Bloomberg Línea — Pocos años en la época reciente han arrancado con tantas señales cruzadas como 2026. La desinflación global avanza, pero las tensiones geopolíticas se intensifican. El crecimiento económico persiste en grandes bloques, pero se desacelera en otros. Las bolsas acumulan tres años de retornos positivos, pero los niveles de valoración ya son exigentes. Y mientras la inteligencia artificial continúa alimentando el optimismo de los mercados, crecen las advertencias sobre el riesgo de una corrección.
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A ese cuadro se suma ahora un nuevo foco: la ofensiva militar de Estados Unidos en Caracas y la captura de Nicolás Maduro. El hecho, que marca el inicio de una posible transición política en Venezuela, plantea interrogantes clave sobre el equilibrio del mercado petrolero y el valor de los activos venezolanos.
Los analistas de JPMorgan Asset Management ya habían destacado que “los riesgos alrededor del escenario base son amplios” para este año, al describir un panorama en el que los efectos rezagados de decisiones previas comienzan a emerger con fuerza. Esa tensión entre expectativas optimistas y vulnerabilidades estructurales define buena parte del nuevo ciclo.
Bloomberg Línea analizó los reportes de este banco junto con los de Goldman Sachs, State Street Global Advisors, Morgan Stanley Wealth Management, BlackRock Investment Institute, Invesco, HSBC Asset Management, Fidelity International, Capital Economics, Macquarie Asset Management, Allianz Global Investors, BNP Paribas, Natixis Investment Managers, RBC Dominion Securities y Ashmore.

En conjunto, los análisis permiten trazar un mapa con los principales riesgos que enfrentarán los mercados en 2026: una inflación estructural más persistente de lo previsto; desequilibrios fiscales por déficits elevados y deuda creciente; incertidumbre política en ciclos electorales clave y una posible corrección en los mercados impulsada por la excesiva concentración en acciones tecnológicas.
A estos se suman: vulnerabilidades en el crédito privado; riesgos de reversión abrupta en renta fija; presiones cambiarias sobre economías emergentes con énfasis en América Latina, un posible shock energético derivado del conflicto en Venezuela, fragmentación geopolítica y comercial entre grandes potencias y la desaceleración estructural de China como factor externo de impacto global.
América Latina frente a los vientos cruzados
El ataque militar de Estados Unidos sobre Venezuela y la captura de Nicolás Maduro abren el primer riesgo para los mercados energéticos. Varios bancos de inversión habían comenzado a monitorear esta posibilidad desde diciembre, ante la intensificación de la presencia militar estadounidense en el Caribe.
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La transición política podría generar una disrupción inicial en la producción petrolera venezolana, con caídas temporales de hasta 50%, según estimaciones de JPMorgan. Sin embargo, también se contempla una rápida recuperación si se logra estabilidad y retornan inversiones clave. El país posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo y su reconfiguración política podría alterar el equilibrio del mercado petrolero global en 2026.
En un contexto de sobreoferta global, el conflicto en Venezuela introduce un nuevo factor de volatilidad. A corto plazo, la producción local podría caer por disrupciones operativas, desplazamiento de trabajadores o cierres preventivos en instalaciones clave. Sin embargo, bancos como JPMorgan y Bank of America coinciden en que, con una transición política ordenada, la producción podría recuperarse con rapidez, impulsada por el regreso de socios internacionales lo que podría presionar a un mercado ya en sobreoferta.
En sintonía con una mayor incertidumbre, el segundo riesgo está vinculado a la presión sobre monedas y deuda en mercados emergentes, con énfasis en América Latina.
Para Ashmore, 2026 se perfila como un año en el que el foco de los inversionistas volverá a la selección específica por país y activo, en un entorno macro más estable a nivel global. El gestor señala que “con las condiciones macro globales preparadas para estabilizarse en 2026, en nuestra opinión, las oportunidades de generación de alfa volverán de forma significativa hacia factores micro”.
En ese marco, Ashmore sostiene que “vemos que los riesgos de inflación global están sesgados a la baja y los riesgos de crecimiento global están sesgados al alza, lo que aumenta la probabilidad de condiciones goldilocks”, apoyadas además por un ciclo de recortes de tasas en Estados Unidos y un dólar más débil.

