El triste declive de Tulum es una advertencia para México

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El Aeropuerto Internacional Felipe Carrillo Puerto en Tulum. Fotógrafo: Koral Carballo/Bloomberg
Por Juan Pablo Spinetto

Hubo un momento, alrededor de 2015 o 2016, en que Tulum era la ciudad más genial del mundo.

Todas las revistas de moda parecían promocionar el paraíso playero de aguas turquesas de la costa caribeña mexicana como la meca de los creadores de tendencias globales. El “estilo Tulum” llegó a describir una estética distintiva: telas fluidas, lino y ganchillo, colores neutros, pies descalzos, artesanía tradicional, que fusionaba ideales rústico-chic, ecologistas y de espíritu libre con el estilo boho-luxe del momento.

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Esta efervescencia alcanzó su punto álgido en julio de 2018, cuando Vogue puso a la reina del modelaje, Gisele Bündchen, en su portada, fotografiada en la selva tropical de Tulum con un vestido estampado floral de Ralph Lauren y presentada como una “guerrera climática”. El titular que la acompañaba era deliciosamente provocador: “Gisele: Madre Tierra, ecoactivista, superestrella de la moda”. Así llegó el momento cumbre de Tulum.

Una década después, aquella versión utópica de la antigua ciudad maya, que prometía lujo ornamental, vistas paradisíacas y una dosis de purificación espiritual, ha desaparecido por completo. Hoy en día, Tulum se enfrenta a la sobreexpansión, la inseguridad, la infraestructura deficiente, la especulación inmobiliaria y una plaga de sargazo.

Los turistas huyen a destinos menos pretenciosos: el número de visitantes se desplomó a unos 115.000 en julio, casi un tercio por debajo del nivel de dos años antes, mientras que la ocupación hotelera ha promediado apenas el 64% en lo que va del año, nueve puntos porcentuales por debajo de 2025.

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Tulum

Aunque todos los importantes destinos turísticos de México, desde Cancún hasta Puerto Vallarta, están atravesando momentos difíciles a causa del encarecimiento de los billetes de avión, la fortaleza del peso y la crisis de las algas sargazo, los problemas de Tulum parecen ser más profundos.

Después de todo, se trata de un destino “boutique” que no ha sido capaz de hacer frente a su propio auge de popularidad. Todavía carece de servicios básicos, como sistemas adecuados de abastecimiento de agua y alcantarillado, y se enfrenta a problemas como el mal estado de las calles, los asentamientos irregulares y la actividad del narcotráfico.

El resultado es triste, pero previsible, para un destino que debería haberse resistido al modelo de crecimiento a cualquier precio.

Tras visitar Tulum por primera vez en 2001, cuando no era más que un destino bucólico y alejado de todo, con campamentos de playa de ambiente relajado y unos 7.000 habitantes, he sido testigo de cómo su sobreexplotación se ha transformado en un ejemplo escalofriante de lo que puede ocasionar un desarrollo mal planificado.

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Tulum cuenta ahora con más de 75.000 habitantes, un impresionante aumento del 61% desde 2020, aunque su extensión urbana se ha multiplicado varias veces desde mi viaje de mochilero, lo que la convierte en una de las zonas urbanas de más rápido crecimiento del país.

Un estudio del Gobierno de 2023 estimaba que, para 2050, la población de Tulum, junto con la del municipio vecino de Felipe Carrillo Puerto, podría superar los 716.000 habitantes.

No soy un fanático del decrecimiento, y entiendo que un mayor número de visitantes es, en última instancia, una señal de aprobación. No obstante, nada bueno puede resultar de una expansión tan anárquica.

Algunos podrían argumentar que las dificultades de Tulum son casi inevitables dada la creciente demanda y las históricas dificultades de México con la planificación urbana . Después de todo, pueblos menos glamorosos en todo el país sufren carencias similares de servicios básicos. Al menos Tulum crea empleos y actividad económica.

Incluso si aceptamos ese argumento, hay algo que falla gravemente en una localidad que acoge cada vez más proyectos inmobiliarios y comerciales sin mostrar apenas respeto por la normativa legal ni por el daño medioambiental.

Con Cancún, el centro neurálgico del turismo de masas de la región, a solo 80 millas (128,7 km) al norte, Tulum podría haber seguido un modelo de expansión más moderado y sostenible.

Los problemas se habían estado gestando durante años, desde disputas territoriales y una especulación inmobiliaria desenfrenada hasta precios abusivos diseñados para explotar a turistas ingenuos y la lenta apropiación de playas públicas por parte de promotores locales. Le siguieron clubes nocturnos y festivales de música electrónica.

Para 2019, una serie de farmacias habían surgido a lo largo de la carretera principal de la costa, atendiendo a estadounidenses que buscaban medicamentos legales sin receta. Parecía el principio del fin; el paraíso bohemio y elegante con manifiestos ecologistas ya se estaba convirtiendo en algo mucho menos etéreo.

La controvertida decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de construir un aeropuerto internacional exclusivo en medio de la selva, mientras su administración también desarrollaba la línea del Tren Maya que conecta Tulum con el enorme aeropuerto de Cancún, impulsó la estrategia de atraer cada vez más turistas.

No obstante, el aeropuerto, con una capacidad inicial de 5,5 millones de pasajeros anuales, no ha despegado del todo, literalmente.

Inaugurado para operaciones comerciales a finales de 2023, está teniendo dificultades para atraer pasajeros, con una caída del tráfico de casi el 34% en lo que va del año en comparación con 2025, y dos aerolíneas locales, Aeroméxico y Volaris, anunciaron recientemente la suspensión temporal de sus operaciones.

Los problemas del destino se han vuelto tan evidentes que el gobierno ha lanzado una estrategia llamada “Tulum Renacido” para atraer de nuevo a los visitantes.

Tulum

Es revelador que lo que en su día fue el paraíso de los amantes de la moda, rodeado de hermosos cenotes y yacimientos arqueológicos, se haya convertido en el hazmerreír de las redes sociales, con un sinfín de “Reels” y videos que proclaman la muerte de Tulum, un lugar profundamente hipócrita en el que todo se promociona como ecológico, ético y sostenible, cuando en realidad muy poco lo es.

Quizá sea injusto, pero la reacción negativa refleja algo muy real: la traición de Tulum a su promesa de una vida más sencilla en un paraíso discreto y tranquilo. Su gran reto ahora será replantearse su estrategia y recuperar aquello que lo hacía tan especial en un inicio.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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