Alza del petróleo amenaza la inflación y complica tarea de bancos centrales en América Latina

El repunte del petróleo tras la escalada en Medio Oriente vuelve a tensionar el equilibrio entre inflación y tasas de interés. Los bancos centrales de la región y del mundo se enfrentan al shock.

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Pertamina Oil Storage Depot
12 de marzo, 2026 | 06:00 AM

Bloomberg Línea — La escalada del conflicto en Medio Oriente reintrodujo un factor que había perdido protagonismo en la política monetaria global desde 2022. El encarecimiento del petróleo, tras ataques y represalias que alteraron el comercio en la región, volvió a situar a la energía en el centro del debate sobre inflación y tasas de interés.

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El impacto no se distribuye de forma uniforme. Para algunos países, el petróleo caro mejora los ingresos externos o fiscales. Para otros, eleva los costos energéticos y presiona los precios internos. Ese contraste se refleja en las decisiones de los bancos centrales, que enfrentan un escenario donde el choque energético puede alterar el ritmo de los ciclos monetarios.

El economista Carsten Brzeski, jefe global de macroeconomía de ING, advierte que “la única pregunta para los bancos centrales siempre ha sido si deben mirar a través del shock, no hacer nada o subir las tasas”. Ese dilema aparece en un momento en que varias economías de América Latina aún operan con tipos de política monetaria altos tras el ciclo de endurecimiento iniciado después de la pandemia.

Brasil y México ante el shock energético

Las dos principales economías de América Latina enfrentan el encarecimiento del petróleo desde posiciones distintas dentro de la región, aunque ambos comparten un rasgo central. Los ingresos fiscales y externos tienen exposición directa al comportamiento del crudo.

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Brasil, con una tasa de referencia de 15%, combina esa dependencia con un ciclo monetario aún restrictivo. Adriana Dupita, economista de Bloomberg Economics, sugiere que el impacto del conflicto no implica necesariamente un cambio de dirección en la política del Banco Central de Brasil, aunque sí puede alterar su ritmo.

Dupita sostiene que “la guerra con Irán no impedirá que el banco central de Brasil inicie un ciclo de flexibilización, pero la incertidumbre impulsada por el petróleo podría ralentizar el ritmo de los recortes de tasas de interés”.

El análisis de Bloomberg Economics introduce además escenarios cuantificados para evaluar el alcance del choque. Con un petróleo en US$80 por barril, el saldo comercial brasileño podría mejorar en hasta US$10.000 millones y el balance fiscal en cerca de 0,2% del PIB, mientras la inflación subiría alrededor de 0,6 puntos porcentuales.

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Si el precio escalara hasta US$108, el impulso externo sería mayor, con hasta US$25.000 millones adicionales en la balanza comercial y un efecto fiscal cercano a 0,8% del PIB, aunque la inflación podría aumentar más de dos puntos porcentuales. “Un aumento de 10% en el precio del petróleo en moneda local, si es acompañado por el etanol, agrega alrededor de 0,4 puntos porcentuales a la inflación”, añade Dupita.

El desafío para la política monetaria radica en que el choque proviene del lado de la oferta, lo que teóricamente justificaría una reacción limitada. Sin embargo, la experiencia reciente pesa en las decisiones. El mismo análisis recuerda que el banco central reaccionó con un ciclo de endurecimiento tras el shock energético de 2022.

México enfrenta un dilema distinto. La tasa de referencia del Banco de México se ubica en 7% y el ciclo de relajamiento monetario depende en gran medida de la trayectoria de la inflación. Un petróleo más caro introduce incertidumbre adicional.

Un hombre camina cerca de la sede del Banco de México (derecha) y del Palacio de Bellas Artes (izquierda), en la Ciudad de México, México.

La economista Janneth Quiroz, directora de análisis económico, cambiario y bursátil de Monex, advierte que el canal inflacionario se convierte en el principal factor de transmisión, pues “un incremento significativo y sostenido en los precios del petróleo podría influir en el margen de maniobra del Banco de México para continuar con un ciclo de recortes en la tasa de interés”.

El efecto se transmite a través de combustibles, transporte y costos de producción. En ese contexto, el banco central puede optar por moderar el ritmo de los recortes o incluso pausar el ciclo si el aumento energético interrumpe la tendencia descendente de la inflación.

Bloomberg Economics estima que el impacto directo sobre los precios podría ser significativo. El analista Felipe Hernández indica que, con un petróleo en torno a US$85, la inflación mexicana podría aumentar alrededor de 75 puntos base, mientras que en un escenario de precios elevados el impacto podría alcanzar 258 puntos base solo por el efecto directo en combustibles.

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Ese entorno refuerza la cautela en la política monetaria. El aumento del petróleo eleva el umbral para los recortes y Hernández afirma que “el aumento de los costos del combustible plantea el mayor riesgo inflacionario para México” lo que puede obligar al banco central “a mantener o subir las tasas de interés”.

Los países andinos entre exportadores e importadores

El impacto del petróleo en los países andinos se define, en gran medida, por su posición energética dentro de la región. Colombia aparece como el principal exportador de combustibles, mientras que Chile y Perú dependen en mayor medida de las importaciones.

