Bloomberg Línea — India podría constituirse como la cuarta potencia económica global si se cumplen las expectativas de que el PIB crezca un 7,4% al cierre del año fiscal 2025-26 con el impulso del sector servicios.
El gigante asiático prevé que la economía se expanda en un rango del 6,8 % al 7,2 % en el año fiscal 2026-27, según fue consignado en el Informe Económico (Economic Survey) del Gobierno.
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Se estima que el PIB de India escalará a los US$4,5 billones este año, según un reporte de la firma Austing Rating, basados en datos del Fondo Monetario Internacional (FMI).
En las cuentas del Gobierno indio está que para 2030 el PIB alcanzará los US$7,3 billones, con lo que espera sobrepasar a Alemania.
El país, que fue la colonia más importante del Imperio Británico hasta el siglo XX, se beneficiaría de una combinación de demografía, servicios avanzados, mercado interno inmenso, gobierno activo, mejora de las infraestructuras y oportunidad geopolítica.

“La India ha conseguido algo que durante décadas parecía exclusivo de las economías avanzadas: crecer con un sector servicios muy grande y una industria proporcionalmente más pequeña”, dijo a Bloomberg Línea Rafael Pampillón, profesor de Economía del IE Business School, en España.
Detalla que el PIB de la India crece gracias a las tecnologías de la información, servicios financieros, consultoría, centros de datos, plataformas digitales y un ecosistema de startups cada vez más sofisticado. “No se trata solo de exportar software; se trata de haber convertido a una masa enorme de jóvenes formados en las nuevas tecnologías en un motor económico brutal”.
En un mundo donde el conocimiento viaja más rápido que las fábricas, India ha apostado por el capital humano en el sector servicios.
Rafael Pampillón, profesor de Economía del IE Business School.
La escala de la India es otro factor diferencial.
Para el analista del IE Business School, India no crece solo porque innova, sino porque lo hace con más de 1.400 millones de personas. “Su mercado interno es un continente disfrazado de país”.
Asimismo, dice que el consumo doméstico, impulsado por una clase media en expansión, amortigua shocks externos y da continuidad al crecimiento incluso cuando el comercio global se ralentiza.
Según Pampillón, a diferencia de Japón, cuya economía madura lucha contra el envejecimiento, “India es joven, impaciente, ruidosa y habla inglés”. Esa demografía “es un activo, pero también un compromiso: si no se crean suficientes empleos, puede convertirse en una fuente de tensión social”.
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El giro del Estado

Rafael Pampillón también analiza que durante años, India fue sinónimo de “burocracia lenta y regulación asfixiante. Hoy, sin ser un paraíso de eficiencia, el Estado indio se ha vuelto más pragmático”.
Expone que el país ha invertido en infraestructura física (carreteras y autopistas, puertos, red ferroviaria, energía y proyectos multimodales que combinan aeropuerto, logística y conexiones terrestres) y digital (identidad electrónica, pagos instantáneos y otros servicios públicos online)
El resultado (de las inversiones en infraestructura física y digital) es una reducción de costes para las empresas que aumenta la productividad del país. No es una revolución ideológica, sino administrativa, y quizá por eso funciona.
Rafael Pampillón, profesor de Economía del IE Business School.
“India se volvió una potencia que ha venido creciendo en todo lo que tiene ver con la tecnología de punta, inclusive ya se acerca a ser uno de los competidores fuertes de EE.UU. en la producción de semiconductores y chips especialidados muy necesarios en todos los campos del desarrollo actual”, dijo a este medio en Colombia Luis Alberto Villamarín, analista internacional.
Asimismo, resaltó la expansión de las energías verdes lo convierten en un destino atractivo para los capitales extranjeros.
Otro punto revelante es que India se beneficia de la reconfiguración de las cadenas globales de valor.
Es así que muchas empresas, que buscan diversificar riesgos, encuentran en India un socio grande, relativamente estable y políticamente cercana a Occidente ya que, a diferencia de China, disfruta de un sistema político democrático. “Esta posición le da margen para atraer inversión extranjera directa”, dijo Rafael Pampillón.
¿Es sostenible el modelo indio de crecimiento?

Uno de los riesgos que percibe Pampillón es que el sector servicios, por sí solo, no puede absorber la enorme y creciente fuerza laboral.
Y considera que la industria manufacturera sigue siendo insuficiente para generar ese empleo masivo, especialmente para muchos trabajadores indios que por ahora son de baja cualificación.
“Es un ascenso impresionante, pero no inevitable ni irreversible”, en visión del analista español. “Quizá la mejor forma de entenderlo sea esta: India ha aprendido a crecer rápido; ahora el verdadero desafío es aprender a crecer bien. Y ese aprender a crecer bien, de forma permanente, es un camino difícil”.
Resiliencia de sus perspectivas
La consultora Oxford Ecnomics señaló en un informe de octubre que, aunque los aranceles de EE.UU. y una menor demanda global podrían restar hasta 0,5 puntos porcentuales al crecimiento de India en 2026, su economía sigue mostrando resiliencia gracias al peso de la demanda interna.
“Su economía, impulsada principalmente por la demanda interna, proporciona un colchón frente a las crisis comerciales”, expone.
Explicó además que los tres sectores exportadores de India más expuestos a EE.UU. representan menos del 10% de la producción manufacturera total.
La India también ha dado pasos de cara a una mayor integración con el comercio global y tras 18 años de negociaciones logró un acuerdo comercial con la Unión Europea.
De acuerdo Oxford Economics, la inversión en infraestructura apoyará la actividad económica, mientras que una mejora de los balances corporativos y un entorno de tasas más flexibles respaldaría una recuperación gradual de la inversión privada.
La consultora matizó que, pese a reformas tributarias favorables y a un impulso transitorio a los ingresos, la producción de bienes de consumo en India apenas supera los niveles prepandemia, “reflejando una demanda débil fuera de los bienes esenciales".
“La baja formalización del mercado laboral y la persistente desigualdad de ingresos continúan limitando el alcance y la amplitud del crecimiento del consumo”, explica Oxford.
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