No todas las decisiones de Trump contra Brasil benefician a Lula en las elecciones: experto

Matías Spektor, profesor de Relaciones Internacionales, dice que la opinión pública brasileña reacciona de manera distinta según el tema en cuestión, y no de manera uniforme ante cualquier gesto de Trump contra Brasil.

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Lula’s ‘Magician’ Eyes Brazil Budget Surplus Without Big Spending Cuts

Bloomberg Línea — Desde que asumió su segundo mandato, el presidente estadounidense Donald Trump ha tomado una serie de decisiones que afectan directamente a Brasil: aranceles sobre las exportaciones brasileñas, la designación de las facciones PCC y Comando Vermelho como organizaciones terroristas, la revocación de la visa de la embajadora brasileña en Washington y sanciones contra el ministro de la Corte Suprema Federal Alexandre de Moraes.

La interpretación más común sobre este conjunto de medidas es que cada nueva acción de Trump contra el país empuja al electorado a posicionarse a favor del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (Partido dos Trabalhadores (PT)) y en contra del senador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal (PL)), en las elecciones de octubre.

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Para Matias Spektor, profesor titular y director de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), esta relación no es automática.

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“Es muy precipitado hacer cualquier cálculo electoral en el sentido de que, si Trump toma una decisión en contra del gobierno de Lula, esto necesariamente produce una reacción unificada del electorado pro-Lula. Es más complejo que eso”, dijo Spektor en una entrevista para el podcast Radar Eleitoral, de Bloomberg Línea.

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El argumento central de Spektor es que la opinión pública brasileña reacciona de manera distinta según el tema en cuestión, y no de manera uniforme ante cualquier gesto de Trump contra Brasil.

Él cita los aranceles como el ejemplo en el que esta reacción se acercó más al patrón esperado: las encuestas mostraron a un electorado unido en contra de la medida, calificada de ilegítima, lo que le permitió a Lula sacar provecho del episodio en torno a un discurso de defensa de la soberanía nacional.

Sin embargo, la designación de PCC y de Comando Vermelho como organizaciones terroristas ya no siguió el mismo patrón. Otro caso citado por Spektor es el de las sanciones bajo la Ley Magnitsky aplicadas el año pasado por Trump contra Alexandre de Moraes — y posteriormente retiradas — que limitaban la capacidad del ministro para operar en Estados Unidos.

La reacción inicial ante el episodio, según él, movilizó al electorado en contra de la medida estadounidense, entendida como una violación de la soberanía brasileña. Pero revelaciones recientes sobre la relación de Moraes con Daniel Vorcaro, del Banco Master, podrían cambiar esa percepción.

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“Habrá quienes digan que el proceso de sanción contra Alexandre de Moraes pasa a ser legítimo, en un contexto en el que Brasil necesita combatir el crimen organizado que, como sabemos hoy gracias a la Operación Carbono Oculto, no se limita únicamente a las organizaciones criminales”, afirmó.

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Spektor también señala una división en la forma en que el electorado brasileño evalúa a Trump como líder político, distinta de la evaluación sobre medidas específicas como los aranceles.

Según las encuestas que cita, mientras que había consenso en contra de los aranceles, el electorado se divide por la mitad cuando se le pregunta sobre Trump como líder: cerca de la mitad de los encuestados lo califica como un líder político fuerte, y una proporción similar llega a decir que Brasil necesitaría un líder como él.

Para Spektor, la conclusión práctica es que cualquier pronóstico sobre el efecto electoral de una nueva decisión de Trump en contra de Brasil depende del tema específico en juego, y no solo del origen estadounidense de la medida.

“Una vez más, creo que es muy precipitado establecer una conexión directa entre la intervención estadounidense y una ventaja estructural para la candidatura del presidente Lula y una desventaja estructural para la candidatura del senador Flávio Bolsonaro. Estas cosas no son tan obvias”, afirmó.

El peor momento de la relación bilateral entre Brasil y EE.UU.

Spektor describe el momento actual como el peor de la relación entre Brasil y Estados Unidos desde la década de 1980, cuando el país salió de la dictadura.

Menciona los aranceles, las sanciones contra ministros de la Corte Suprema y la designación de PCC y de Comando Vermelho como organizaciones terroristas como factores de este deterioro, sumados a la actuación de Eduardo Bolsonaro en Estados Unidos durante ese período.

