Bloomberg Línea — El yen ha experimentado una apreciación frente al dólar en medio de crecientes señales de que Japón y Estados Unidos podrían estar preparando una intervención cambiaria conjunta. Esta posibilidad ha comenzado a modificar las expectativas del mercado de divisas y a abrir comparaciones con el Acuerdo del Plaza de 1985.
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La presión sobre el yen no es nueva. Desde 2022, la moneda japonesa se ha debilitado de forma constante frente al dólar como consecuencia de una política monetaria ultraexpansiva del Banco de Japón, en contraste con el alza de tasas de la Reserva Federal. Sin embargo, los factores estructurales de 2026 son distintos junto con la posibilidad de una acción con Estados Unidos, y eso está alterando el equilibrio.
“Esto indica que Tokio y Washington están en sintonía, demostrando que están listos para implementar una intervención conjunta de compra de yenes, una medida que evocaría recuerdos del Acuerdo del Plaza de 1985. Esto desafiaría la tendencia de debilidad del yen desde 2022″, señaló Taro Kimura, economista de Bloomberg Economics
“La posibilidad de una intervención coordinada introduce una nueva capa de incertidumbre en los mercados: dada la poca frecuencia con la que se producen este tipo de acciones, los especuladores se enfrentan ahora a una gran incertidumbre sobre el momento y la magnitud de los posibles movimientos, lo que hace cada vez más arriesgado aumentar las posiciones cortas en yenes”, añadió Kimura.
¿Qué está pasando con el yen japonés?
La atención del mercado hacia el yen se intensificó luego de que el Banco de Japón realizara en diciembre de 2025 una subida de tasas, llevando el tipo de interés al 0,75%, el nivel más alto en aproximadamente 30 años. La decisión marcó un punto de inflexión tras años de tasas negativas y de control de la curva de rendimientos, y fue interpretada como el inicio de una normalización monetaria largamente postergada.
Aunque en la reunión de enero de 2026 la autoridad monetaria mantuvo sin cambios su postura, el ajuste previo modificó parcialmente las expectativas del mercado. Los inversionistas comenzaron a evaluar la posibilidad de nuevas subidas en los próximos meses, en particular si las negociaciones salariales de primavera confirmaban presiones inflacionarias más persistentes. No obstante, el Banco de Japón reiteró un enfoque gradual, lo que limitó la percepción de un cambio de régimen monetario inmediato.
A esto se sumaron riesgos políticos internos, como la posibilidad de elecciones anticipadas impulsadas por la primera ministra Sanae Takaichi, lo que arrastró a la moneda la semana pasada.
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Tras la debilidad que venía mostrando, en los últimos tres días el yen registra un repunte de más de 2% frente al dólar, impulsado por un cambio en el balance de riesgos percibido por los inversionistas más que por una mejora en los fundamentos de la economía japonesa.
Durante meses, el mercado había acumulado posiciones apostando a una mayor depreciación de la moneda, apoyadas en el amplio diferencial de tasas frente a Estados Unidos y en la expectativa de que la normalización monetaria sería lenta.
Ese posicionamiento se volvió vulnerable cuando el gobierno japonés elevó el tono de sus advertencias la semana pasada sobre movimientos especulativos en el mercado cambiario
Takaichi advirtió que tomarán “todas las medidas necesarias para abordar movimientos especulativos y altamente anormales”. En la misma línea, la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, aseguró que Japón tiene “las manos libres para actuar según sea necesario, incluida la intervención” y dijo estar siguiendo “los movimientos del mercado con un alto sentido de urgencia”.

