Buenos Aires — Mientras los bonos soberanos y las acciones argentinas comienzan a incorporar un escenario electoral en sus precios, el mercado cambiario todavía tendría margen para mantenerse al margen de esa dinámica. Esa es una de las principales conclusiones de un informe de Facimex Valores, que advierte que aún es prematuro tomar cobertura cambiaria con las elecciones como principal argumento.
La diferencia entre los activos financieros y el dólar radica, según la casa de Bolsa, en los factores que determinan sus movimientos. Mientras los bonos y las acciones pueden reaccionar anticipadamente a cambios en las expectativas políticas, el tipo de cambio está más condicionado por los flujos comerciales y financieros vinculados a la inversión. La demanda especulativa, en cambio, suele adquirir un papel más relevante a medida que se acerca la elección.
Los precedentes latinoamericanos
Facimex basa su análisis en un estudio de Dirk Willer, Ram Bala Chandran y Kenneth Lam publicado en 2020, que examinó el comportamiento del tipo de cambio real alrededor de 23 elecciones presidenciales latinoamericanas.
La muestra incluyó elecciones en las que un candidato considerado negativo por los mercados obtuvo al menos 25% de los votos. El criterio buscó concentrar el análisis en procesos electorales donde existiera una incertidumbre política con potencial impacto sobre los mercados.
El resultado muestra un patrón temporal bastante definido. La presión sobre las monedas comienza, en promedio, unos seis meses antes de la elección, pero se intensifica especialmente durante los tres meses previos.
A partir de allí, la dinámica cambia. Cerca de un mes antes de los comicios la tendencia de depreciación comienza a moderarse y, aproximadamente dos semanas antes, empieza a revertirse. Después de la elección, esa reversión puede transformarse en un rally significativo.
La regularidad del fenómeno es especialmente relevante: en las 23 elecciones analizadas hubo depreciación cambiaria entre tres meses y dos semanas antes de los comicios. En sentido contrario, 22 de las 23 elecciones registraron una apreciación de la moneda entre las dos semanas previas y los tres meses posteriores.
¿Cuándo empezará a impactar la elección en el tipo de cambio?
El patrón histórico sugiere que el mercado argentino todavía está demasiado lejos del momento en el que la incertidumbre electoral debería comenzar a impactar de manera significativa sobre el tipo de cambio.
Según Facimex, el efecto podría comenzar a sentirse entre febrero y abril de 2027, dependiendo de si finalmente existen o no PASO. Pero la incidencia más importante del proceso electoral sobre el dólar no llegaría hasta mayo o julio.
Por eso, el bróker considera prematuro construir una estrategia de cobertura cambiaria cuyo principal catalizador sea la elección.
Esto no implica que el tipo de cambio permanezca necesariamente estable durante los próximos meses. La conclusión es más específica: no habría, por ahora, razones históricas suficientes para atribuir al riesgo electoral un papel central en la evolución del dólar.
Una rotación que sí tendría sentido
Aunque Facimex desaconseja anticipar una cobertura cambiaria exclusivamente por motivos electorales, sí encuentra atractiva una rotación dentro de los instrumentos en pesos.
La recomendación es pasar del Boncer de marzo de 2027 (TZXM7) a la Lelink de marzo (D31M7), y del Boncer de junio de 2027 (TZX27) al Bonte dólar linked de junio (TZV27).
La apuesta se apoya en que los instrumentos dólar linked todavía incorporan una depreciación relativamente moderada del tipo de cambio real bilateral: apenas 1,6% para marzo de 2027 y 4,3% para junio.
En otras palabras, la estrategia no supone que el mercado cambiario vaya a comenzar inmediatamente a descontar las elecciones. Más bien, busca posicionarse de manera gradual frente a una eventual depreciación del peso sin pagar, a esta altura, un costo elevado por esa cobertura.
La diferencia entre el trade electoral y el dólar
El diagnóstico de Facimex establece así una diferencia entre los activos que ya pueden estar protagonizando un “trade electoral” y el mercado cambiario.
Los Globales y, potencialmente, las acciones pueden anticipar con mucha mayor rapidez un cambio en las expectativas políticas. El dólar, en cambio, responde a una combinación más amplia de factores, entre ellos el comercio exterior, los flujos de capital y las decisiones de inversión.
Por eso, trasladar automáticamente la lógica electoral de los bonos al tipo de cambio sería, según la consultora, un error de timing.
La conclusión es que todavía no llegó el momento de cubrirse del riesgo electoral vía dólar. Ese escenario comenzaría a ganar relevancia recién durante el primer semestre de 2027 y, sobre todo, a medida que la elección entre en su tramo decisivo.
¿Cómo podría afectar un cambio de rumbo al dólar después de 2027?
Un eventual cambio de Gobierno hacia una administración menos amigable con los mercados no implicaría necesariamente un default, aunque sí podría reabrir interrogantes sobre la dinámica cambiaria y la gestión de la deuda, según Pablo Repetto, gerente general de Aurum Valores.
“Con este nivel de reservas y la estructura de exportaciones e importaciones, tal vez sea más un problema cambiario que de deuda”, señaló Repetto en diálogo con el podcast La Estrategia de Día. Ante un cambio de signo político, el mercado probablemente adoptaría primero una postura más conservadora y esperaría señales concretas de la nueva administración antes de volver a reducir el riesgo.
En ese escenario, uno de los puntos de atención estaría en los REPOs tomados durante el actual Gobierno. Repetto recordó que, tras el cambio de administración de 2019, fue necesario afrontar la devolución de los acuerdos de ese tipo que habían sido tomados por el Tesoro o el Banco Central.
La diferencia, según el analista, es que actualmente el Banco Central mantiene varios REPOs, por lo que el nivel de reservas netas de esas obligaciones sería considerablemente menor al stock bruto. “El stock de reservas ajustado por REPOs no va a ser lo suficientemente alto como para arrancar un nuevo gobierno” si este fuera recibido negativamente por el mercado, sostuvo.
Eso no significa que un cambio de rumbo político conduzca inexorablemente a un incumplimiento. Repetto señaló que incluso con un riesgo país mucho más elevado el país podría evitar un default, dado que una parte relevante de la deuda del Tesoro está colocada a tasas relativamente bajas y otra porción corresponde a organismos internacionales.
El desafío, en ese caso, estaría tanto en la administración de los vencimientos y compromisos acumulados como en la señal que el nuevo Gobierno decidiera enviar al mercado. Por eso, para Repetto, el interrogante central no sería únicamente la capacidad de pago, sino también la “voluntad de pago” de una eventual nueva administración.













