Bloomberg Línea — El senador brasileño Flávio Bolsonaro reapareció la noche del jueves en Mar-a-Lago, la propiedad del presidente estadounidense Donald Trump en Palm Beach, Florida, durante una gala de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC).
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El complejo ocupa unas ocho hectáreas y alberga una mansión de 114 habitaciones, jardines, piscina y salones para recepciones. Construido por la empresaria Marjorie Merriweather Post e inaugurado en 1927, fue adquirido por Trump en 1985, quien lo convirtió en un club privado diez años después.
Para Bolsonaro, la cena privada fue su primera gran aparición pública desde su llegada a Estados Unidos, el 28 de octubre, tres días después de perder las elecciones presidenciales frente a Luiz Inácio Lula da Silva y abandonar Brasil.
Entre los asistentes figuraba también el actor estadounidense Jim Caviezel, protagonista de La pasión de Cristo, elegido para interpretar al expresidente Jair Bolsonaro —padre del senador y condenado por tentativa de golpe— en la película biográfica Dark Horse, del director Cyrus Nowrasteh, y cuya financiación está siento investigada por la Policía Federal de Brasil.
Bolsonaro subió al escenario acompañado por su hermano Eduardo, exdiputado radicado en Estados Unidos, en una presentación a cargo de Matt Schlapp, presidente de CPAC. El evento fue a puerta cerrada y su contenido se conoció por videos difundidos en redes sociales y por relatos de asistentes.
“Y desde aquí, desde Estados Unidos, seguiré luchando con todas mis fuerzas por mi país”, dijo el senador durante la conversación a modo de panel, reportó El País.
En su discurso repitió los argumentos que sostiene desde la derrota. Aseguró que su bloque logró la mayoría en la Cámara y el Senado, y que “esa será nuestra trinchera para que Brasil no avance tan rápidamente hacia el comunismo”.
Dijo que del Tribunal Supremo venía “la opresión” en su país y que “por las vías legales que existen en Brasil no hay a quién recurrir para reparar una injusticia”.
Cuando Schlapp le preguntó cómo se decía “nos la robaron” en portugués, respondió: “Las elecciones fueron robadas”, sin aportar pruebas. También agradeció “a Estados Unidos y al presidente Trump que me reciban aquí, en su país”. En un video posterior al evento habló de fe: sobre su candidatura, dijo que “era un proyecto de Dios, no solo para mí, sino para mi nación”, y pidió a sus seguidores no perderla porque “aún no es el final”.
El domingo 1 de noviembre, el senador se dejó ver en un culto de una iglesia evangélica de brasileños en Coral Springs, al norte de Miami, junto a su esposa, Fernanda, y sus dos hijas adolescentes, que lo acompañaron a Florida.
El senador de 45 años perdió la segunda vuelta electoral del 25 de octubre frente a Lula, quien obtuvo el 51,79% de los votos, frente al 48,21% de su rival.
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Dos días después, abandonó el país junto a su esposa y sus dos hijas. Según los registros migratorios argentinos, cruzó la frontera desde Foz do Iguaçu hacia Puerto Iguazú a las 22:50 del 27 de octubre. Desde allí, la familia abordó un avión privado que hizo escala en Guayaquil, Ecuador, antes de llegar a Miami el día 28.
La salida ocurrió después de que la Policía Federal brasileña identificara un riesgo de fuga y de que un juez ordenara al senador entregar sus pasaportes en un plazo de 24 horas, en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero.
En una entrevista con The New York Times, publicada antes de su aparición en Mar-a-Lago, el senador se negó a explicar cómo organizó el viaje y aseguró que se llevaría ese secreto a la tumba. También negó haber recibido ayuda externa, aunque el diario neoyorquino informó de que un funcionario de la Casa Blanca habría gestionado el avión que lo trasladó a Miami.
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, negó que el Gobierno hubiera participado directamente en su salida de Brasil, pero reconoció que Trump autorizó su ingreso al país. El mandatario había declarado días antes que Flávio podía permanecer en Estados Unidos “todo el tiempo que quiera”.