Además de estas declaraciones, surgieron señales técnicas desde la Reserva Federal de Nueva York, que reavivaron las expectativas de una posible intervención para estabilizar el yen. Ante ese escenario, bancos y fondos comenzaron a cerrar posiciones de forma acelerada para reducir riesgos, lo que implicó compras de yen y derivó en la apreciación rápida de la divisa.
En paralelo, el comportamiento del mercado de deuda añadió un elemento de cautela. Los rendimientos de los bonos japoneses a largo plazo alcanzaron máximos de varias décadas, reflejando preocupaciones persistentes sobre el gasto fiscal y el elevado nivel de endeudamiento del país. Estos factores subrayan que, más allá de los movimientos de corto plazo en el tipo de cambio, las presiones estructurales sobre el yen continúan presentes y limitan el impacto duradero de cualquier acción cambiaria.
¿Qué es el Acuerdo del Plaza y por qué vuelve al centro del debate?
El Acuerdo del Plaza fue firmado en 1985 por los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G5: Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental, Francia y Reino Unido. Su objetivo era provocar una depreciación ordenada del dólar, que entonces estaba excesivamente fuerte y generaba desequilibrios comerciales globales. El pacto logró una caída de casi 40% del dólar frente al yen y el marco alemán en dos años.
El pacto se negoció y se firmó el 22 de septiembre de 1985 en el Hotel Plaza, un hotel histórico ubicado frente a Central Park, en Nueva York.
Hoy, el paralelismo con aquel episodio surge por la posibilidad de que Tokio y Washington coordinen compras de yenes y ventas de dólares para revertir la tendencia bajista que venía mostrando el yen.
Las señales en esa dirección han comenzado a acumularse. En los últimos tres días, el dólar cayó desde 159,23 hasta niveles por debajo de 154 frente al yen tras conocerse reportes, citados por The Wall Street Journal, de que la Reserva Federal de Nueva York realizó consultas sobre el mercado cambiario japonés.
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“La apreciación del yen entre el viernes y el sábado por la mañana carecía de un detonante confirmado, pero las huellas apuntan a algo significativo: posibles revisiones de tasas tanto por el Banco de Japón como por la Reserva Federal de Nueva York”, dijo Kimura, de Bloomberg Economics.
El mercado interpretó esto como una señal técnica habitual antes de una intervención coordinada. Aunque ni la Fed ni el Tesoro estadounidense han comentado oficialmente al respecto, para varios operadores este tipo de consultas no suelen anticipar acciones unilaterales. “El hecho de que la Fed de Nueva York estuviera preguntando implica que cualquier intervención potencial en el dólar-yen no será unilateral”, dijo Bipan Rai, director gerente en BMO Capital Markets.
¿Qué mira el mercado?
A diferencia de 2022 y 2024, cuando las intervenciones japonesas fueron unilaterales y con poco efecto sostenido, el entorno actual ofrece mayores probabilidades de éxito. Las tasas de interés del Banco de Japón son más altas y el mercado descuenta nuevas subidas. A esto se suma una expectativa más firme de que la inflación se ha consolidado, lo que refuerza la narrativa de normalización monetaria.

“Las tasas a plazo muestran una senda esperada de política más alta y descuentan más subidas del Banco de Japón que en el momento de intervenciones anteriores”, explicó Kimura.
Este nuevo escenario ha comenzado a erosionar los fundamentos de las operaciones de carry trade que durante los últimos años presionaron a la baja al yen. El diferencial de tasas entre Japón y Estados Unidos se está reduciendo, y la volatilidad inducida por una eventual intervención coordinada vuelve más riesgosa las posiciones apalancadas en contra del yen.
“El probable equilibrio es una reducción gradual de la exposición a carry trade. Eso favorece al yen”, concluyó Kimura.
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La intervención, incluso si no se concreta, ya ha generado efectos. Los analistas de MUFG destacaron que el dólar se debilitó pese a que los rendimientos de los bonos estadounidenses seguían en alza. Lee Hardman, analista senior de divisas del banco, añadió que hay que tener en cuenta que “la caída del dólar ha sido impulsada por una renovada incertidumbre en la política de Estados Unidos, que ha pesado sobre la moneda tal como ocurrió el año pasado”.
¿Cuál puede ser el impacto global?
La clave de esta posible intervención radica en su carácter coordinado. A diferencia de episodios recientes, donde Japón actuó solo, una acción conjunta con Estados Unidos tendría un impacto más potente en el mercado y cambiaría las reglas del juego.
“Un umbral aparentemente más bajo para una intervención coordinada significa que las reglas del juego para el comercio dólar-yen han cambiado”, expresó Kimura.

La incertidumbre sobre el momento y la magnitud de una acción conjunta hace que sea más riesgoso mantener apuestas especulativas contra el yen. Además, los actores institucionales japoneses, como aseguradoras y exportadores, podrían comenzar a elevar sus coberturas cambiarias, generando una mayor demanda de yenes.
“Es probable que los exportadores y las aseguradoras de vida ahora sientan urgencia por aumentar sus ratios de cobertura de divisas”, añadió Kimura.
El mercado aún recuerda que las intervenciones conjuntas se han reservado históricamente para momentos de crisis. El antecedente más claro fue en 2011, tras el terremoto de Tohoku. Antes, en 1998, Japón y Estados Unidos también actuaron de forma conjunta. Para encontrar una acción coordinada de compra de yenes con implicaciones geoeconómicas es necesario volver al mencionado Acuerdo del Plaza.
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En 2024, Japón gastó casi US$100.000 millones en operaciones de compra de yenes para defender su moneda. En todas esas ocasiones, el tipo de cambio se encontraba cerca del nivel de 160 yenes por dólar, que ahora vuelve a aparecer como un umbral técnico observado por el mercado para anticipar una nueva intervención. Esa marca se ha transformado en una referencia informal sobre la tolerancia del gobierno japonés ante la depreciación de su divisa.
El impacto del fortalecimiento del yen en los últimos tres días no se limita al cruce con el dólar. Otras divisas asiáticas, como el won surcoreano y el dólar de Singapur, también han registrado avances en medio del ajuste del yen, lo que refleja una reconfiguración más amplia de los flujos en los mercados emergentes de Asia. Esta dinámica regional podría intensificarse si se confirma una intervención coordinada entre Japón y Estados Unidos.













