Los aranceles impuestos por Estados Unidos se convirtieron en la gran historia económica de 2025, tanto por lo que no hicieron como por la disrupción que generaron y el rechazo que provocaron. Puede que estén cargando con un peso excesivo.
Todavía no hubo una recesión global. Tampoco, pese a las advertencias más severas, se registró una represalia significativa, salvo algunas medidas adoptadas por China. Y países dependientes del comercio, como Vietnam y Singapur, lejos de verse obligados a cerrar negocios, informaron cifras de crecimiento sólidas al cierre del año.
Las apariencias pueden engañar. Una combinación de aranceles reducidos, exenciones y mecanismos favorables dentro de la industria del transporte marítimo atenuó el impacto de las medidas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Esto no significa que la situación sea positiva. “El pico de la tormenta puede haber quedado atrás, pero, como observó Dorothy en El mago de Oz, ‘ya no estamos en Kansas’”, escribieron en un documento de diciembre Gita Gopinath, ex primera subdirectora gerente del Fondo Monetario Internacional, y Brent Neiman, profesor de la Universidad de Chicago.
Singapur, que alcanzó la prosperidad en una era de libre comercio, puede encontrar alivio en los datos recientes. El producto interno bruto creció 4,8% en 2025, por encima de lo esperado. La expansión fue tan resistente que los economistas ya comenzaron a especular sobre cuándo el banco central endurecerá la política monetaria. Aun así, los líderes de la ciudad-Estado advierten a la población que los aranceles representan una ruptura fundamental con las prácticas de los últimos cincuenta años. Según el primer ministro, las tarifas no fueron el gesto de un país amigo. El país, sede de uno de los puertos de contenedores más activos del mundo y de las casas matrices regionales de numerosas multinacionales, deberá repensar su estrategia de desarrollo.
Lejos de desacelerarse, Vietnam —proveedor de Estados Unidos de productos que van desde calzado hasta computadoras— avanza con fuerza. El crecimiento superó el 8% en el cuarto trimestre, por encima de todas las estimaciones y al ritmo más rápido desde 2011. El mes pasado, las exportaciones aumentaron casi un 25% y la actividad manufacturera mostró un desempeño sólido. El superávit comercial del país con Estados Unidos, un desequilibrio que lo colocó en la mira de la Casa Blanca, se amplió hasta un récord de US$134.000 millones. Hanói obtuvo un alivio al entablar negociaciones con Trump poco después de que se anunciaran los gravámenes iniciales —de un elevado 46%— y logró reducirlos al 20%, un nivel similar al del resto del sudeste asiático.

¿Cómo logró resistir hasta ahora la economía global? Una parte importante de la respuesta, según Gopinath y Neiman, radica en la brecha entre la tasa arancelaria legal y la efectivamente pagada. A fines de septiembre, el promedio rondaba el 27,4%, pero los importadores afrontaban solo cerca de la mitad de ese porcentaje. La diferencia se explica en parte por los retrasos en los envíos: pueden pasar varios meses antes de que un nuevo arancel se aplique a las mercaderías, lo que se conoce como una “exención en tránsito”. Además, determinados productos o empresas recibieron beneficios; algunas firmas obtuvieron un trato más favorable si planeaban invertir en producción dentro de Estados Unidos.
Y, pese a las críticas frecuentes de Trump a Canadá y México, una porción significativa del comercio entre esos países y Estados Unidos está amparada por el acuerdo que reemplazó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y que mantuvo varios de sus elementos centrales.
Nada de esto implica que la economía mundial navegue en aguas calmas. En una columna publicada la semana pasada en el Financial Times, Gopinath subrayó que el daño de la guerra comercial podría tardar años en manifestarse por completo.
Según el FMI, la economía global crecerá 3,1% este año, prácticamente sin cambios respecto de 2025. Pese a las advertencias de que los aranceles podían generar un “momento de venta de Estados Unidos”, la demanda de activos estadounidenses por parte de inversores extranjeros se sostuvo, en parte gracias al auge de la inteligencia artificial. Aunque el dólar tuvo un año difícil, el mercado de bonos del Tesoro registró su mejor desempeño desde 2020.
Hay muchos aspectos de la agenda de Trump que generan rechazo. El presidente mostró desdén por la independencia de la Reserva Federal y escaso entusiasmo por las alianzas de seguridad que sostienen el rol del dólar como moneda de reserva global. “A veces me pregunto si no estamos demasiado obsesionados con los aranceles”, dijo Linda Tesar, profesora de la Universidad de Michigan, durante un panel de la reunión anual de la Asociación Económica Estadounidense, el 3 de enero en Filadelfia.
Indicadores de la globalización como Vietnam y Singapur tienen motivos para estar inquietos. El resto de la economía mundial puede encontrar aliento en su resiliencia y esperar que su desempeño sea más señal que ruido. Los aranceles generan titulares preocupantes. La letra chica, por ahora, ofrece un alivio.
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