En América Latina, el informe identifica un perfil atractivo dentro del universo emergente, especialmente en renta variable. Ashmore afirma que “las acciones de mercados emergentes probablemente superarán al mercado a medida que los inversores se concentren en perfiles de retorno asimétricos, como las acciones latinoamericanas”, en un entorno de valoraciones que siguen por debajo de los promedios históricos frente a Estados Unidos.
El análisis añade que este escenario se ve respaldado por factores macro favorables y por una reducción general de tensiones internacionales, dado que “los riesgos geopolíticos están disminuyendo, con ciertas excepciones como Venezuela”.
Riesgos fiscales y época electoral
El tercer riesgo es que los bancos centrales se enfrenten a una inflación más persistente de lo que descuentan los mercados. Si bien hay consenso en que la desinflación ha avanzado, varias instituciones destacan que factores estructurales como la transición energética, la relocalización de cadenas de valor y el envejecimiento poblacional seguirán ejerciendo presión sobre los precios.
BlackRock advirtió que “los mercados aún no han internalizado plenamente que estamos en un régimen de mayor inflación estructural”. A esta visión se suman Fidelity International y Macquarie, que coinciden en que el viejo paradigma de tasas reales negativas ha quedado atrás. Invesco, por su parte, destacó el riesgo de un “repunte de inflación sin crecimiento”, especialmente si se materializan shocks de oferta como un embargo de tierras raras o una disrupción energética.
La política fiscal emerge como un cuarto riesgo. Tanto Capital Economics como Goldman Sachs y BNP Paribas advirtieron que los altos niveles de deuda pública y los déficits persistentes podrían amplificar los efectos de cualquier shock económico.

Para State Street, los riesgos fiscales están íntimamente ligados al comportamiento de los bonos soberanos. “La deuda soberana sigue siendo atractiva, pero los inversionistas deben ser selectivos con la duración y conscientes de los riesgos de inflación”, señaló Desmond Lawrence, estratega senior de inversión.
A este escenario se suma un quinto riesgo: las incertidumbres políticas. Más de 40 países celebrarán elecciones, lo que añade una capa de volatilidad a las decisiones económicas. En Estados Unidos, la presión política sobre la Reserva Federal, especialmente ante intentos de destitución de miembros del FOMC, es también una amenaza directa a la independencia del banco central, según destacaron tanto Invesco como Capital Economics.
Tecnología, crédito y concentración: el lado oscuro del optimismo
La concentración excesiva en acciones tecnológicas representa el sexto riesgo relevante. La inteligencia artificial sigue siendo uno de los principales motores de inversión empresarial. JPMorgan estimó que el gasto en centros de datos representa ya entre 1,2% y 1,3% del PIB estadounidense. Morgan Stanley, Goldman Sachs y Fidelity reconocen que la IA ha sido clave para sostener los retornos bursátiles recientes. Sin embargo, el entusiasmo comienza a mostrar signos de sobrevaloración.
Goldman Sachs advirtió que “una decepción trimestral en acciones tecnológicas, o la aparición de más competencia, podría provocar una retirada en las acciones tecnológicas líderes”. El caso de DeepSeek y su impacto sobre Nvidia el año pasado mostró cómo una sola publicación puede desencadenar caídas de dos dígitos en compañías altamente concentradas en los índices. State Street, Allianz y HSBC también alertaron sobre la creciente dependencia de la narrativa tecnológica para justificar valoraciones elevadas.
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El séptimo riesgo aparece en el mercado de crédito privado. Varios informes detectan un aumento de posibles desafíos, particularmente en segmentos privados. Capital Economics considera que “si viene un problema, es más probable que surja de las partes oscuras del sistema, en particular el crédito privado y las estructuras relacionadas que han crecido rápidamente en tamaño e importancia”. Natixis también advirtió que 46% de las instituciones encuestadas espera un aumento en los impagos corporativos durante 2026.
El octavo riesgo es una posible reversión abrupta en los mercados de renta fija. Los bonos gubernamentales tampoco están exentos. La posibilidad de una reversión abrupta en las tasas reales, provocada por dudas sobre la disciplina fiscal o por repuntes inflacionarios, puede generar caídas de precio en activos considerados refugio. En este contexto, Macquarie y State Street enfatizan la necesidad de gestionar cuidadosamente la duración y de cubrir los riesgos cambiarios, que podrían borrar retornos completos en activos internacionales.
La desaceleración de China y la guerra comercial
El noveno riesgo es la disrupción derivada de la transición energética. HSBC, BNP Paribas y Allianz coincidieron en que representa tanto una oportunidad como un riesgo financiero. El gasto en infraestructura energética, necesario para atender la demanda de centros de datos, puede provocar dislocaciones en tarifas, deuda pública y cuentas externas, especialmente en países con sistemas eléctricos frágiles.
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El décimo riesgo se asocia a la desaceleración estructural de China, que afecta directamente a América Latina por su rol como socio comercial clave. Macquarie señaló que “el impacto negativo de los aranceles empieza a sentirse entre 9 y 18 meses después de su implementación”, lo que podría coincidir con el primer semestre de 2026. BNP Paribas y Fidelity añadieron que la relocalización de cadenas de suministro podría excluir a algunas economías emergentes del nuevo ciclo de inversión.
La región, sin embargo, no está fuera del radar. Morgan Stanley, Invesco y Goldman Sachs destacaron que las valoraciones en América Latina son atractivas en términos relativos y que la diversificación geográfica podría favorecer a los inversores con exposición selectiva.
Esta historia se actualizó a las 8:34 am ET para corregir la visión de Ashmore sobre los mercados emergentes.