Aun así, en comparación con otros países en desarrollo de tamaño similar, como Sudáfrica, México, Turquía, India, Indonesia y Filipinas, Spektor considera que la situación de Brasil sigue siendo favorable.

“A Brasil no le va tan mal. Y creo que es importante decirlo, porque eso ayuda a llegar a la conclusión, en mi opinión, de que nada está perdido”, afirmó, al señalar el flujo comercial, la inversión directa y la cooperación militar y policial entre ambos países como puntos que respaldan esta interpretación.

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Spektor señala los activos de Brasil como una de las razones por las que Estados Unidos no tiene interés en una ruptura total con el país.

Menciona la capacidad brasileña para producir energía “sucia y limpia”, las reservas de minerales críticos, la producción de alimentos y la disponibilidad de agua.

En cuanto a los minerales, hace una salvedad sobre el estado actual del país: “Aún no hemos logrado cartografiar todo el territorio nacional. No podemos saber ni estimar a qué costo podemos extraer esos materiales de la tierra”.

Para Spektor, el obstáculo para convertir esos activos en beneficios para la población no proviene del exterior. “El mayor enemigo de Brasil no son los Estados Unidos ni la competencia geopolítica. El mayor enemigo de Brasil es el propio Brasil”, afirmó, citando al sistema político y los marcos regulatorios como obstáculos.

Spektor atribuye a los empresarios, y no a las negociaciones entre gobiernos, el avance en las conversaciones sobre las tarifas estadounidenses. Menciona a Joesley Batista, de JBS, como una de las figuras que ayudaron a desbloquear el diálogo, y recuerda que el Congreso aprobó una ley de reciprocidad sin que el gobierno brasileño llegara a aplicarla.

“Es un instrumento que es como una bomba atómica. Puedes tenerlo y puedes sacar provecho de tenerlo, pero no quieres usarlo. Y el gobierno brasileño, acertadamente, no lo usó”, afirmó.

Al comparar la postura de Brasil con la de Canadá, que tomó medidas de represalia contra los aranceles estadounidenses, Spektor atribuye la diferencia al grado de dependencia comercial de cada país respecto a Estados Unidos, que hoy equivale al 11% de la estructura de exportaciones brasileña.

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Escepticismo sobre la ‘Doctrina Trump’

Spektor rechaza la comparación entre la actuación de Trump en la región y una nueva Doctrina Monroe. Según él, la estrategia estadounidense de contener la presencia china y rusa fracasó en el primer mandato y tiene resultados mixtos en el segundo: funcionó en países de Centroamérica, como El Salvador y Panamá, pero no avanzó en Sudamérica, donde cita los casos de Perú, Chile y Argentina.

Matias Spektor

Sobre el gobierno de Javier Milei, que buscó alinearse con Washington y recibió ayuda financiera de la Casa Blanca, Spektor señala que la cercanía política no se tradujo en un distanciamiento de China.

“El futuro del aprecio de Trump por Milei es una pregunta abierta. Yo no lo daría por hecho, ni mucho menos”, dijo. Para Spektor, la fragilidad de la diplomacia estadounidense en la región también explica los límites de la estrategia: “El Departamento de Estado lleva mucho tiempo perdiendo personal. Pierde personal, pierde influencia”.

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Prioridades para el próximo gobierno

Al ser preguntado sobre la agenda internacional del próximo presidente, Spektor menciona la lucha contra el crimen organizado como prioridad, ante la infiltración identificada por la Operación Carbono Oculto en el sistema financiero, en la política y en el Congreso.

Además, defiende un giro del comercio exterior brasileño hacia Asia, región que hoy concentra el centro de gravedad de las exportaciones del país, y señala la transición energética como una oportunidad para Brasil, tanto como productor de petróleo como de energía limpia.

Por último, exige un plan de transición ecológica para la producción agrícola, ante las exigencias ambientales de la Unión Europea que, según él, el bloque no aplica a sí mismo. “El país que hoy lidera la transición ecológica no es un país de Europa, es China. Así que, tarde o temprano, nuestra huella de carbono en la agricultura brasileña se convertirá en un problema para nuestra relación comercial con China”, afirmó.

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