Un curita en el brazo de un residente que recibió una dosis de la vacuna contra el Covid-19 de Pfizer-BioNTech en una clínica de vacunación en la Biblioteca del Instituto Peabody en Peabody, Massachusetts, Estados Unidos, el miércoles 26 de enero de 2022.
Tiempo de lectura: 3 minutos

Bloomberg Opinión — Por primera vez en mucho tiempo, hay buenas noticias sobre el Covid-19. La ola de ómicron está en la cresta de la ola en los EE.UU., y en muchos estados ya está retrocediendo. Es muy posible que tengamos un respiro del SARS-CoV-2. Y si finalmente surgen nuevas variantes, puede que sea posible convivir con ellas, es decir, sin tener que cerrar negocios, llevar siempre mascarillas y distanciarse socialmente.

La vuelta a la normalidad (ese modesto pero esquivo objetivo) debería ser posible una vez que las hospitalizaciones por el Covid-19 pasen de los miles diarios a los cientos asociados a una mala temporada de gripe. Garantizar que dure requerirá una cuidadosa supervisión, una mejor recopilación de datos y un esfuerzo a nivel nacional para evitar otra crisis.

PUBLICIDAD

Cinco cosas en particular necesitan ser monitoreadas:

1. El aumento de los casos y las muertes por Covid-19 en cualquier parte del mundo. En colaboración con la Organización Mundial de la Salud, EE.UU. debería ayudar a otros países a vigilar de cerca los brotes de Covid-19 (así como los brotes de otras enfermedades respiratorias contagiosas) y comunicar los datos de forma rápida y pública, como hacen los Centros de Control y Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC por sus siglas en inglés)

PUBLICIDAD

2. Cambios genómicos en el coronavirus. Para detectar la llegada de nuevas variantes, los CDC deben mejorar sus esfuerzos para analizar el código genético del virus que se encuentra en las personas que dan positivo. La agencia lleva a cabo dichas pruebas en ciertas áreas, pero aún tiene que construir un sistema suficientemente extenso y geográficamente representativo, lo que deja a EE.UU. dependiente de otros países para recibir noticias sobre variantes emergentes. Todos los pacientes que experimentan infecciones intercurrentes graves deben analizar sus virus.

3. La eficacia de las vacunas. En colaboración con los fabricantes de vacunas y los científicos independientes, la Administración de Alimentos y Medicamentos y los CDC deben vigilar conjuntamente a los estadounidenses para detectar la disminución de la inmunidad, especialmente a medida que surgen nuevas variantes. Se espera que todas las vacunas existentes pierdan parte de su poder con el tiempo. Es crucial evaluar continuamente su eficacia y disponer de refuerzos cuando sea necesario.

PUBLICIDAD

4. La presencia de Covid-19 en las aguas residuales. La medición del nivel de coronavirus en los sistemas públicos de aguas residuales puede proporcionar una alerta temprana de los aumentos de casos de Covid-19 y también indicar cuándo están disminuyendo las infecciones. Los CDC crearon el Sistema Nacional de Vigilancia de Aguas Residuales en 2020 para colaborar con los departamentos de salud estatales y locales en el análisis de las aguas residuales. En el proceso, tiene que fortalecer las normas para las pruebas de aguas residuales y garantizar que las mediciones de varios sistemas sean comparables.

5. Disponibilidad de camas de hospital y niveles de personal. La información precisa y oportuna sobre la capacidad de los hospitales también puede indicar cuándo están aumentando las infecciones víricas. Los CDC ya recopilan estos datos, pero las estadísticas estatales no siempre están actualizadas o son consistentes. Perfeccionar este sistema puede ayudar a garantizar que los hospitales del país estén preparados para hacer frente a un brote.

PUBLICIDAD

Toda esta información debería introducirse en bases de datos públicas. También se necesita una idea clara de la cantidad de Covid-19 que los estadounidenses están dispuestos a soportar. Ezekiel Emanuel, de la Universidad de Pensilvania, sugiere establecer un umbral de riesgo para el Covid-19, la gripe y otros virus juntos de unas 35.000 hospitalizaciones y 3.000 muertes en una semana. Más allá de esos niveles (o de puntos de referencia similares) los funcionarios electos podrían considerar la reimposición de mandatos de uso de mascarilla y otras restricciones para proteger los sistemas de atención médica de la sobrecarga.

Por supuesto, sólo el Covid-19 causó unas cuatro veces más hospitalizaciones y cinco veces más muertes que la cifra mencionada la semana pasada. Pero las cifras están disminuyendo y, con suerte, la ola ómicron habrá retrocedido en la primavera boreal. Es hora de mirar hacia adelante con cauto optimismo y poner en marcha medidas sensatas para poner fin a la crisis permanente.

PUBLICIDAD

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.