Bloomberg Línea — La próxima fase de la transición energética en América Latina no se va a definir solo por cuántos megavatios renovables se instalen, sino por qué tan bien los países logren planificar sus redes, coordinar instituciones y construir confianza con los territorios, dijo a Bloomberg Línea el secretario ejecutivo del Consejo Mundial de Energía en Colombia (WEC, por sus siglas en inglés), Daniel Díaz.
“Poner a la transmisión en el centro de la agenda, con enfoque social y visión sistémica, no es una opción; es una condición habilitante para una transición energética ordenada, justa y sostenible”, dijo el líder en Colombia de esa asociación global que busca promover el uso sostenible de la energía.
Explicó que la región ha avanzado de manera acelerada en la incorporación de energías renovables, particularmente solar y eólica.
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Sin embargo, dice que ese crecimiento no ha estado acompañado por una planificación equivalente de las redes eléctricas.
“Hoy vemos cómo proyectos técnicamente viables y financieramente estructurados enfrentan retrasos no por falta de recursos, sino porque no existen las condiciones de conexión necesarias o porque los tiempos de desarrollo de la transmisión superan ampliamente los de la generación”, señaló Díaz.
En visión de WEC, la región parte de una posición relativamente favorable al contar con una de las matrices eléctricas más limpias del mundo y con una dotación excepcional de recursos solares, eólicos, hídricos y bioenergéticos.
No obstante, Daniel Díaz dice que el “desafío estructural ya no está en la disponibilidad de recursos, sino en la capacidad de los países para transformar ese potencial en inversión efectiva, infraestructura operativa y sistemas eléctricos resilientes que respalden el crecimiento económico y el bienestar social”.
Países que pueden liderar la carrera

De acuerdo con el Índice del Trilema Energético del WEC, que evalúa la expansión de capacidad renovable, así como el equilibrio entre seguridad energética, equidad en el acceso y sostenibilidad ambiental, países como Uruguay, Chile, Costa Rica y Brasil están llamados a liderar.
El balance entre seguridad, acceso y sostenibilidad “es clave, ya que condiciona la estabilidad de precios, la competitividad de las economías y la confianza de la inversión de largo plazo”, según Daniel Díaz. “Es precisamente allí donde se marcan las diferencias entre los países líderes y aquellos que enfrentan rezagos estructurales”.
En este sentido, detalló que Uruguay se consolida como el principal referente regional, partiendo de que su transformación del sistema eléctrico responde a “una estrategia coherente de largo plazo, basada en reglas claras, estabilidad regulatoria y una alta penetración de energías renovables”.
Esto le ha permitido reducir vulnerabilidades externas, mejorar la seguridad energética y avanzar de forma consistente en las tres dimensiones del trilema.
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Entre tanto, según WEC, Chile emerge como uno de los principales motores de expansión renovable en la región, impulsado por el rápido despliegue de energía solar y eólica, mercados eléctricos competitivos y una hoja de ruta clara hacia la descarbonización.
“Desde una perspectiva económica, el desafío para Chile ya no es la atracción de inversión en generación, sino la expansión de la transmisión, el almacenamiento y los mecanismos de flexibilidad necesarios para sostener este crecimiento sin presionar los costos del sistema”, dijo Díaz.
Costa Rica mantiene su posición como un modelo consolidado de generación limpia, sustentado en una institucionalidad sólida y una matriz históricamente renovable.
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Díaz dijo que Brasil, por su escala y diversidad, continúa siendo un actor determinante a nivel regional y global.
La mayor economía del continente se beneficia de una combinación de hidroenergía, bioenergía y renovables no convencionales le otorga ventajas estructurales en términos de seguridad energética y costos, “aunque persisten desafíos relevantes en equidad energética y en la expansión oportuna de la infraestructura de redes”.
En contraste, el índice evidencia que países como Bolivia, Guatemala y República Dominicana enfrentan desafíos. “Esto no responden a una carencia de recursos naturales, sino a restricciones en infraestructura, marcos regulatorios poco predecibles, acceso limitado a financiamiento y debilidades institucionales”, explicó WEC.
Según Díaz, estas barreras elevan el riesgo país, encarecen el capital y ralentizan la ejecución de proyectos, limitando la capacidad de estos países para capturar los beneficios económicos de la transición energética.
Diversificación y almacenamiento, claves para la confiabilidad

Los sistemas eléctricos en la región se están preparando para manejar la intermitencia de la energía eólica y solar mediante una combinación de tecnologías, más que apostando por una sola solución.
La confiabilidad depende de matrices diversificadas, en las que las renovables aportan descarbonización, mientras que fuentes firmes como la hidroeléctrica, el gas y la bioenergía entregan respaldo y flexibilidad.
El almacenamiento de energía se vuelve un elemento estructural al permitir gestionar la variabilidad y aportar servicios clave al sistema.
Todo esto requiere, además, cambios regulatorios y de mercado que reconozcan la flexibilidad y envíen señales claras para la inversión.
“El sector eléctrico está atravesando una transformación profunda y debe evolucionar a la misma velocidad que cambian las tecnologías”, según Díaz. “Esto implica adecuar la regulación, modernizar los mercados eléctricos, reconocer nuevos servicios de flexibilidad y crear señales claras para la inversión”.
Para el ejecutivo, sin marcos regulatorios y de mercado que valoren la flexibilidad, la confiabilidad y la resiliencia, “será difícil integrar altos niveles de renovables de forma segura”.
Aumenta participación de energías limpias

En 2025, las energías limpias aportaron cerca de dos tercios de la nueva capacidad instalada y de la electricidad generada en la región, con un fuerte impulso de la energía eólica y solar, según cifras de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE).
La capacidad de generación de energía renovable se incrementó el año pasado un 7% a nivel regional respecto al 2024, según el Panorama Energético de América Latina y el Caribe 2025, publicado por OLACDE.
En total, el 68% de la nueva capacidad instalada en el 2025 fue renovable y el 67% de la electricidad ya proviene de fuentes limpias. Además, el 61% de la nueva capacidad de generación instalada en este 2025 es de centrales eólicas y solares.
En la otra cara, la generación eléctrica con carbón mineral cayó un 21% y con petróleo y derivados un 31%.
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