Bloomberg Línea — Las elecciones generales del 29 de noviembre en España marcarán el rumbo político del país: definirán si el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, logra mantenerse en el poder o si la derecha avanza como en otras partes del mundo.
Sánchez adelantó las elecciones, previstas inicialmente para julio de 2027, después de que el Congreso rechazara dos decretos de vivienda impulsados por su Gobierno, en medio de una ola de protestas desencadenada por el desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que vivió durante siete décadas en un inmueble de Madrid.
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El rechazo se produjo luego de que Junts per Catalunya, que en otras ocasiones había respaldado iniciativas del Ejecutivo, votara en contra de los decretos junto con la derecha nacional.
Lo sucedido expuso una de las principales dificultades de Sánchez: la falta de una mayoría parlamentaria estable para sacar adelante algunas de sus iniciativas.
Las elecciones representan una prueba decisiva para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Un aumento de sus escaños podría fortalecer su posición en el Congreso, aunque no garantizaría la continuidad de Sánchez en el Gobierno. Por el contrario, un avance de la derecha podría abrir la puerta a un cambio de Ejecutivo, siempre que sus partidos consigan los apoyos parlamentarios necesarios para la investidura.
A juicio de Sánchez, los ciudadanos deben escoger si “queréis que nuestro país retroceda o continúe avanzando, si preferís tener un Gobierno que trabaje por el interés de la mayoría social o preferís entregar las riendas del país a una coalición ultraderechista que no ha propuesto nada”.
El PSOE no la tendrá fácil: la respuesta del Gobierno de Sánchez a la crisis migratoria en Ceuta, un territorio que geográficamente se ubica en el norte de África pero pertenece a España, podría restarle fuerza.
Una encuesta de 40dB. para El País y la Cadena SER publicada en septiembre, mostró que el 63% de los españoles desaprobaba la respuesta de Sánchez a la crisis, mientras que Vox aparecía como el partido considerado más capaz de gestionar la inmigración.
También evidenció que el 70% de los consultados prefería endurecer los controles en las fronteras de España, aunque implicara el ingreso de personas vulnerables.
¿Cómo funciona el sistema político de España?
España es una monarquía parlamentaria, razón por la cual tiene a un jefe del Estado, el rey Felipe VI, y un presidente del Gobierno, en este caso Pedro Sánchez. El primero representa al Estado y el otro dirige al Ejecutivo.
El país, además, tiene un Parlamento o Cortes Generales integradoss por dos cámaras: la baja, llamada el Congreso de los Diputados, y la alta, el Senado.
En las elecciones generales del 29 de noviembre, los ciudadanos elegirán a los integrantes de ambas cámaras, aunque una parte de los senadores es designada por los parlamentos de las comunidades autónomas.
Al líder del Ejecutivo o presidente de Gobierno no lo escogen los españoles mediante voto directo, sino que lo define el Congreso de los Diputados.
El proceso es el siguiente: tras las elecciones, el rey Felipe VI propone a un candidato a la presidencia de Gobierno, pero el Congreso decide si le da su confianza para investirlo o, por el contrario, lo rechaza.
Para ser investido, necesita la mayoría absoluta en una primera votación o la mayoría simple en una segunda, celebrada 48 horas después.
No siempre el partido que tenga más escaños en el Congreso es el que “coloca” a un presidente de Gobierno, si cabe la expresión, sino el que también cuente con el apoyo de otras agrupaciones políticas.
En las elecciones generales de julio de 2023, el Partido Popular (PP), liderado por Alberto Núñez Feijóo, obtuvo más escaños que el PSOE. Sin embargo, no consiguió la confianza del Congreso en las votaciones de investidura de septiembre de ese año.
En cambio, en noviembre, Pedro Sánchez sí fue investido presidente, tras obtener el respaldo de una mayoría absoluta de diputados.
¿Por quiénes votarán en España el 29 de noviembre?
Los ciudadanos reciben dos papeletas. En papeleta del Congreso de Diputados, votan por un partido con una lista cerrada de candidatos, no por uno en específico. Los candidatos en los primeros lugares del listado tienen más opciones de obtener el cargo, dependiendo de los sufragios que reciba su agrupación política.
En la papeleta del Senado, la lista de candidatos es abierta, es decir, los ciudadanos pueden escoger directamente a quién los represente sin importar su lugar: votan por el individuo más que por la colectividad.
Ahora bien, los votos que recibe cada partido en el país, para el caso del Congreso de Diputados, no determinan cuántos escaños tendrá. Estos se calculan de manera diferente en cada una de las 52 circunscripciones —las de las 50 provincias, además de las de Ceuta y Melilla— con base en una fórmula matemática que data del siglo XIX: el método D’Hondt.
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