Bloomberg Línea — “Vienes a Venezuela, ¿sí? Ya invertí en cuatro empresas”. La respuesta, que Esteban Torbar asegura haber recibido de algunos inversores con los que se ha encontrado en los últimos meses, resume una de las señales que observa en el ecosistema emprendedor venezolano: el interés por entrar en un mercado que todavía tiene problemas por resolver, pero donde también hay oportunidades para desarrollar negocios con tecnología.
El organizador del Startup Venezuela Summit dice que algunos de esos inversores ya habían comenzado a invertir en compañías venezolanas antes de que el encuentro se convirtiera en una referencia para la comunidad tecnológica. Otros apenas están empezando a explorar el mercado, incluidos fondos con estructuras más institucionales que, según Torbar, comienzan a considerar al país dentro de sus estrategias de inversión.
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La diferencia importa en un ecosistema que busca pasar de las primeras historias de éxito a una dinámica capaz de atraer capital de forma sostenida. Para Torbar, el atractivo de Venezuela está en la combinación de necesidades todavía desatendidas, una competencia limitada en determinados sectores y consumidores dispuestos a adoptar soluciones tecnológicas. El reto consiste en convertir esas condiciones en empresas sostenibles y en oportunidades de inversión.
“Cuando vienen los inversionistas para acá, una de las cosas que les sorprende es que mucha gente no había emprendido antes de eso. Entonces, hay pocos emprendimientos. Y los inversionistas dicen: si hay tantas oportunidades y tantos problemas que arreglar, ¿por qué hay pocas personas?”, relató durante la primera conferencia de cara a la sexta edición del Startup Venezuela Summit.
¿Cuándo es el Startup Venezuela Summit 2026 y quiénes participan?
La presencia del empresario británico Richard Branson en esta edición, cuyo acceso a su conferencia se agotó rápidamente, busca reforzar esa conexión entre experiencia internacional y nuevas generaciones de emprendedores.
Torbar lo presenta como una figura capaz de inspirar a quienes están comenzando, aunque subraya que la convocatoria internacional no se construyó de un día para otro, sino sobre la trayectoria de las cinco ediciones anteriores.
Durante el encuentro, que se celebrará del 21 al 23 de octubre, también participarán otras grandes voces como Adriana Cisneros, CEO del Grupo Cisneros, y quien encabeza una iniciativa para recaudar un fondo de capital privado de US$1.000 millones destinado a la recuperación de Venezuela, así como Pedro Vallenilla, CEO y co-fundador de Cashea.
Más allá de los nombres que participarán en el encuentro, el interés de los inversores responde a condiciones que Torbar considera particulares del mercado venezolano. Una de ellas es la escasez de compañías tecnológicas en determinados sectores, una circunstancia que, lejos de representar necesariamente una debilidad, puede abrir oportunidades para quienes buscan entrar temprano y desarrollar negocios con margen de crecimiento.
Su argumento parte de una economía que, a su juicio, ha experimentado cambios en sus condiciones de funcionamiento durante los últimos cinco años, lo que ha permitido que algunos emprendimientos tecnológicos encuentren modelos de negocio más sostenibles.
A esto suma el comportamiento del consumidor venezolano, al que describe como un adoptante temprano de productos digitales, y la disponibilidad de medios de pago que facilitan la incorporación de tecnología a las transacciones cotidianas.
Esa combinación, afirma, permite a las startups probar soluciones y captar clientes sin tener que invertir tanto capital como necesitarían en mercados más competitivos.
¿En qué sectores ven oportunidades los inversores en Venezuela?
El sector financiero es uno de los ejemplos que utiliza para ilustrar el potencial. Torbar señala que la intermediación financiera venezolana tiene un peso inferior a 5% del producto interno bruto (PIB), frente a un promedio regional que sitúa en torno a 50%.
La comparación, que no presentó acompañada de una fuente estadística durante la conferencia, sirve como referencia de la brecha que percibe en el desarrollo de servicios financieros.
En ese espacio, el crecimiento de Cashea, una plataforma de compra ahora y pago después, muestra cómo una compañía puede aprovechar necesidades de financiamiento desatendidas para construir un negocio de base tecnológica.
Pero Torbar insiste en que una empresa no agota las posibilidades de un mercado: también identifica oportunidades en pagos, remesas y sistemas que faciliten las transferencias.
La lista se extiende a logística, salud, educación, energía y consumo masivo. En este último sector, el organizador considera que existe espacio para nuevas marcas y productos que amplíen la oferta disponible.
En energía, las deficiencias del servicio eléctrico representan un problema para las empresas, pero también pueden impulsar soluciones de actores que no pertenecen a los sectores tradicionales.
La oportunidad, sin embargo, no elimina el riesgo. Torbar reconoce que una inversión puede fracasar por múltiples razones y que las startups necesitan algo más que una idea atractiva: deben identificar un mercado suficientemente grande, conseguir capital, incorporar talento, captar clientes y ejecutar su estrategia. En Venezuela, además, las fallas eléctricas siguen siendo una limitación que los emprendedores no siempre pueden resolver por sí mismos.
