Bloomberg Línea — La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos el pasado fin de semana reactivó el debate sobre el futuro de la industria petrolera venezolana. Aunque la operación militar creó un fuerte impacto en la política regional, su impacto sobre los precios internacionales del petróleo ha sido limitado.
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Los analistas coinciden en que el mercado global ya se encuentra en una situación de sobreoferta, y que una eventual recuperación de la producción venezolana no bastará para alterar de forma estructural el equilibrio actual.
La referencia Brent inició la semana en torno a los US$61, un nivel cercano al registrado antes del despliegue militar, mientras que el WTI cerró sobre los US$58. “El impacto contenido en los precios refleja la importancia disminuida de Venezuela para los mercados petroleros globales”, según Stephen Hare y Jack Reid, analistas de Oxford Economics.
Esa opinión refleja el diagnóstico compartido por el mercado: Venezuela, pese a poseer las mayores reservas probadas del mundo, representa hoy menos del 1% de la oferta global y su capacidad de influencia sobre los precios internacionales está reducida por años de declive productivo, sanciones y deterioro estructural.
Producción estancada y sobreoferta global
En 2024, la producción de crudo venezolano alcanzó los 960.000 barriles diarios, según datos de XP Investimentos. Esto representó un repunte desde los 665.000 barriles diarios registrados en 2021, impulsado por la reactivación parcial de las operaciones de Chevron desde 2022. No obstante, estas cifras continúan muy por debajo del promedio de 2,7 millones de barriles diarios registrado en 2012 y del pico histórico de 3,75 millones alcanzado en 1970.
Desde la perspectiva estructural, el mercado petrolero ya muestra signos de exceso de oferta y eso es lo que ha guiado a los operadores. Según la Agencia Internacional de Energía, la producción global de petróleo alcanzará los 109 millones de barriles diarios en 2026, generando una sobreoferta estimada en 3,84 millones de barriles diarios. Este contexto limita la capacidad de cualquier incremento aislado de producción para alterar de forma significativa los precios.
“La economía global del petróleo probablemente ya está sobre abastecida en 2 a 3 millones de barriles por día en el primer semestre de 2026”, dijeron los analistas Morgan Stanley.
Hare y Reid, de Oxford Economics, destacaron que, pese al cambio político en curso, “cualquier aumento de suministro será limitado en el corto plazo, dado que el país sigue bajo sanciones de EE.UU. y un bloqueo naval”. Incluso, bajo un escenario de estabilidad política e incentivos a la inversión, estiman que la producción podría aumentar en cerca de 1 millón de barriles diarios en el mediano plazo, partiendo de niveles actuales que oscilan entre 900.000 y 1 millón de barriles diarios.
Morgan Stanley recordó que, tras alcanzar su máximo de producción, los números cayeron a solo 0,9 millones debido a “años de ineficiencia, falta de inversión y el impacto de las sanciones”. Aunque reconocen que una transición política podría revertir parcialmente esta caída, alertan que “en el corto plazo, las convulsiones políticas suelen causar algunas pérdidas de producción”.
Escenarios de recuperación y riesgos operativos
A pesar de los retos, varios escenarios apuntan a una posible recuperación gradual de la capacidad productiva venezolana aunque se requerirán años y altos montos de inversión. Natasha Kaneva y Lyuba Savinova, analistas de JPMorgan, proyectan que “Venezuela podría aumentar la producción de petróleo a 1,3-1,4 millones de barriles por día en dos años y potencialmente alcanzar los 2,5 millones de barriles diarios en la próxima década”, en caso de consolidarse una transición política, estabilidad institucional y apertura a la inversión extranjera. Sin embargo, advierten que “el propio proceso de transición podría desencadenar un choque breve y agudo” que afecte temporalmente la oferta.
De hecho, el precedente de la huelga de PDVSA en 2002–2003 llevó a una caída transitoria de casi 50% en la producción, lo que pone en evidencia la fragilidad operativa del sistema. Kaneva y Savinova también recuerdan que en 2025, la producción venezolana casi alcanzó 1,2 millones de barriles diarios en septiembre, antes de que restricciones logísticas y sanciones volvieran a interrumpir el alza.
Por su parte, Amarpreet Singh, analista de Barclays, prevé un aumento moderado de 200.000 a 300.000 barriles diarios hacia fines de 2026, alcanzando un incremento acumulado de 1 millón hacia el final de la década, “asumiendo una transición relativamente fluida”.
Singh destaca que el desarrollo del cinturón del Orinoco, que hoy representa cerca del 50% de la producción venezolana, será clave en cualquier escenario de recuperación. Sin embargo, matiza que “la naturaleza intensiva en capital del desarrollo de crudo pesado, especialmente dada la situación de la infraestructura existente, significa que las reformas que reduzcan la carga fiscal y aumenten la certidumbre política serán fundamentales”.
