El plan de austeridad radical de Colombia se enfrenta a un duro camino en el Congreso

Los banqueros de Cartagena ovacionaron de pie al ministro de Hacienda, Miguel Gómez, cuando este se comprometió a llevar a cabo los recortes presupuestarios más drásticos que se recuerdan en los últimos tiempos.

Sin la cooperación de los legisladores, resulta difícil imaginar cómo el equipo de De la Espriella podrá recortar lo suficiente como para reducir el déficit hasta el objetivo del 7,2 % del producto interior bruto el próximo año, desde la previsión actual del 9,4 %.
Por Oscar Medina - Nicolle Yapur

Bogotá — Ante lo que califica como la mayor crisis fiscal desde la independencia de Colombia hace dos siglos, el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella está haciendo todo lo posible por evitar subir los impuestos.

Los inversores acogen con entusiasmo su plan de austeridad radical. Los banqueros de Cartagena ovacionaron de pie al ministro de Hacienda, Miguel Gómez, cuando este se comprometió a llevar a cabo los recortes presupuestarios más drásticos que se recuerdan en los últimos tiempos.

PUBLICIDAD

Sin embargo, sigue existiendo un enorme obstáculo: un Congreso que no está en deuda con el nuevo presidente ni se muestra dispuesto a reducir el gasto en tal medida.

Sin la cooperación de los legisladores, resulta difícil imaginar cómo el equipo de De la Espriella podrá recortar lo suficiente como para reducir el déficit hasta el objetivo del 7,2 % del producto interior bruto el próximo año, desde la previsión actual del 9,4 %.

“Las cifras simplemente no cuadran”, afirmó Luis Fernando Mejía, director ejecutivo de Lumen Economic Intelligence. Esto podría suponer un problema para el reciente rendimiento superior del mercado del país.

PUBLICIDAD

Los activos colombianos se han disparado este año gracias al optimismo de que el nuevo Gobierno favorable a las empresas, que asumió el cargo hace un mes, reactivaría el crecimiento y controlaría el gasto. El plan del Gobierno es “muy favorable para los mercados”, pero la atención se está centrando ahora en si será capaz de cumplirlo, señaló Diego Pereira, economista jefe de J.P. Morgan para la región andina.

Los recortes en el gasto son “básicamente el principal punto de tensión que vamos a observar de cara al futuro en lo que respecta a la coordinación y al margen de maniobra que el Congreso otorgue al nuevo Gobierno”, afirmó Pereira la semana pasada en un evento en línea.

De la Espriella muestra abiertamente su desprecio hacia la clase política tradicional de Colombia. Sin embargo, ahora tendrá que llegar a acuerdos con los mismos políticos a los que lleva años atacando, señaló Pedro Viveros, analista político afincado en Bogotá.

“El debate presupuestario será una prueba de fuego, y no veo una estrategia para mantener las mayorías en el Congreso”, señaló Viveros. “Les esperan bastantes sorpresas”.

PUBLICIDAD

La mayoría de los partidos se han sumado a la coalición, pero es posible que se muestren reacios ante recortes de gasto impopulares de esta magnitud.

Medidas como el despido de funcionarios públicos o la reducción de los subsidios al combustible serán sin duda impopulares, y el debate supondrá una prueba de fuego para las dotes políticas de De la Espriella, según el exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas.

“Vamos a ver el verdadero ADN de este Gobierno, hasta la propia presidencia”, afirmó Cárdenas en una entrevista con El Tiempo. “Un ajuste de esta magnitud no puede llevarse a cabo sin que el presidente lo impulse”.

El nuevo Gobierno está solicitando al Congreso que apruebe un plan de gasto de 200 000 millones de dólares para el próximo año, al que denomina “El presupuesto de la verdad” y que reconoce los pasivos omitidos en la contabilidad del Gobierno anterior.

Sentido de la urgencia

Muchos diputados no comparten el sentido de urgencia del Gobierno respecto a la situación fiscal y es probable que aprueben recortes menores de lo que desea Gómez, señaló Viveros. Algunos diputados progubernamentales abandonaron un debate sobre el presupuesto de 2027 después de que Gómez no se presentara, acusándole de faltarle al respeto al Congreso.

