Es de esperar que los próximos 12 meses den lugar a una temporada excepcional de grandes OPI en el mercado. Según se ha informado, SpaceX, la empresa de cohetes, satélites e inteligencia artificial del multimillonario Elon Musk, ha presentado una solicitud para una oferta pública inicial que podría batir récords.
Se espera que OpenAI y Anthropic PBC hagan lo propio en un futuro cercano, lo que brindará a los inversionistas la oportunidad de invertir por fin en algunas de las compañías más innovadoras —¿y quizás también sobrevaloradas?—del mundo actual.
La historia nos indica que debemos actuar con muchísima cautela, ya sea al invertir en estas compañías o a la hora de evaluar lo que nos dicen sobre el mercado de valores en general.
Aunque estas salidas a bolsa a veces tienen éxito, los beneficiarios generalmente son los inversionistas institucionales que compran acciones antes de que comience la cotización pública, y no los inversionistas minoristas que persiguen estas oportunidades en el mercado abierto.
Quizás esto sea particularmente cierto en esta ocasión, pues se informa que SpaceX busca alcanzar una valoración de más de US$2 billones en su salida a bolsa, al tiempo que OpenAI y Anthropic ya han sido valoradas en US$852.000 millones y US$380.000 millones, respectivamente, en rondas de financiación recientes.
Entre las compañías que se encuentran en la franja superior por volumen de oferta cada año, la rentabilidad media adicional a lo largo de cinco años fue de alrededor del 60% (cerca del 9,8% anualizado). Aunque esto es excelente, la mayor parte de este rendimiento superior se produce justamente el primer día.
Además, las estadísticas se ven infladas por casos extremos como los de Mastercard Inc. (MA) (2006) y Alphabet Inc. (GOOGL) (2004). Si se emplea una estadística de media recortada y se excluye el “repunte” del primer día, el rendimiento superior se reduce a alrededor del 17% (un 3,2% anualizado). Y según ese indicador, estas acciones tienden a encontrar su ritmo solo en el cuarto o quinto año.

Lo que más sorprende, sin embargo, es la manera en que los rendimientos extraordinarios se han desplomado en los últimos tiempos.
La salida a bolsa de Facebook (ahora Meta Platforms Inc. (META)) supuso, en muchos sentidos, un punto de inflexión. En aquel momento, fue el ejemplo por excelencia de una compañía respaldada por capital riesgo que, en manos privadas, creció desmesuradamente, una fórmula que desde entonces se ha vuelto habitual.
Tras un difícil inicio en bolsa, Meta finalmente cumplió con las expectativas de sus accionistas, pero las sucesivas oleadas de compañías similares han dejado poco margen de beneficio para los inversionistas.

No es de extrañar que los pequeños inversionistas que no tienen acceso a capital riesgo a menudo sientan que el sistema está cada vez más amañado. En promedio, las megasalidas a bolsa han tenido un rendimiento inferior al del mercado desde el hito de Facebook.
Es cierto que la generación de mega OPI posteriores a Facebook es relativamente pequeña e incluye nombres como Athene Holding Ltd. (ATH-A)(servicios de jubilación) y Elanco Animal Health Inc. (ELAN) (medicamentos veterinarios), que no son realmente comparables con las acciones tecnológicas de moda.
Aquí presentamos una muestra más representativa de las mayores OPI tecnológicas y afines de los últimos años para que pueda apreciar con mayor detalle su bajo rendimiento. Estas compañías han sido de manera consistente un fracaso durante sus primeros cinco años de vida pública.

La otra pregunta es si estas ofertas nos indican que el mercado alcista está llegando a su fin. Sospecho que también podría haber algo de cierto en eso.
Los datos de series temporales sugieren que hemos tenido varios periodos de auge notables para las mega OPI.
Estuvo el periodo de 1999-2000 en el apogeo de la burbuja de las puntocom y, posteriormente, las grandes compañías de tarjetas de crédito en 2006 y 2008. También estuvo la oferta de General Motors Co. (GM), respaldada por el gobierno, en 2010; el momento de Facebook en 2012; y luego la racha de 2019-2021 que incluyó a Uber Technologies Inc. (UBER) y Airbnb Inc. (ABNB).

No hace falta decir que General Motors fue un caso especial, ya que había sido rescatada y sacada a bolsa con la participación del Gobierno. Muchos de los otros ejemplos marcaron máximos significativos en el mercado, entre ellos Goldman Sachs Group Inc. (GS) en 1999, Visa Inc. (V) en 2008 y Rivian Automotive Inc. (RVN) en 2021.
De media, el mercado ha subido un modesto 6% anual tras estos acontecimientos importantes (véase más abajo).
Es cierto que se trata de una muestra muy pequeña, que está sujeta a muchos factores aleatorios y a la mala suerte, como una crisis financiera y una pandemia. Sin embargo, tiene cierta lógica la idea de que las salidas a bolsa de empresas de megacapitalización pueden ser algo así como una señal contraria de venta.
Analicemos las razones por las que estas compañías tardaron tanto en salir a bolsa.
Con la financiación privada en abundancia tras el auge de Facebook, los fundadores están más que dispuestos a evitar el escrutinio regulatorio y las exigencias de los informes trimestrales a los inversores. Muchos de ellos solo salen a bolsa porque sus empleados y los inversionistas de capital riesgo exigen una inyección de liquidez.
Desde la perspectiva del fundador, el incentivo es esperar y esperar, y luego seguir esperando, hasta que el banquero lo llame y le diga: “¡Oigan, hay un riesgo real de que la oportunidad se esté agotando; es ahora o nunca!“. Obviamente, los banqueros no quieren que sus clientes vendan en el punto álgido, ya que perjudica sus relaciones con los inversores. Sin embargo, a menudo parece que así es como sucede.

Inevitablemente, ciertos observadores llegarán a la conclusión de que OpenAI, Anthropic y SpaceX juegan en una liga propia. Después de todo, son las compañías dominantes en una revolución tecnológica que, en palabras de sus impulsores, transformará nuestra economía y revolucionará la forma en que los seres humanos vivimos y trabajamos. Puede que así sea.
Sin embargo, los inversionistas también pensaron que las megasalidas a bolsa de años anteriores, en mayor o menor medida, suponían oportunidades únicas en la vida, y su rendimiento ha tendido a ser decepcionante en la mayoría de los casos.
En esta ocasión, conviene a los inversores que observen todo el revuelo con una dosis extra de cautela, porque las ganancias más extraordinarias podrían haberse obtenido ya al final del primer día de negociación.
Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.
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