En Colombia, donde la tasa de política monetaria se sitúa en 10,25%, el aumento del crudo puede mejorar las cuentas externas. El análisis de Bloomberg Economics estima que, en un escenario de petróleo en US$108, la balanza comercial colombiana podría registrar un impulso cercano a 0,8% del PIB.

Colombia Tries To Curb Fastest Inflation Since 2008

El economista Daniel Velandia, de Credicorp Capital, señala que el país parte con una ventaja relativa dentro de América Latina, pues “Colombia es el mayor exportador neto de combustibles en la región como porcentaje del total del PIB o de las exportaciones y, por tanto, debería ser el principal beneficiado”.

Sin embargo, ese beneficio depende de la duración del choque energético y de la evolución de la economía global. Una desaceleración internacional podría reducir la demanda de materias primas y neutralizar parte del impulso proveniente del precio del petróleo. En Colombia, además, las perspectivas monetarias se inclinan hacia un sesgo de alza de tasas ante el aumento del salario mínimo y los desafíos fiscales.

Chile enfrenta el escenario opuesto. La tasa de referencia del Banco Central de Chile se sitúa en 4,50% y el país carece de producción significativa de petróleo, lo que lo convierte en un importador estructural de energía.

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Bloomberg Economics estima que, en el escenario de precios más altos, el deterioro del saldo comercial chileno podría acercarse a 1,3% del PIB. Esa vulnerabilidad externa también se refleja en los mercados cambiarios.

El country manager de Ebury Chile, Alfonso Molinare, observa que el cambio en las expectativas monetarias ya se refleja en el mercado y dice que “hace apenas unas semanas se descontaba cerca de un 70% de probabilidad de un recorte de tasas en la próxima reunión del Banco Central de Chile, pero esa cifra ha caído hasta aproximadamente un 25%”.

El encarecimiento energético eleva los costos de transporte y combustibles y puede trasladarse al resto de la economía. Sin embargo, la reacción de la política monetaria depende también del comportamiento de la inflación subyacente y de la estabilidad de las expectativas.

El Banco Central de Chile en Santiago de Chile, el lunes 20 de marzo de 2023.

Perú enfrenta un entorno intermedio. La tasa de referencia del Banco Central de la Reserva se ubica en 4,25% y el país depende de combustibles importados, aunque cuenta con espacio fiscal y con exportaciones de minerales que amortiguan el impacto externo.

Velandia explica que el efecto sobre la política monetaria dependerá de la duración del choque. “Esto que estamos viendo fortalece la expectativa de que el Banco Central de Perú mantenga inalterada por varios meses, probablemente, su tasa de interés”, dice.

Estados Unidos, Europa y el precedente de 2022

La respuesta de los bancos centrales de las economías desarrolladas también se encuentra condicionada por la experiencia reciente. El aumento de los precios energéticos en 2022 desencadenó uno de los ciclos de endurecimiento monetario más intensos en décadas, tras el inicio de la guerra en Ucrania.

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Los analistas de ING destacan que el contexto actual presenta diferencias relevantes respecto de ese episodio. El economista, James Knightley, subraya que el comportamiento es distinto al de la etapa posterior a la pandemia y considera que “estamos en una posición muy diferente hoy porque entonces también había un choque de demanda”.

El mercado laboral estadounidense ya no muestra el dinamismo de hace tres años, mientras el crecimiento de los salarios y el ahorro de los hogares han moderado su impulso. En ese contexto, el choque energético podría tener un efecto más limitado sobre la inflación subyacente, lo que podría limitar las decisiones de la Reserva Federal, que mantiene las tasas en 3,50% a 3,75%.

En Europa el dilema resulta más complejo debido a la dependencia energética. Brzeski, de ING, recuerda que los bancos centrales enfrentan un dilema clásico ante los choques de oferta. “Hay una regla simple que dice que un aumento de 10% en los precios del petróleo resta alrededor de 0,1 puntos porcentuales al crecimiento del PIB, pero añade cerca de 0,4 puntos porcentuales a la inflación”, considera.

La escultura del euro en la Willi-Brandt-Platz, en el distrito financiero de Frankfurt.

Ese equilibrio entre menor crecimiento y mayor inflación complica la toma de decisiones. El Banco Central Europeo, que mantiene las tasas en 2%, enfrenta además el precedente de 2022, cuando la respuesta tardía ante el shock energético obligó a un endurecimiento más agresivo.

El contexto actual presenta un crecimiento más débil y una demanda moderada, lo que podría limitar el alcance del impacto inflacionario. Sin embargo, el petróleo caro mantiene abierta la posibilidad de ajustes en la política monetaria si el choque se prolonga.

La evolución del conflicto en Medio Oriente determinará si el petróleo permanece en niveles elevados o si los precios regresan a los niveles previos a la escalada. Mientras tanto, los bancos centrales enfrentan un escenario en el que la energía vuelve a influir en el ritmo de la política monetaria global.

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