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XP Investimentos estima que el país podría añadir entre 300.000 y 500.000 barriles diarios en un plazo de doce meses si se concreta una inversión significativa, y que en tres años podría superar 1,5 millones de barriles diarios, alcanzando niveles similares a los de hace una década. Aun así, Regis Cardoso, analista de la firma, advierte que “la incertidumbre incrementada puede impulsar la volatilidad en los precios del petróleo”.
Desde Citi, el equipo de commodities, entre los que está el analista Maximilian Layton, también adoptó un enfoque moderado. Su escenario base, incluido en el informe de diciembre de 2025, asume un aumento de entre 300.000 y 500.000 barriles diarios entre mediados de 2026 y finales de 2027.
Aunque reconocen que esto podría coincidir con una reconfiguración del equilibrio global liderada por recortes de la OPEP y crecimiento de la demanda, destacan que “las expectativas a corto plazo de un aumento rápido y grande del suministro venezolano parecen de todos modos exageradas, con límites técnicos dominando el alza”.
Barclays estima que para elevar producción venezolana a 2,5–3,0 millones de barriles por día se requeriría un gasto de capital aproximado de US$10.000–US$12.000 millones anuales durante 5–7 años. OCBC Research cree que, para elevar la producción hacia niveles de 2,5 millones de barriles diarios, se estimarían inversiones de entre US$80.000 millones y US$90.000 millones en un plazo de 6 a 7 años.
Reconfiguración del mercado de crudo pesado
El potencial retorno del crudo pesado venezolano al mercado estadounidense también está reconfigurando las expectativas sobre los diferenciales de precios. Estos diferenciales reflejan la brecha de valor entre el crudo liviano, más fácil de refinar, y el crudo pesado, más complejo pero más barato, cuya disponibilidad incide directamente en los márgenes de procesamiento.
Bloomberg Intelligence señala que “un aumento del suministro de crudo pesado desde Venezuela ampliaría el descuento entre los barriles pesados y ligeros”. Esto beneficiaría los márgenes de refinerías complejas en la costa del Golfo de Estados Unidos, muchas de las cuales están optimizadas para procesar crudo pesado.
Según Vincent G. Piazza y Matthew DeMarino, “los márgenes de refinación se verán respaldados al diluir la necesidad de pujar por otros grados pesados cuando el suministro estacional sea más limitado”. ExxonMobil y Chevron, que controlan refinerías integradas con más de 1,5 millones de barriles diarios de capacidad combinada en esa región, estarían particularmente bien posicionadas para capturar este beneficio.
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Sin embargo, los mismos analistas advierten que “revitalizar la industria petrolera en el corto plazo será extremadamente difícil”. A pesar de que las instalaciones petroleras no resultaron dañadas durante los ataques del 3 de enero, la recuperación dependerá de inversiones a largo plazo, solución de litigios pendientes y mejora de condiciones institucionales.
Bloomberg Intelligence también destaca que un aumento de 1 a 2 millones de barriles diarios desde Venezuela “reduciría la flexibilidad de la OPEP+ para aumentar la producción en otras partes sin presionar los precios”. Este desplazamiento gradual podría erosionar la capacidad del cartel para sostener pisos de precios y consolidaría un techo estructural más bajo para el Brent.
Citi y Morgan Stanley coinciden en una proyección bajista para el precio. Citi mantiene un pronóstico de US$65 por barril, aunque advierte que existe “espacio para un riesgo bajista” si se materializa la expansión venezolana. Morgan Stanley, por su parte, prevé que el Brent caiga “a la zona media de los US$50 en los próximos meses”.
Barclays, en cambio, proyecta un precio de equilibrio de US$80 para el Brent a mediano plazo, aunque reconoce que este nivel tendrá un “sesgo más delgado en la parte derecha de la distribución”, lo que implica una menor probabilidad de alzas significativas.
XP Investimentos, que también estima una sobreoferta estructural de 3,8 millones de barriles diarios para 2026, sostiene que este contexto “agrega un riesgo bajista a los precios del Brent”, en especial para compañías con mayor exposición a crudo pesado.
En el contexto de una producción venezolana por debajo de 1 millón de barriles diarios, exportaciones limitadas y un mercado global con más de 2 millones de barriles diarios de sobreoferta proyectada para 2026, la crisis en Caracas aún no representa un factor estructural capaz de alterar los precios internacionales del petróleo.
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La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos constituye un evento de alto impacto geopolítico, pero no mueve la aguja del mercado energético. Como concluye Heng Koon How, jefe de estrategia de mercados de UOB Group, “este último acontecimiento probablemente no afectará mucho los precios del crudo”.
Las proyecciones de UOB para el Brent refuerzan esta perspectiva. El banco estima un precio de US$65 por barril en el primer trimestre de 2026, US$60 en el segundo trimestre y US$55 en la segunda mitad del año. La conjunción de una oferta abundante por parte de la OPEP, un mercado global sobre abastecido y una industria venezolana que requiere años de inversión para recuperarse, consolida una visión donde cualquier reacción alcista será “probablemente breve y mínima”, según el mismo estratega.













