El desacuerdo en la Reserva Federal tiene una finalidad útil

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Jerome Powell
Por Consejo Editorial de Bloomberg Opinión
16 de diciembre, 2025 | 06:32 AM

Los responsables de la política monetaria de la Fed no fueron unánimes en la votación sobre el recorte de un cuarto de punto en las tasas de interés de la semana pasada, y esto es algo positivo.

Las perspectivas económicas son más inciertas de lo habitual, y los riesgos llevan al banco central en direcciones opuestas. El hecho de que haya diferencias de opinión en estas circunstancias es saludable. En poco tiempo, podría ser vital.

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Pese a la incertidumbre económica, los inversionistas habían descontado decididamente una tercera rebaja en tres meses, hasta situar la tasa en un rango del 3,5% al 3,75%. Ello se debió sobre todo a que la Fed les había dado motivos para darlo por hecho.

Esta certeza no ayuda en absoluto ante tantas señales económicas contradictorias: una inflación que se mantiene por encima del objetivo, la persistente confusión sobre los aranceles del Gobierno, la ausencia de datos (debido al cierre de la Administración), un mercado bursátil en auge y los indicios de debilitamiento del mercado laboral.

En consonancia con esta realidad, tres miembros con derecho a voto del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) mostraron su desacuerdo, uno de ellos a favor de una mayor reducción y dos a favor de no realizar ningún cambio. Otros cuatro funcionarios sin derecho a voto también manifestaron su “desacuerdo moderado”, indicando su preferencia por mantener la tasa tal y como estaba.

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Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, afirma que la nueva tasa de política monetaria es actualmente bastante neutral, lo que implica que no influye ni a favor ni en contra de la demanda en la economía. No obstante, esta tasa “neutral” también es incierta. (De acuerdo con el nuevo resumen de proyecciones económicas de la Fed, los funcionarios la sitúan entre el 2,5% y el 4%).

Tasas de interés EE.UU.

Con la inflación aún por encima del objetivo, probablemente habría tenido más sentido mantener una política ligeramente restrictiva. Aun así, lo cierto es que este ajuste adicional de un cuarto de punto porcentual no fue, en sí mismo, relevante.

Lo importante, a medida que llega nueva información, es que el banco central mantenga, y se entienda que mantiene, una actitud receptiva. El desacuerdo manifiesto entre los responsables de la política monetaria contribuye a este propósito.

Para ser justos, la Reserva Federal ha sido notablemente clara en un aspecto: con un único instrumento principal de política macroeconómica, no puede lograr dos objetivos que vayan en direcciones opuestas.

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En gran parte debido a los aranceles, existe un riesgo alcista para la inflación. Entre tanto, la ralentización de la contratación apunta a un riesgo bajista para el empleo, y se teme que las estadísticas oficiales estén subestimando el problema.

Estas señales de posible estanflación ponen al banco central en una situación difícil. Su doble mandato de precios estables y máximo empleo le obliga a evaluar qué riesgo es mayor, y, por el momento, no hay una respuesta clara.

A partir de este momento, su situación se agravará. El mandato de Powell como presidente finalizará en mayo, y los inversionistas están cada vez más inquietos por saber quién será su sucesor.

La Casa Blanca les ha dado razones para temer que el próximo líder del banco central sea nombrado en función de su lealtad y su disposición a reducir drásticamente la tasa de interés, sin importar los datos que se presenten.

En consecuencia, esto podría desestabilizar las expectativas inflacionarias, elevar las tasas de interés a largo plazo y generar inestabilidad en los mercados financieros.

Cabe esperar que quien sea elegido sea consciente de este riesgo y, una vez nombrado, priorice el interés público por encima de las directrices de la Casa Blanca.

Resultaría útil que los demás responsables políticos de la Reserva Federal adoptaran la costumbre de mostrar abiertamente su desacuerdo con la postura del presidente cuando no estén de acuerdo con sus argumentos.

La idea de que un consenso aparente potencia la credibilidad del banco central siempre ha sido equivocada. En la siguiente etapa de la evolución de la Reserva Federal, podría resultar peligrosa.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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