Elon Musk, siempre en sintonía con el espíritu político de la época, ha actualizado la misión de Tesla Inc. (TSLA) a “abundancia asombrosa”. Es el tipo de hipérbole que adoran los inversores de la empresa que dirige. Sin embargo, antes de que se materialice esa promesa, anunció otro tipo de abundancia durante su última llamada de resultados: el presupuesto de inversión de Tesla se duplicará con creces.
Para los optimistas, Tesla finalmente está desatando su potencial financiero para liderar el futuro de los vehículos autónomos, la robótica y la inteligencia artificial. Pero la noticia llegó junto con los débiles resultados del cuarto trimestre y el impactante anuncio de que Tesla invertirá cerca de US$2.000 millones en xAI, la empresa de inteligencia artificial de Musk. Entre todos los planes y objetivos anunciados en la conferencia, lo único seguro es que Tesla gastará mucho dinero este año.
Los resultados financieros en sí mismos fueron poco claros y decepcionantes.
El margen bruto de los vehículos, un indicador muy seguido y ajustado por créditos regulatorios, se situó en el 17,9%, un porcentaje sorpresivamente alto teniendo en cuenta el desplome de las entregas de automóviles, aun considerando las ganancias por tipo de cambio.
El negocio energético de Tesla se desempeñó bien, aunque el margen bruto se mantuvo prácticamente sin cambios con respecto al tercer trimestre.
En cualquier caso, esta aparente fortaleza no se reflejó en los resultados.
El margen operativo global de Tesla cayó hasta solo el 5,7%. Los “otros” costes, que podrían reflejar las fluctuaciones en el valor de las criptomonedas, se dispararon. Los beneficios según los principios contables generalmente aceptados (GAAP, por sus siglas en inglés) del cuarto trimestre se desplomaron un 60% interanual.
Por supuesto, nada de eso importa. Las acciones de Tesla no dependen tanto de las cifras publicadas, sino más bien de una función compleja, aunque difusa, que multiplica las iniciativas previstas por el nivel de confianza en Musk. Ambos factores son elevados.
Musk anunció que Tesla retirará dos de sus modelos más antiguos y de mayor precio, el S y el X, el próximo trimestre, en lo que quizá sea un reconocimiento del descenso de las ventas, pero que se presenta como un símbolo del cambio de la compañía hacia vehículos totalmente autónomos, como los Cybercabs. Se prevé que la producción de estos empiece a finales de junio.
Tesla también tiene previsto presentar pronto su versión de tercera generación del robot humanoide Optimus, cuya producción en masa está “prevista” para finales de año. Además, hay grandes planes en materia de energía solar, baterías, cargadores y chips.
Esta narrativa es algo habitual en Tesla, y los objetivos de Musk deben ser tratados con escepticismo.
Al preguntarle por detalles sobre cuántos robots Optimus están operando actualmente en las fábricas de Tesla y qué tareas realizan, Musk se mostró evasivo.
Afirmó que la tecnología aún se encuentra en fase de investigación y desarrollo, lo que resulta bastante contradictorio con la idea de que la producción en masa comenzará en menos de 12 meses (y que los modelos S y X se están descartando para cambiar sus líneas de producción a la fabricación de robots).
La expectativa de Musk de tener vehículos totalmente autónomos operando en entre una cuarta parte y la mitad de los EE.UU. para finales de año debe ponerse en contexto con su expectativa de llegar a la mitad de los Estados Unidos para finales de año... el año anterior.
Lo que no se puede poner en duda es la cantidad de dinero que Tesla está gastando para hacer todo esto.
La cifra estimada de inversión en capital fijo de más de US$20.000 millones para 2026 no solo es superior a la suma de los dos años previos, sino que también es considerablemente mayor que el mejor flujo de caja operativo anual de Tesla, que fue de US$14.900 millones en 2024. Esa cifra disminuyó ligeramente en 2025 y la opinión general es que volverá a caer este año.
Esto no es de extrañar, ya que Tesla está restando importancia a su principal fuente de beneficios, la fabricación de VE, y está invirtiendo miles de millones en negocios incipientes que no generarán beneficios durante un tiempo, aun suponiendo que tengan éxito.
Sorprendentemente, esos US$20.000 millones equivalen a la mitad del valor total de los activos de propiedad, planta y equipo que figuran en el balance de Tesla. Esto indica una expansión radical en un plazo muy breve.

Según las previsiones de consenso, el presupuesto de inversión en capital implica que Tesla quemará alrededor de US$6.000 millones de efectivo este año. Con US$44.000 millones en su balance, Tesla puede permitírselo.
Sin embargo, esto convertiría 2026 en el primer año de flujo de caja libre negativo para Tesla desde 2018, antes de que un aumento de las ventas de los entonces nuevos modelos y el impulso a los precios generado por la disrupción de la pandemia cambiaran el flujo de caja libre a positivo.
Este eco de la década de 2010, durante gran parte de la cual Tesla fue una especie de startup que cotizaba en bolsa, encaja perfectamente con la inversión en xAI.
Recordemos que los accionistas de Tesla tuvieron un voto no vinculante sobre esto en la junta de noviembre. Si bien hubo más votos a favor que en contra, el alto número de abstenciones significó que técnicamente se consideró un no.
Tesla, sin embargo, parece haberse centrado más en los votos a favor, y Musk declaró discretamente en la presentación de resultados del miércoles que “sencillamente estamos haciendo lo que los accionistas nos pidieron, prácticamente”.
El “prácticamente” influye mucho, pero en cierto sentido tiene razón. Tras la votación, escribí que, si bien se tomaron nota de las abstenciones, “la señal aquí es verde”. ¿Cómo no iba a serlo en el contexto del paquete salarial de US$1billón de Musk, aprobado por abrumadora mayoría, y con acciones que cotizan a 200 veces las ganancias a pesar de las ventas y los beneficios vacilantes?
El hecho de que el paquete salarial se justificara con el argumento de que persuadiría a Musk a mantener sus mejores ideas internamente, incluso cuando los accionistas votaron a favor de invertir en un negocio estratégico de IA que claramente no se había mantenido internamente, se perdió un poco.
Los últimos resultados y planes reafirman la idea de que los inversionistas de Tesla ahora poseen algo más parecido a una empresa de cheque en blanco.
Una que promete una prosperidad asombrosa en diversos frentes, incluso cuando su principal negocio actual sucumbe a las banalidades de la presión competitiva. Que se siente libre de combinar su estrategia y activos con las propias iniciativas del CEO. Y, para completar el panorama, una que está dispuesta a gastar miles de millones en pos de ello.
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