Bolivia necesita más que una mejora en su calificación para generar confianza, afirman analistas

Para los economistas, el problema de fondo sigue latente para Bolivia pese a la mejora de la calificación crediticia. El default aún es una posibilidad real.

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Bolivia
26 de marzo, 2026 | 04:00 AM

Para los economistas, el problema de fondo sigue latente para Bolivia pese a la mejora de la calificación soberana. — La mejora de la calificación de Bolivia por parte de las agencias Moody’s Ratings y Standard & Poor’s (S&P) se percibe más como un alivio temporal que como una solución de fondo, ya que el riesgo de default sigue presente y faltan más señales para generar confianza plena en los mercados internacionales, según los analistas.

Estos ajustes se leen “menos como una mejora real de los fundamentos y más como una señal de que el riesgo de default inmediato bajó algo”, dijo a Bloomberg Línea el economista del Instituto Internacional de Finanzas (IIF), Jonathan Fortun.

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Moody’s mejoró la semana pasada la calificación del país desde Ca a Caa3 con perspectiva positiva, aunque sigue estando muy por debajo del grado de inversión y en línea con la de sus pares.

Dicha mejora se produce luego de que el Gobierno boliviano se comprometiera a hacer frente a los pagos de los cupones de los bonos en dólares este mes.

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Esta mejora, indicó Fortun, “parece descansar sobre todo en el pago de cupones, cierto alivio temporal de liquidez y la expectativa de un eventual reenganche con multilaterales, no en una corrección estructural de la macro boliviana”.

El martes, Standard & Poor’s (S&P) Global Ratings mejoró la calificación crediticia de riesgo de Bolivia desde CCC- a CCC+. “La perspectiva estable refleja la reducción en los pagos del servicio de la deuda, equilibrada con débiles perfiles externo, monetario y fiscal”, según S&P.

En dicha decisión influyeron las medidas del Gobierno para “corregir los desequilibrios económicos”, por medio de medidas como la eliminación de subsidios a los combustibles y el acceso a la financiación externa.

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El problema de fondo se mantiene

Bolivia

Para los economistas, el problema de fondo sigue latente para Bolivia pese a la mejora de la calificación.

De un lado, el país mantiene una posición fiscal muy frágil y reservas todavía muy limitadas, en visión del IIF.

Y del otro se enfrenta a presiones inflacionarias y un esquema de financiamiento cada vez más forzado. “Entonces, más que una historia de solvencia recuperada, esto parece una historia de tiempo comprado”, según Jonathan Fortun.

“Los problemas del ámbito fiscal, la inflación y falta de claridad en el financiamiento a largo plazo siguen latentes”, apuntó.

Además, dice que el nuevo contexto externo “complica bastante esa narrativa”.

Expone que, si el shock en petróleo se sostiene, parte del alivio fiscal asociado a la flexibilización parcial de los controles sobre hidrocarburos puede evaporarse.

En su opinión, eso no solo presiona otra vez las cuentas fiscales, sino que también vuelve políticamente más difícil avanzar hacia la siguiente etapa del ajuste, que sería profundizar esa corrección. “Y en una economía ya tensionada, ese canal también puede traducirse en más inflación”.

Para el analista y académico Fernando Romero, la calificación de Caa3 implica que el default aún es una posibilidad real, “debido que a la fecha no hizo reformas económicas, normativas institucionales ni normativas de fondo”, escribió en una nota.

Para Romero, la mejora de la calificación no significa que Bolivia esté mejor económicamente, sino que tiene más capacidad de evitar un default en el corto plazo. “Es una señal positiva, pero frágil. Si no se aplican reformas estructurales, esta mejora puede revertirse en pocos años”.

Detalló que si bien en los últimos meses se han dado unos avances con relación a la rebaja del riesgo país y se ha observado una cierta “estabilidad” en el dólar, “esto no es suficiente”.

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Por lo anterior, señala que se requieren medidas de fondo en materia económica y financiera. “La mejora de las expectativas y optimismos está bien en al comienzo de una gestión de gobierno, pero eso no sostendrá a un país si realmente quiere salir de la crisis que vive”.

“En términos simples, Bolivia no está sana, solo está más estable, por ahora”, dijo Fernando Romero.

El economista considera que Bolivia requiere transitar de una lógica de liquidez temporal hacia una solvencia estructural mediante un ajuste integral.

En primer lugar, considera clave generar una consolidación fiscal creíble, lo que implique reducir gradualmente el déficit (hoy >10% del PIB), avanzar en la eliminación de subvenciones iniciada en 2025 y mejorar la eficiencia del gasto público, aspectos que son “especialmente valorados por las agencias calificadoras”.

A ello se suma su propuesta de reformar el régimen cambiario para normalizar el tipo de cambio, evitar esquemas múltiples y reducir la presión sobre unas reservas internacionales limitadas.

También plantea la conveniencia de alcanzar un acuerdo “bien diseñado” con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que aporte financiamiento en condiciones favorables y refuerce la credibilidad.

Por último, propone una estrategia de crecimiento enfocada en diversificar la economía, disminuir la dependencia del gas natural, impulsar nuevas exportaciones (como litio y agroindustria) y atraer inversión privada con mayor seguridad jurídica.

En términos simples, “Bolivia no está en una situación sólida, pero ha reducido el riesgo inmediato de incumplimiento. Esta mejora es una señal moderadamente positiva, pero todavía insuficiente para generar confianza plena en los mercados internacionales”, remató Romero.

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