25 fondos de inversión y un ecosistema startup en expansión
La expectativa alrededor del encuentro también refleja la evolución de una comunidad que comenzó a organizarse en 2023, cuando todavía eran pocas las empresas tecnológicas que servían de referencia para quienes querían emprender en Venezuela.
En aquella primera edición, recuerda Torbar, participaron 10 invitados internacionales, entre ellos alrededor de cuatro inversores. La sexta edición contará con cerca de 40 invitados internacionales, 25 fondos de inversión y más de 35 empresas de base tecnológica que apoyan la iniciativa, cifras que el organizador presenta como indicadores del crecimiento del ecosistema.
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A lo largo de las cinco ediciones anteriores, el encuentro ha reunido a más de 3.000 personas y más de 500 ponentes, según sus estimaciones. Torbar calcula que unas 40 startups han recibido financiamiento o mentoría gracias a su participación en esta comunidad, aunque no ofreció un desglose de las rondas cerradas ni de los montos invertidos.
Sí aseguró que las inversiones vinculadas al ecosistema ya se miden en millones de dólares y que el proceso para captar capital se ha acelerado. Según su estimación, el tiempo que un emprendimiento necesitaba para conseguir financiación se ha reducido al menos a la mitad, frente a una dinámica anterior que podía exigir numerosas reuniones, llamadas y presentaciones antes de convencer a un inversor.
Uno de los indicadores que considera más relevantes es la incorporación de fondos con estructuras institucionales. Torbar afirmó que uno de los fondos participantes ya cuenta con autorización para incluir a Venezuela en su tesis de inversión, un paso que, según dijo, no habían observado anteriormente en el ecosistema.
No identificó al fondo ni precisó el alcance de esa autorización, por lo que la señal apunta a un cambio de interés, pero no permite determinar cuánto capital está disponible para el mercado venezolano.
La velocidad también importa en el capital de riesgo, un sector en el que los inversores buscan compañías capaces de crecer con rapidez. Torbar sostiene que algunos fondos y gestores tienen mayor autonomía para decidir dónde invertir, mientras que otros deben responder a estructuras institucionales y procesos de aprobación más complejos. La presencia de ambos perfiles en el encuentro, afirma, permite conectar a los emprendedores con distintos tipos de capital.
Aun así, el organizador advierte que el ecosistema necesita una mayor implicación de las grandes empresas venezolanas. Algunas ya incorporan tecnología a sus operaciones o colaboran con startups para mejorar sus servicios, pero considera que todavía falta desarrollar con mayor profundidad el capital de riesgo corporativo, mediante unidades dedicadas a invertir en emprendimientos.
Empresas como Empresas Polar, Farmatodo y Santa Teresa forman parte de las conversaciones previstas en el Summit sobre innovación dentro de organizaciones consolidadas. Para Torbar, la participación empresarial puede contribuir a que las startups encuentren clientes, canales de distribución y socios estratégicos, además de financiación.
La diáspora como acelerador
Otra de las señales que identifica Torbar es la reconexión de los emprendedores venezolanos que construyeron sus carreras fuera del país. Muchos se marcharon en años anteriores por motivos familiares, de seguridad o por las condiciones económicas, pero desarrollaron experiencia trabajando en otras startups, accedieron a redes internacionales y conocieron modelos de negocio que ahora pueden trasladar a Venezuela.
El organizador considera que esa trayectoria puede acortar el tiempo que necesita el ecosistema para madurar. En lugar de esperar a que una nueva generación adquiera experiencia exclusivamente dentro del país, Venezuela puede aprovechar el conocimiento acumulado por quienes emprendieron en otros mercados y están dispuestos a invertir, asesorar o regresar.
Como ejemplo, menciona a emprendedores venezolanos que han alcanzado posiciones relevantes en compañías internacionales y que posteriormente se han incorporado a iniciativas locales como asesores o potenciales inversores. Esa conexión, sostiene, permite que el ecosistema no dependa únicamente del desarrollo de talento dentro de sus propias fronteras.
Torbar cree que, si esa dinámica continúa, Venezuela podría contar en cinco años con uno de los ecosistemas de emprendimiento más activos de América Latina. Se trata de una proyección del organizador, condicionada a que el interés se traduzca en nuevas empresas, inversión y capacidades para sostener su crecimiento.
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Para el organizador, el valor del Summit no se limita a los tres días de conferencias. La apuesta es consolidar una comunidad en la que emprendedores, inversores, empresarios y mentores puedan establecer relaciones que continúen después del evento.
“Hay una sola palabra que para nosotros es la base de todo lo que hacemos y es confianza”. Esa confianza, añade, se construye mediante encuentros presenciales, conversaciones y relaciones que permitan conocer a las personas más allá de una presentación o una reunión virtual.












