Por qué la inflación de Bolivia fue la más alta en casi 40 años en 2025 y podría empeorar

El gobierno de Rodrigo Paz se enfrenta al desafío de contener la inflación ante nuevos desafíos que se abren con el retiro de los subsidios a los combustibles.

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Bolivia
07 de enero, 2026 | 12:54 PM

Bloomberg Línea — Bolivia cerró 2025 con una inflación anual del 20,4%, el valor más alto en casi 40 años, en medio de las presiones económicas que sigue enfrentando el país andino y la expectativa por el posible efecto del retiro de los subsidios a los combustibles este año.

“Si se ordenan todas las tasas interanuales desde enero de 1987 hasta diciembre de 2025, el registro de cierre de 2025 se ubica entre los más altos de casi cuatro décadas”, dijo a Bloomberg Línea Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF). “No es un accidente estadístico ni un outlier mensual: varios de los mayores registros históricos corresponden a meses de 2025, lo que confirma persistencia”.

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Según Fortun, los únicos episodios comparables se concentran a comienzos de los años 90, en la salida de la hiperinflación de los 80.

Fuera de ese período excepcional, Bolivia había operado durante años bajo un esquema de inflación baja y relativamente estable.

Es así que “el contraste con el presente es marcado”, dice el analista de esa asociación global del sector financiero, con cerca de 400 miembros de más de 60 países.

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El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en diciembre pasado una variación positiva de 0,59% respecto a noviembre, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) de Bolivia.

Ver más: Bolivia solo podría lograr estabilidad hasta 2027: “Es todo o nada”, según Jaime Dunn

“Durante 2025, la inflación en Bolivia no respondió a un evento aislado, sino a un proceso sostenido de presiones sobre los precios a lo largo de todo el año”, explicó en un análisis Luis Fernando Romero Torrejón, economista, investigador y académico.

Detalló que ocho de los doce meses registraron variaciones iguales o superiores al 1%, lo que evidenciaría persistencia inflacionaria.

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“Los meses más críticos fueron mayo (3,65%) y junio (5,21%), confirmando una aceleración inflacionaria durante el primer semestre del año”, señaló Romero.

Dice además que el proceso inflacionario fue heterogéneo y concentrado principalmente en alimentos, transporte y servicios, no en bienes durables.

La inflación de diciembre se explica por el incremento de precios reportado en Potosí (1,66%), Conurbación La Paz (1,48%); Oruro (0,96%); Sucre (0,57) y Región Metropolitana Kanata (0,28%).

El INE indicó que en diciembre los productos con mayor incidencia positiva fueron las diferentes modalidades de transporte, gasolina y pan corriente.

Fortun considera que el 20,4% no es solo un número alto en términos históricos.

“Es una señal de que la inflación en Bolivia ha entrado en una fase más compleja, donde la discusión deja de ser mensual y pasa a ser estructural”, dijo.

En este tipo de contextos, dice que el costo de estabilizar suele aumentar con el tiempo, especialmente cuando la inflación núcleo empieza a marcar el ritmo y las expectativas dejan de mirar al pasado

El origen inflacionario

Inflación en Bolivia

Fortun advierte que el principal punto de quiebre es el desanclaje cambiario.

El dólar paralelo dejó de ser marginal y pasó a ser referencia efectiva de precios, trasladando la depreciación a la inflación, primero en bienes y luego en servicios.

Alimentos, transporte y vivienda lideran las alzas por su alta dependencia de costos dolarizados y logística.

A su juicio, la señal más preocupante es el repunte de la inflación núcleo, que indica que las presiones ya no son puntuales, sino macroeconómicas.

Esto refleja expectativas desancladas, mayor indexación y comportamientos defensivos de precios.

A este escenario se suma el retiro de subsidios a los combustibles, cuyo impacto en costos ya comienza a sentirse y podría intensificarse. “Incluso antes de un ajuste completo en los precios finales, el impacto ya se empieza a sentir por la vía de costos de transporte, distribución y servicios”.

El hecho de que la inflación núcleo haya retomado una trayectoria ascendente sugiere que ese canal ya está activo, aunque aún de manera parcial.

Cuando el precio de la energía deja de estar artificialmente contenido, el traslado a precios suele ser amplio y persistente.

Todo ocurre en un contexto de fragilidad fiscal y monetaria, lo que aumenta el riesgo de efectos inflacionarios de segunda vuelta.

“Las restricciones de financiamiento, la monetización del déficit y la corrección forzada de precios relativos reducen los márgenes de política para amortiguar el shock inflacionario”, consideró Fortun.

Efecto de eliminación de subsidios a combustibles

Bolivia, hidrocarburos

Según Romero, la eliminación de la subvención de carburantes mediante el DS 5503 no se reflejó plenamente en la inflación anual del 2025 por razones estadísticas y temporales.

“El decreto DS 5503 se aplica recién desde el 17 de diciembre, por lo que el IPC mensual solo capturó una fracción mínima del shock”, indicó.

A su juicio, la inflación fue diferida estadísticamente hacia el 2026, pero no contenida estructuralmente.

“Los precios sí subieron fuerte en 2025, pero una parte del golpe recién se va a sentir en 2026, sobre todo por el aumento de los combustibles”, apuntó el analista.

Brecha entre inflación oficial y real

Fotógrafo: Marcelo Perez del Carpio/Bloomberg

Romero considera que hay una brecha importante entre la inflación oficial y la real, dado que considera que las estadísticas actuales se enfocan principalmente en grandes ciudades y no reflejan suficientemente los precios en mercados populares, ferias y la economía informal.

En este sentido, propone actualizar la canasta de consumo cada 3–5 años, para reflejar los gastos actuales en transporte y alimentos.

También recomienda un IPC encadenado, es decir, “capturar sustituciones reales (cuando la gente compra ‘lo más barato’)”.

Además, sugiere crear índices complementarios: inflación subyacente, por deciles de ingreso y de costo de vida, y ampliar la cobertura a mercados informales, ferias y comercio barrial.

El objetivo es medir la inflación realmente vivida por los hogares, no solo el promedio estadístico, según su propuesta.

“Medidas urgentes”

Entre las acciones prioritarias para contener la inflación, según Romero, sugiere un subsidio temporal y focalizado al transporte público.

“Esto evita que el shock de los carburantes se traslade en cadena a todo”, indicó.

Además, propone protección directa de alimentos básicos sin recurrir a controles generalizados.

También considera que se requiere un "ancla fiscal y monetaria creíble", limitando la emisión de dinero para cubrir déficit público. “No se debe financiar la inflación con mayor impresión de dinero inorgánico, peor en recesión económica”.

Dice que si bien estas medidas no eliminan la inflación, pueden prevenir aceleraciones desordenadas del proceso.

Ver más: Consumo de diésel en Bolivia cae 50% tras eliminación de subsidios a los combustibles

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