Bloomberg Línea — La pesada deuda hace extremadamente compleja cualquier reestructuración en Venezuela, advirtió en un reporte el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), la asociación global del sector financiero.
“Los importantes intereses impagos y una deuda elevada y compleja en relación con una economía débil, harían extremadamente desafiante cualquier reestructuración”, según un informe firmado por María Paola Figueroa y Martín Castellano, de IIF.
A pesar de las subidas recientes de los bonos soberanos venezolanos, estas anclas limitan la recuperación a largo plazo de la deuda. “Las restricciones estructurales mantienen la incertidumbre sobre las valoraciones a largo plazo”.
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Moody’s calculó en un reporte que los montos adeudados por concepto de intereses no pagados sobre los bonos globales alcanzan los US$22.100 millones.
A eso se suman otros US$15.100 millones correspondientes al principal no amortizado, lo que lleva el total acumulado de atrasos a US$37.200 millones.
“Estos valores continuarán acumulándose hasta la conclusión de una reestructuración integral”, según Moody’s.
Avanzan los bonos en medio de dudas

Los bonos soberanos de Venezuela y los títulos emitidos por la estatal petrolera PDVSA han registrado una apreciación de más de 30% esta semana, impulsados por un cambio repentino en el panorama político del país.
“Los activos de Venezuela han sido algunos de los de mejor desempeño desde que la administración Trump asumió el cargo en enero de 2025, duplicando su valor en los últimos 12 meses”, dijeron en una nota Brendan McKenna y Azhin Abdulkarim, analista de Wells Fargo (WFC).
A pesar del avance, los analistas del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) dicen que los bonos soberanos venezolanos y los títulos de de PDVSA siguen “en mora desde hace mucho tiempo y profundamente afectados”.
Tras las recientes acciones militares que resultaron con la captura de Nicolás Maduro, “los inversionistas reevaluaron las perspectivas de recuperación y anticiparon cambios en las políticas que podrían permitir la reestructuración de la deuda”, indicaron las analistas.
Detallaron que luego de años de valoraciones muy deprimidas, los mercados están ahora valorando una mayor probabilidad de que se produzcan avances en la reestructuración.
Esto se produciría ante cierta relajación de las restricciones y una mejora de la capacidad de pago si la producción de petróleo se estabiliza y se recupera.
No obstante, los desafíos estructurales se mantienen en medio de la transición política en el país.
Perfil crediticio estancado

El perfil crediticio soberano de Venezuela permanece estancado en una zona de alto riesgo.
Desde que el país incurrió en default en noviembre de 2017, los compromisos impagos continúan en expansión sin señales de resolución en el horizonte.
Moody’s advirtió que el perfil crediticio de Venezuela sigue siendo frágil, con una carga de impagos acumulados desde 2017 que continúa en aumento y sin avances concretos hacia una reestructuración.
“Continuamos asignando una calificación C con perspectiva estable a un número limitado de bonos sénior no garantizados en moneda extranjera, reflejando el default prolongado y la falta de progreso en la reestructuración de la deuda”, según el informe de Moody’s.
Moody’s mantiene la calificación más baja posible dentro de su escala para ciertos instrumentos de deuda venezolana.
Se requiere “una estabilización creíble”

Mayor estabilidad tras la transición y una mejora paulatina en la confianza de los inversionistas podría impulsar la producción petrolera de Venezuela hasta 1,5–2 millones de barriles diarios en los próximos dos años, según María Paola Figueroa y Martín Castellano, de IIF.
Explicaron que alcanzar a mediano plazo los niveles históricos de 3–3,5 millones de barriles diarios requeriría reformas profundas y fuertes inversiones.
Para los analistas, “las mejoras en la oferta dependen de una estabilización creíble en medio de riesgos estructurales y de política”.
En la actualidad, según las cifras presentadas en el informe, las exportaciones siguen concentradas principalmente en China (80%) y, en menor medida, en Estados Unidos (16%) vía Chevron (CVX), mientras las sanciones continúan restringiendo los canales informales.
Un mayor entendimiento político con Washington podría redirigir parte del crudo hacia refinerías estadounidenses, con alta demanda de crudos pesados.
Para los mercados, el foco está en si la transición deriva en un proceso creíble de estabilización y reformas o si las tensiones políticas e institucionales frenan ese potencial.
La fragmentación del poder, la incertidumbre regulatoria y la ambigüedad sobre las sanciones elevan el riesgo y desalientan inversiones de gran escala, señalaron desde el IIF.
A esto se suman serias limitaciones operativas ante una infraestructura deteriorada, años de falta de inversión y pérdida de capacidades técnicas.
Incluso con un entorno político más favorable, estos factores hacen prever una recuperación lenta, irregular y vulnerable a retrocesos, especialmente si los precios del petróleo se mantienen en niveles moderados, comentaron en el reporte.
En visión de los analistas, aunque existe un potencial alcista de mediano y largo plazo para la oferta venezolana, “el balance de riesgos apunta a una recuperación gradual y condicionada, más que a una normalización rápida, con la posibilidad de nuevos retrocesos si se intensifican las fricciones políticas o de política pública”.
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