El mensaje parece haber calado. Gómez pospuso un viaje previsto a Nueva York y Washington —donde tenía previsto captar inversores, dado que Colombia se prepara para recaudar hasta 25 000 millones de dólares de prestamistas extranjeros el próximo año— para poder comparecer ante los legisladores. El Congreso sigue a la espera de detalles sobre dónde se aplicarán los recortes.

Propone recortes de gasto equivalentes a 2,2 puntos porcentuales del PIB el próximo año, lo que probablemente resultará impopular entre muchos votantes a medida que se vayan conociendo los detalles.

Algunos analistas ven la posibilidad de que el reciente repunte del mercado colombiano se desvanezca.

“Dado que el Gobierno descarta subidas de impuestos, el ajuste tendrá que producirse en el lado del gasto, lo que resultará difícil”, señaló Kimberley Sperrfechter, de Capital Economics. “La consecuencia es que la fuerte caída de la prima de riesgo de los activos colombianos provocada por su victoria electoral podría revertirse”.

Los tenedores de bonos extranjeros vendieron el mes pasado 2,2 billones de pesos (706 millones de dólares) en bonos locales colombianos, según datos del Ministerio de Hacienda.

Agujero fiscal

Gómez sorprendió a los inversores este mes al advertir de que, si no se toman medidas, el déficit presupuestario superaría el año que viene incluso el nivel alcanzado en el punto álgido de la pandemia de la COVID-19. Los bonos colombianos se desplomaron tras sus declaraciones, aunque desde entonces han recortado pérdidas.

“Los mercados necesitan ver un plan de ajuste fiscal plurianual creíble”, afirmó Mejía. “Aunque el Gobierno insiste en que no subirá los impuestos, la magnitud del problema fiscal es tal que las cuentas, sencillamente, no cuadran”.

Incluso si Gómez consigue todo lo que desea en el Congreso, es probable que el déficit “supere considerablemente” las previsiones anteriores, escribieron los analistas de Fitch —entre ellos Todd Martínez, director sénior de deuda soberana— en una nota publicada el martes. El plan del Gobierno también podría enfrentarse a “resistencia política y a una dilución de sus medidas”, añadieron.

El agujero fiscal se agravó bajo el mandato de Gustavo Petro, quien gobernó desde 2022 hasta el mes pasado. Los ingresos fiscales fueron insuficientes, mientras que el gasto se mantuvo elevado, y un ministro de Hacienda dimitió después de que Petro se resistiera a aplicar recortes más profundos. Posteriormente, su Gobierno suspendió la regla fiscal diseñada para mantener el endeudamiento bajo control, lo que contribuyó a nuevas rebajas de la calificación de la deuda colombiana, ya clasificada como “basura”.

Una posible ventaja es la renovación de las relaciones de Colombia con EE. UU. El presidente Donald Trump respaldó a De la Espriella durante las elecciones, y los lazos con Washington se han caldeado notablemente tras haberse deteriorado bajo el mandato de Petro. Unas relaciones más estrechas podrían ayudar a Colombia a atraer inversiones y a obtener financiación de prestamistas multilaterales, aunque Gómez ha descartado solicitar un paquete de rescate del Fondo Monetario Internacional.

El nuevo Gobierno afirma que la situación que ha heredado era significativamente peor de lo que sugerían las cifras oficiales, y señala las obligaciones pendientes con los proveedores de asistencia sanitaria y electricidad que, según afirma, no se reflejaban íntegramente en las cuentas.

Algunos economistas sospechan que el nuevo Gobierno también está reconociendo tantas malas noticias como sea posible desde el principio, cuando aún puede atribuir gran parte del deterioro a Petro. De ser así, las necesidades de financiación finales de Colombia podrían resultar menores de lo que sugieren las proyecciones iniciales del Gobierno.

“No es que la situación no sea complicada, pero también hay incentivos para mostrar el panorama más desfavorable posible en este momento”, afirmó Alejandro Arreaza, analista de Barclays.

PUBLICIDAD

Temas de este artículo