Bloomberg Línea — Deutsche Bank cree que la economía global entra en una fase definida por una tensión cada vez más profunda entre dos fuerzas opuestas: el deterioro de la deuda soberana y el potencial de la inteligencia artificial para impulsar la productividad. Para el banco alemán, el resultado de ese choque definirá el crecimiento, los mercados y las estrategias de inversión durante el resto de la década.
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Galina Pozdnyakova y Luke Templeman, analistas de Deutsche Bank, sostienen que “la característica definitoria de los próximos 5 años para las economías desarrolladas será la tensión entre tecnología y déficits soberanos”.
El informe añade que la pregunta central es si “los beneficios de productividad de la tecnología de IA pueden superar la carga de los crecientes déficits soberanos”.
El diagnóstico del banco parte de un modelo que analiza casi 100 variables económicas, financieras y sociales para medir el impacto sobre el crecimiento, la inflación y los mercados de seis grandes megatendencias: tecnología; déficits y deuda soberana; geopolítica y globalización; política doméstica y descontento social; demografía y disrupción y transición energética.
El resultado es una señal poco habitual: el mundo enfrenta hoy una combinación de presiones negativas que Deutsche Bank sólo compara con las crisis petroleras de los años 70 y el inicio de la crisis financiera de 2008.
La conclusión tiene implicaciones directas para los inversionistas, porque el banco considera que el escenario base de crecimiento moderado y estabilidad financiera probablemente sea incorrecto.
Según el informe, los mercados se encaminan hacia uno de dos extremos: una expansión impulsada por productividad y tecnología o un período prolongado de bajo crecimiento marcado por deuda elevada, tensiones políticas y volatilidad.
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La inteligencia artificial frente al peso de la deuda
El informe sostiene que el deterioro fiscal es hoy la mayor amenaza estructural para las economías desarrolladas. Deutsche Bank advierte que “de todos los seis megatendencias, la más preocupante es la de los déficits soberanos” y prevé que el problema se intensifique durante el resto de la década.
La entidad destaca que la deuda pública de Estados Unidos podría aumentar desde cerca de 100% del PIB hasta 120% en 2036, mientras buena parte del G20 enfrenta una caída de la población en edad de trabajar. El informe señala que 68% del PIB mundial proviene de 12 países del G20 con poblaciones laborales en declive.
Ese deterioro fiscal no aparece aislado. Deutsche Bank considera que el envejecimiento demográfico y el aumento del descontento político amplifican el problema, porque elevan la presión sobre el gasto público y favorecen políticas fiscales más expansivas. El banco advierte que el crecimiento del apoyo a movimientos populistas puede aumentar la deuda “sin considerar las consecuencias de largo plazo”.
Frente a ese escenario, la inteligencia artificial se convierte en la principal variable capaz de cambiar la trayectoria económica. Pozdnyakova y Templeman afirman que “la tecnología es la forma más importante, más probable (y quizás la única) de que el mundo pueda luchar y vencer contra esta y otras megatendencias negativas”.
La tesis del banco no se limita al entusiasmo tecnológico. El informe conecta directamente el avance de la IA con la productividad, un factor que históricamente ha determinado los grandes períodos de expansión económica.
Deutsche Bank señala que “cada vez que nuestro indicador tecnológico se ha acelerado hacia un pico, el crecimiento de la productividad se ha acelerado fuertemente”.
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Ese vínculo explica por qué el banco cree que el actual ciclo tecnológico puede terminar siendo más profundo que el boom de internet de los años 90. A diferencia de aquella etapa, hoy la tecnología avanza mientras varias megatendencias actúan en contra del crecimiento. Eso obliga a que la IA tenga un impacto mucho mayor para compensar el deterioro fiscal y demográfico.
El informe sostiene que “si un boom tecnológico va a ayudar a rescatar el malestar de la economía mundial, quizá tenga que trabajar incluso más duro para superar las otras megatendencias”.
Cómo cambia la estrategia de inversión
Ese choque entre productividad y deuda modifica la forma en que Deutsche Bank evalúa activos, riesgos y refugios financieros. El banco considera que los inversionistas deben prepararse para una etapa de mayor volatilidad, donde los shocks externos tendrán efectos más intensos sobre inflación, tasas y valuaciones.
La entidad afirma que “los inversionistas y corporativos deberían prepararse para un boom de productividad o una severa y prolongada desaceleración”.
Ese escenario favorece activos vinculados a innovación, tecnología y capacidad de adaptación corporativa. Deutsche Bank recomienda exposición a acciones estadounidenses, especialmente en industrias intensivas en conocimiento como tecnología, medios, telecomunicaciones y salud. También ve ventajas en empresas con barreras de entrada sólidas, cobertura geopolítica natural y modelos capaces de sostener inversión en capital.
El banco considera además que la normalización de tasas de interés cambia las dinámicas de mercado que dominaron durante más de una década. Según el informe, las megatendencias vuelven a influir de manera directa sobre economías y bolsas después de años en los que las tasas extremadamente bajas ocultaron buena parte de esos efectos estructurales.
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Ese retorno también altera la percepción sobre los activos refugio. Deutsche Bank advierte que las coberturas tradicionales han perdido efectividad en los principales episodios de tensión recientes. El informe sostiene que “desde 2020, la combinación de seis activos refugio clave ha fallado durante más períodos de tiempo de los que ha funcionado”.
Entre ellos evaluó el oro, el dólar estadounidense, el franco suizo, el yen japonés, los Tesoros a 10 años y los bunds a 10 años.
La advertencia tiene implicaciones importantes porque el banco cree que la volatilidad fiscal puede afectar incluso a los bonos soberanos y al dólar. El informe anticipa ventas impredecibles en deuda pública y considera que algunos activos históricamente defensivos podrían comportarse cada vez más como activos de riesgo.
Deutsche Bank también identifica oportunidades en mercados privados, infraestructura y activos descorrelacionados, en parte porque los inversionistas buscarán reducir exposición a la volatilidad de mercados públicos. El banco considera que el capital privado tendrá un papel creciente en la financiación de sectores estratégicos, especialmente en Europa.
Un mundo menos estable
El informe sostiene que los mercados aún subestiman hasta qué punto cambió el entorno económico tras el fin de las tasas ultra bajas.
Deutsche Bank considera que muchos inversionistas siguen asumiendo un escenario de crecimiento relativamente estable, inflación controlada y retornos promedio, pese a que las señales estructurales apuntan hacia una economía mucho más sensible a shocks políticos, fiscales y geopolíticos.
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La entidad cree que esa transición ya comenzó. El modelo del banco muestra que el número de megatendencias que hoy contribuyen positivamente al crecimiento se encuentra cerca de mínimos históricos, una situación que anteriormente coincidió con períodos de fuerte deterioro económico.
Al mismo tiempo, Deutsche Bank observa algunas señales de estabilización. Cuatro de las seis megatendencias mejoraron durante los últimos 12 meses, impulsadas principalmente por el avance de la inteligencia artificial y el aumento de inversión en infraestructura tecnológica y energía.
Ese equilibrio todavía es frágil, porque la tesis central del banco depende de que la adopción de IA se acelere lo suficiente para compensar el deterioro de la deuda y la demografía. Pozdnyakova y Templeman sostienen que “para 2030, nuestro indicador tecnológico se acelerará más allá de los niveles vistos durante el boom tecnológico de los años 90”.
La magnitud de ese cambio es la que, según el banco, terminará definiendo si la economía global entra en una nueva etapa de expansión o en un período más prolongado de estancamiento y presión fiscal.