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Bloomberg Opinión — La ansiedad por la elevada inflación está dando paso a la aprensión por el costo de suprimirla. Cada vez son más las voces que insisten en la necesidad de preservar la recuperación económica mundial. ¿Pueden las autoridades subir las tasas sin arriesgarse a una recesión?

No hay duda de que las tasas de interés van a subir, o de que están justificadas. La inflación, que ha permanecido quieta durante la última década, se ha disparado por encima de los objetivos fijados por algunos de los bancos centrales más importantes del mundo. Es poco probable que vuelva a niveles más cómodos por sí sola. No reaccionar sería imprudente y negaría la utilidad de esos mismos objetivos, un tótem de la política monetaria durante años. Pero los riesgos de una reacción exagerada son reales y se han amplificado en la última semana. Si el mes de enero fue una carrera para pronosticar los costos de endeudamiento más elevados y la rapidez con la que los funcionarios podían llegar a ellos, febrero es el mes del retroceso.

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La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, advirtió que las prisas podrían ser perjudiciales. “Si actuáramos ahora con demasiada precipitación, la recuperación de nuestras economías podría ser considerablemente más débil y el empleo estaría en peligro”, declaró la semana pasada a un medio de comunicación alemán. Su colega del BCE, Olli Rehn, fue más contundente: “Si reaccionáramos con fuerza ante la inflación a corto plazo, probablemente haríamos que el crecimiento económico se detuviera”, dijo en una entrevista en la televisión finlandesa el sábado. Los altos cargos del Banco de la Reserva de Australia y del Banco de Japón han advertido a los inversores de que no deben tomar medidas prematuras.

La Reserva Federal suele ser una de las primeras en elevar los costos de endeudamiento y se prevé que lo haga el mes que viene. Sin embargo, el banco central de EE.UU. ha agitado los mercados, ya que el presidente de la Fed de San Luis, James Bullard, se ha mostrado partidario de subir la tasa de interés de referencia en un punto porcentual completo para principios de julio, incluyendo un movimiento de medio punto. Esta opinión aún no parece estar muy extendida, aunque nadie de la cúpula de la Fed la ha negado rotundamente. La incapacidad de ofrecer una orientación detallada hacia el futuro (un nivel de ayuda a los inversionistas que las autoridades han convertido en un arte en las últimas dos décadas) ha sido una víctima del salto de la inflación.

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Un nuevo desplome económico sería un precio amargo. El Covid-19 provocó una fuerte caída de la producción mundial en 2020 y China y Japón siguen sumidos en un lento crecimiento. El argumento a favor de actuar más rápido y antes ha sido alimentado en parte por las analogías con la era de Paul Volcker, que presidió la Fed de 1979 a 1987. (Los precios al consumo en Estados Unidos subieron un 7,5% en enero con respecto al año anterior, la mayor subida en cuatro décadas). A Volcker se le atribuye, con razón, el mérito de haber frenado una inflación muy elevada. Lo que a veces se pasa por alto es que lo hizo creando una profunda recesión. En retrospectiva, el fin parece haber justificado los medios. El jefe de la Reserva Federal fue una figura de enorme controversia: los manifestantes ocuparon la fachada de la sede del banco, Volcker se convirtió en un nombre conocido e incluso recibió amenazas de muerte. La tasa de desempleo se acercó al 11%, mientras la economía se contraía en 1980 y 1982.

¿Están los responsables de formular las políticas de hoy realmente preparados para generar este tipo de desaceleración? Hay motivos para el escepticismo. “La Fed, al tener un doble mandato, parece poco probable que apriete agresivamente para bajar la inflación a su objetivo del 2% rápidamente y arriesgarse a una recesión”, escribieron el martes en una nota Roberto Perli y Benson Durham, antiguos empleados de la Fed que ahora trabajan en Cornerstone Macro. “Más bien, la Fed puede estar satisfecha con una inflación en torno al 3% durante al menos un tiempo. Si ese es el caso, tendría mucha menos necesidad de apretar mucho este año de lo que piensa el mercado.”

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Eso sería un alivio para las autoridades monetarias de todo el mundo, que con frecuencia se esfuerzan por decir que no están atadas a la Fed, pero que en la práctica tienden a moverse en la misma dirección. Salvar al pueblo puede no significar todavía su destrucción.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.