Bolivia libera uso de tarjetas para pagos internacionales, pero la medida ya enciende alertas

Al permitir estas operaciones a un tipo de cambio cercano a BOB$9,15 por dólar, el Gobierno estaría reconociendo implícitamente que la paridad oficial ha perdido vigencia.

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06 de abril, 2026 | 05:11 PM

Bloomberg Línea — El Gobierno boliviano liberó a las tarjetas de crédito y débito de restricciones para pagos internacionales, permitiendo recuperar la normalidad en sus operaciones financieras, informó el Ministerio de Economía y Finanzas del país andino.

Los bolivianos podrán volver a pagar en el exterior, comprar en plataformas internacionales, usar servicios digitales, retirar dinero fuera del país y realizar transacciones con normalidad.

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La medida podría beneficiar directamente a más de 2,7 millones de bolivianos y a más de 8 millones de tarjetas.

“Se ha ordenado a todo el sistema financiero liberar el uso de las tarjetas de crédito y de débito para compras del exterior, pagos y servicios en plataformas digitales y electrónicas”, dijo el ministro de Economía y Finanzas Públicas boliviano, José Gabriel Espinoza Yáñez.

“Estamos devolviendo a la población la posibilidad de utilizar sus tarjetas con normalidad, dentro y fuera del país, bajo un esquema claro, ordenado y sostenible”, anotó en una rueda de prensa.

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Todas las operaciones se realizarán al tipo de cambio referencial del Banco Central de Bolivia (BCB).

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Con esta medida, según el Gobierno, se busca ofrecer mayor claridad y previsibilidad a los usuarios.

El esquema también apunta a que las transacciones se canalicen dentro del sistema financiero formal, reduciendo la incertidumbre y evitando mecanismos informales.

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“No creo que esto por sí solo altere de forma material la mecánica financiera más amplia del país, precisamente porque sigue siendo una apertura contenida, con límites operativos y discrecionalidad bancaria”, dijo el economista del Instituto Internacional de Finanzas (IIF), Jonathan Fortun. “No es una liberalización plena. No es una unificación cambiaria y no cambia por sí sola el cuadro externo, pero sí importa por varias razones”.

Primero, ahondó, porque corre un poco más la frontera de lo que el Gobierno boliviano está dispuesto a reconocer como tipo de cambio válido.

Mantener la paridad de BOB$6,9 por dólar en Bolivia, fijada desde el 2011 por el Gobierno del país andino, se ha vuelto una tarea cada vez más desafiante, y en el mercado paralelo el soporte oficial se desvanece en medio de la escasez de divisas extranjeras ante el desbalance en los ingresos de la exportación de gas.

Segundo, porque en “un contexto de presión petrolera externa y mayor fragilidad de divisas, cualquier mecanismo que facilite demanda de dólares, aunque sea en el margen, merece seguimiento".

Y tercero, porque estas señales rara vez se quedan encapsuladas en el sistema financiero. “Tarde o temprano se filtran al resto de la economía”.

Una “confesión cambiaria”

Dinero boliviano sobre una mesa.

Fortun interpretó la medida como una “confesión cambiaria” más que como una liberalización financiera, ya que evidenciaría un desalineamiento entre el tipo de cambio formal y el operativo.

Aunque no prevé un impacto inmediato en la dinámica macroeconómica, sí considera que la señal es relevante porque ajusta las expectativas, amplía el margen de reconocimiento de un nuevo nivel cambiario y podría, con el tiempo, trasladarse a precios en la economía.

“El gobierno no está normalizando el mercado. Está blanqueando, por partes y con cuidado, una devaluación que en los hechos ya ocurrió. El cambio de BOB$9,15 no es un detalle técnico, es una admisión de realidad”, dijo Fortun a Bloomberg Línea.

“Y también una pista bastante clara de hacia dónde podría moverse más adelante una eventual devaluación formal. Si uno quiere leer la señal de fondo, no tiene que mirar solo la tarjeta. Tiene que mirar el precio del dólar que el Estado acaba de convalidar”, anotó. “Si el dólar que el propio Estado reconoce está más cerca de BOB$9 que de BOB$7, la economía tarde o temprano empieza a fijar precios con ese mapa mental”.

Así operará el restablecimiento del uso de tarjetas

Mastercard

Las tarjetas de crédito podrán utilizarse sin restricciones, según la capacidad de pago de cada usuario.

En el caso de las tarjetas de débito, el Gobierno estableció que los bancos deben habilitar al menos US$500 mensuales para consumos en el exterior.

Ese cupo permite realizar compras por cualquier monto —desde valores pequeños como US$1, US$10 o US$50, hasta montos mayores dentro de ese límite.

Además, cada entidad financiera podrá ampliar ese cupo según su disponibilidad de divisas y sus políticas internas, lo que abre la puerta a montos superiores dependiendo de la evaluación de cada banco.

“Esto permite volver a usar la tarjeta de débito de manera cotidiana, con mayor flexibilidad y adaptada a diferentes necesidades”, indicó el Ministerio.

Fortun dijo que la medida está acotada a consumos en el exterior y no a retiros de efectivo, lo que reduce su alcance. “No es lo mismo habilitar consumos procesados por redes de pago que abrir una vía más directa para sacar billetes o facilitar dolarización física fuera del país”.

En la práctica, dijo, se trata de un alivio administrado y con restricciones, en un contexto donde los montos promedio por transacción siguen siendo bajos, lo que descarta un impacto masivo en la demanda de divisas. “Esto no es una gran liberalización cambiaria. Es un alivio acotado, administrado y con correa corta”.

“Tampoco estamos frente a un canal con gran densidad macroeconómica”, anotó el economista. “Bolivia no es una economía donde las tarjetas de crédito tengan una huella profunda ni extendida. El plástico, en especial el crédito, tiene un alcance mucho más acotado de lo que a veces sugiere la discusión pública”.

Explicó que, incluso mirando el universo total de operaciones con tarjetas, los montos promedio siguen siendo relativamente bajos. “Lo que muestran los datos es una economía donde el uso promedio por operación sigue siendo modesto, por debajo de US$100 en términos generales”.

“Eso vuelve a poner las cosas en perspectiva. No estamos ante una estampida de demanda externa. No es una avalancha. Es un goteo regulado", remató.

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