El mensaje detrás del estilo de Abelardo De la Espriella y Ana Lucía Pineda, según una experta

Una experta explica a Bloomberg Línea cómo el clóset de la pareja presidencial es una forma de diplomacia económica.

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Ana Lucía Pineda y el presidente Abelardo de la Espriella

La moda es poder… y política. Si no, que le pregunten al nuevo presidente de Colombia, Abelardo De la Espriella, y a la primera dama, Ana Lucía Pineda, que se han convertido en una “power couple” cuya imagen pública combina estilo, identidad y estrategia.

A diferencia de expresidente Gustavo Petro, cuya imagen solía asociarse con una expresión más relajada, De la Espriella recupera el traje como uniforme habitual: sumamente estructurado, ajustado a medida y con camisas blancas impolutas.

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Como complemento lleva corbatas, pañuelos y, si la coacción lo requiere, gafas de sol. Durante su campaña solía lucir Tigris, un reloj que comercializó por US$5.000 como parte de los productos de merchandising de Defensores de la Patria. A su envistudura llegó con un traje de la marca colombiana Arturo Calle.

“Es un estética muy estructurada, muy ordenada que transmite mucho: autoridad, disciplina y, sobre todo, lo que creo que más le gusta a la gente: la idea de éxito”, dijo a Bloomberg Línea Eva Hughes, vicepresidenta ejecutiva y presidenta del Consejo Asesor del Instituto Marangoni Miami.

Hughes, exdirectora de Vogue México y Latinoamérica, destacó que el nuevo presidente también suele recurrir con frecuencia al azul marino, un color que se vincula con el liderazgo, la confianza y la estabilidad. “Lo más interesante no es cómo se viste, sino el mensaje que ha comenzado a dar alrededor de la moda”.

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Abelardo De la Espriella y Gustavo Petro

De la Espriella, cuyo portafolio de negocios incluye la marca de ropa con inspiración italiana Sempre Avanti, acudió en julio con su esposa a la inauguración de Colombiamoda. Su asistencia puso fin a un periodo de casi diez años sin la presencia de un jefe de Estado en la mayor feria de la industria para Colombia y una de las más importantes de Latinoamérica.

Durante el evento, la pareja asistió a la pasarela de Manuela Álvarez y el mandatario aprovechó para señalar que la industria tendría “todo el respaldo, toda la defensa y todo el apoyo” de su gobierno. Poco después, nombró a Silvia Tcherassi como embajadora ad honórem de la Moda, la Creatividad y la Identidad de Colombia.

Para Hughes, el estilo de la pareja trasciende el clóset y se convierte en diplomacia económica. “Cuando un presidente incorpora la moda dentro de una conversación desde una perspectiva económica del país ya habla de algo mucho más que simplemente la ropa”, señaló.

“La creatividad deja de ser simplemente una expresión cultural para convertirse en un activo económico”.

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La narrativa de estilo de la primera dama

Pero poco puede decirse del estilo del mandatario sin sumar a Pineda, una primera dama con “imagen joven, elegante, sofisticada, muy femenina” que se comprometió a lucir solamente ropa de marcas colombianas.

Ya se le ha visto con diseños de Tcherassi y Álvarez. “Se ve que hay un hilo conductor muy unido al mensaje que él tiene”, destacó Hughes

Aunque las primeras damas históricamente han apoyado a creadores locales, Hughes considera que la diferencia está en que cada elección de vestuario de Pineda forma parte de un discurso más amplio. “No es solamente cómo se viste, es la comunicación a través de esas elecciones. Está construyendo una identidad alrededor del diseñador que elige y de la historia que representa”, explicó.

Por ejemplo, Álvarez, que ya ha vestido a la primera dama, se ha convertido en uno de los talentos colombianos con mayor proyección tras ser finalista del prestigioso premio LVMH, mientras que Tcherassi creó una beca junto con el Instituto Marangoni.

Otros colombianos que han alcanzado reconocimiento global incluyen a Esteban Cortázar, quien dirigió la casa Emmanuel Ungaro, y Haider Ackermann, que ha vestido a figuras como Tilda Swinton y Timothée Chalamet.

A través de cada traje y cada elección de vestuario, la nueva pareja presidencial proyecta una agenda que busca unir moda, identidad y economía. Pero, según Hughes, el reto estará en alejarse de los excesos.

“Llevar algo de una marca de lujo quizás no sea lo más apropiado”, señaló. “Representan un país y su realidad. No pueden alejarse de esa realidad ni perder cercanía con su pueblo. Saber estar también es parte de un discurso”.

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