Bloomberg — En un discurso victorioso pronunciado detrás de vidrio antibalas a bordo de una barcaza en el malecón de un río caribeño, Abelardo De la Espriella prometió ir tras los peores delincuentes de Colombia.
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“Aquí está un tigre que defiende la ley con garras y dientes”, dijo el mes pasado en Barranquilla ante sus simpatizantes, muchos de ellos vestidos como él con la camiseta de la selección nacional de fútbol. “Merecemos una Colombia en donde los bandidos estén en la cárcel pagando sus crímenes”.
De la Espriella es ahora el gran favorito para convertirse en el próximo presidente de Colombia tras una primera vuelta en la que venció inesperadamente a un protegido de izquierda del presidente Gustavo Petro.
En una campaña marcada por espectáculo y provocaciones, los votantes se identificaron con sus planes para combatir la corrupción y construir megacárceles para los narcotraficantes, lo que también le ayudó a conseguir el respaldo de Donald Trump. A algunos también les atrajeron sus promesas de recortar los impuestos y el gasto público.
Los colombianos, acostumbrados a décadas de negociaciones de paz intermitentes con grupos ilegales, están hartos del recrudecimiento de la violencia a medida que facciones armadas se expanden hacia nuevos territorios, impulsadas por una producción récord de cocaína.
El apoyo a De la Espriella refleja el agotamiento de los votantes ante las negociaciones para apaciguar a los grupos armados, el deseo de verlos aniquilados militarmente y la apuesta de que un outsider político es la mejor esperanza para cambiar el sistema, según Sandra Borda, profesora de la Universidad de los Andes de Bogotá.
“Este país siempre se mueve entre la actitud política que busca negociaciones de paz por cansancio terrible con la guerra y luego la actitud política que busca más guerra por cansancio infinito con los diálogos de paz”, afirmó.
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El rival de De la Espriella en la segunda vuelta del 21 de junio, Iván Cepeda, es uno de los artífices de la estrategia de “Paz Total” del presidente Gustavo Petro.

Esta estrategia ha llevado a siete de estas milicias a la mesa de negociaciones, aunque hasta ahora no ha logrado desmovilizaciones significativas.
Los límites al mandato impiden que Petro se presente de nuevo, pero Cepeda quiere continuar las conversaciones con estos grupos.
De la Espriella afirma que quiere que las fuerzas militares los bombardeen hasta que desaparezcan.
La apuesta de los inversionistas
Los inversionistas favorecen una presidencia de De la Espriella. Las acciones, los bonos y la moneda del país se dispararon después de que el candidato obtuviera un récord de 10,4 millones de votos en la primera vuelta.
Gestores de fondos han advertido que las propuestas de Cepeda aumentarían la deuda y avivarían la inflación.

