del Senado deben trabajar ahora para convertir la medida en ley. No hacerlo perjudicaría no sólo a los inmigrantes legales y sus familias, sino a todo el país. Las perspectivas de crecimiento a largo plazo de EE.UU. exigen que el país traiga más trabajadores de la industria del conocimiento desde el extranjero, especialmente en las ciencias y la tecnología. Garantizar que los hijos de esos trabajadores puedan quedarse y construir sus vidas en EE.UU. es fundamental para ganar la guerra por el talento, y es un paso necesario para crear el sistema de inmigración que el país necesita.

Editores: Romesh Ratnesar, Timothy Lavin.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.