Una de las primeras prioridades de De la Espriella sería desmantelar la agenda medioambiental de Petro y reabrir el país andino a la exploración petrolera y al fracking, según José Manuel Restrepo, su compañero de fórmula.
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Cepeda, que ha elogiado al antiguo líder cubano Fidel Castro y al venezolano Hugo Chávez, prohibiría el fracking, subiría los impuestos a los ricos y redistribuiría la tierra entre los agricultores pobres.
Ha defendido que el déficit fiscal debe resolverse combatiendo la corrupción, y que los ingresos de la petrolera estatal Ecopetrol pueden ayudar a financiar sus reformas.
Ángel Beccassino, estratega político argentino que escribió una biografía de De la Espriella, afirmó que es probable que este aplique políticas económicas similares a las adoptadas por el argentino Javier Milei, un libertario al frente de un movimiento político conservador en América Latina.
De la Espriella se une a un grupo de populistas latinoamericanos que se han alineado con Trump: Jair Bolsonaro en Brasil, condenado por un complot golpista; Nayib Bukele, de El Salvador; y Daniel Noboa, de Ecuador. Algunos, como De la Espriella, adoptan un estilo a menudo grosero o provocador.
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La Dolce Vita
De la Espriella, que se autodenomina “el tigre”, asume su condición de outsider y viste acorde con ella.
Suele aparecer con chaquetas de colores vivos, pañuelos de bolsillo, gafas de sol y un sombrero fedora, un look que contrasta notablemente con el estilo sobrio de Cepeda y de la mayoría de los demás políticos colombianos.
Su página web de moda y estilo de vida, De la Espriella Style, rinde homenaje a “la Dolce Vita y al buen gusto”.
A la vez, funciona como plataforma de venta de botellas de ron a US$100, botellas de vino a US$55 y camisas, chaquetas, corbatas y bufandas de hombre de un estilo similar al atuendo del candidato.
También se ofrecen esculturas de cabezas de tigre, un reloj de US$6.000 y álbumes en los que él mismo canta clásicos italianos como O Sole Mio.
Su comportamiento maleducado es un fenómeno relativamente nuevo en Colombia, una nación socialmente conservadora en comparación con sus vecinos.
El mes pasado, se disculpó por ofender a una periodista al mostrarle una foto suya con un bulto en los pantalones.
Durante la campaña, a veces le costó controlar su temperamento en las entrevistas. Sus oponentes han difundido un antiguo vídeo en el que recuerda haber torturado gatos cuando era niño.
Sin embargo, el apoyo de los votantes a su postura de mano dura en materia de seguridad podría ser, en última instancia, el factor decisivo de las elecciones.
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Carrera jurídica
De la Espriella, de 47 años, procede de una familia acomodada de la costa caribeña de Colombia y saltó a la fama como abogado en casos de gran repercusión mediática.
Entre sus clientes más conocidos se encontraba Alex Saab, un empresario y aliado cercano del régimen venezolano, que fue extraditado a EE. UU. el mes pasado para enfrentar cargos de lavado de dinero.
De la Espriella también representó a Natalia Paris, una de las modelos más famosas de Colombia, a David Murcia, que fue condenado a prisión en EE. UU. por lavado de dinero, y a Dania Londoño, la mujer que estuvo en el centro del escándalo de 2012 en el que agentes del Servicio Secreto se relacionaron con prostitutas en Cartagena, antes de una visita a la ciudad del entonces presidente estadounidense Barack Obama.

También defendió a políticos acusados de tener vínculos con grupos dedicados al tráfico de cocaína, del tipo de los que ahora quiere encerrar en la cárcel.
“Desde pequeño tuvo espacios en medios de comunicación, y tenía un gusto muy especial por la notoriedad”, afirmó Beccassino, su biógrafo.
Al principio de su carrera, cuando aún no había cumplido los treinta, De la Espriella fundó una organización sin ánimo de lucro que estuvo involucrada en el proceso de paz entre facciones paramilitares de extrema derecha y el gobierno de Álvaro Uribe.
Esto lo puso en contacto con algunas de las personas más peligrosas de Colombia, entre ellas varias clasificadas como terroristas por EE. UU.
En diciembre de 2005, por ejemplo, asistió a una cena cerca de la localidad minera de Remedios con “Macaco” —el alias de un hombre que por entonces era uno de los principales candidatos a convertirse en el mayor traficante de cocaína de Colombia— y otros dos capos de la guerra, conocidos como Julián Bolívar y Ramón Mojana.
También estaban presentes algunos civiles, entre ellos el principal negociador de paz del gobierno, así como un periodista.
Al día siguiente, Macaco supervisó la desmovilización de casi 2.000 combatientes.
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Cuando se le ha cuestionado sobre su relación con personas que posteriormente fueron extraditadas a EE. UU. por delitos relacionados con el narcotráfico, De la Espriella ha sostenido sistemáticamente que su contacto con dichas personas se debía a su participación en el proceso de paz.
Aun así, sus críticos lo han utilizado para cuestionar su postura de mano dura contra la delincuencia.
Cepeda pretende que sea procesado tanto por las autoridades locales como por la Corte Penal Internacional por presuntos delitos que incluyen la “financiación del terrorismo”.
En una publicación en X, De la Espriella desestimó las acusaciones de Cepeda calificándolas de “cortina de humo”.
La campaña no respondió a solicitudes adicionales por escrito para comentar su presencia en el evento, ni su papel en el proceso de paz con los paramilitares.
Los votantes colombianos nunca se han enfrentado a una elección más extrema que la de este mes: si prolongar las políticas de izquierda de Petro con Cepeda o llevar al país por un camino radicalmente diferente con De la Espriella.
“El meollo de la disputa es la continuidad o el cambio”, dijo Sergio Guzmán, director del grupo de consultoría geopolítica Colombia Risk Analysis. “El sistema de la salud, la implementación del plan de Paz Total de Petro y el futuro del sistema económico” están en juego.
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