Bloomberg Línea — Los bonos soberanos de Venezuela y los títulos emitidos por PDVSA han registrado una apreciación de más de 30% esta semana, impulsados por un cambio repentino en el panorama político del país. La captura del presidente Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses activó una reevaluación generalizada sobre la probabilidad de una transición institucional y, con ello, un potencial proceso de reestructuración de deuda.
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El movimiento fue liderado por los bonos con vencimientos más cortos, que cotizaban en niveles muy deprimidos y ahora se acercan a precios de recuperación anticipados por el mercado. Algunos analistas sugieren que parte del escenario ya estaba descontado antes de los acontecimientos recientes.
“Los activos de Venezuela han sido algunos de los de mejor desempeño desde que la administración Trump asumió el cargo en enero de 2025, duplicando su valor en los últimos 12 meses”, recordaron Brendan McKenna y Azhin Abdulkarim de Wells Fargo.
Entre el 4 y el 7 de enero, el bono soberano venezolano con vencimiento en 2027 subió desde 32,92 centavos de dólar hasta 43,62 centavos, lo que representa un alza de 32,5% en tres jornadas. En el mismo periodo, el título emitido por PDVSA con vencimiento en 2026 avanzó de 23,41 a 32,56 centavos, con una ganancia acumulada de 39%.
Ambos instrumentos registraron picos el 6 de enero, en medio de una ampliación significativa de volúmenes negociados y posterior estabilización de precios, lo que indica un ajuste rápido del mercado a un nuevo escenario de riesgo.
El repunte refleja expectativas, no resolución
Varios bancos de inversión coinciden en que la subida reciente está asociada más a un ajuste en las expectativas de restructuración que a una resolución concreta. En un informe fechado el 4 de enero, Barclays explicó que el alza de los bonos debe leerse con cautela. “Los bonos ya cotizan cerca de los niveles consistentes con nuestro rango esperado de recuperaciones”, según Jason Keene, jefe de estrategia soberana en EE. UU. de Barclays.
Morgan Stanley también observó una mejora en la percepción de probabilidad de una reestructuración. “La probabilidad de una reestructuración ha aumentado, ya que se han eliminado varios escenarios negativos, como un conflicto más prolongado o desordenado”, según los analistas del banco. A su vez, destacaron que “el ritmo rápido de los acontecimientos sugiere un cronograma más corto de lo que el mercado anticipaba anteriormente”.
Para el banco suizo UBS, el camino por delante está lejos de ser claro. En su evaluación más reciente, advirtió que “Venezuela necesita llevar a cabo una de las reestructuraciones de deuda soberana más complejas de la historia moderna”, escribió el equipo de analistas entre los que estaba Alejo Czerwonko. La razón principal, según el banco, reside en la magnitud de los pasivos, la diversidad de acreedores y la falta de información económica confiable.
La complejidad técnica del proceso ha sido señalada también por Citi. El equipo liderado por Donato Guarino sostuvo que esperan “que la reestructuración de la deuda de Venezuela sea excepcionalmente compleja —comparable a la PSI de Grecia en 2012— dada la magnitud del stock de pasivos, la base de acreedores altamente fragmentada y la superposición de sanciones estadounidenses y litigios en curso por activos embargados”.
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Estimaciones de valor de recuperación
A pesar de la apreciación de precios, los analistas insisten en que los bonos aún cotizan por debajo del valor que podrían alcanzar si se concreta una reestructuración exitosa. Citi estima que “los precios actuales todavía tienen espacio para subir, ya que cotizan muy por debajo de nuestra estimación del valor de recuperación”, la cual se sitúa “en los altos 40”, según el mismo informe.
Morgan Stanley considera que hay un margen inmediato adicional. “Esperamos un alza a corto plazo de alrededor de 5 puntos”, según sus analistas. Barclays, por su parte, calculó escenarios con valores de recuperación entre 35 y 45 centavos por dólar.
“Si asumimos que los bonos se alinean inmediatamente con valores de recuperación de 35c/40c/45c, podemos esperar que los bonos no garantizados de VENZ y PDVSA aumenten en promedio 5,4c, 10,1c y 14,9c, respectivamente”, según Keene.

La deuda en circulación también marca el tono del debate. El analista de Barclays señaló que “Venezuela y PDVSA tienen colectivamente US$56.500 millones en eurobonos no garantizados en circulación. Si se incluye el interés vencido, el total de reclamaciones del mercado de bonos asciende a US$98.300 millones (aproximadamente 119% del PIB, según la proyección del FMI para 2025)”.
Citi calcula que la deuda total de Venezuela asciende hoy a US$169.000 millones y proyecta que el PIB nominal de 2026 se mantendrá estable en US$98.000 millones, lo que implica una relación deuda/PIB de 173%. Según el banco, “un recorte de capital de al menos 50% tendrá que aplicarse a la deuda externa”. El mismo informe plantea como escenario base un nuevo bono a 20 años con un cupón de 4,4% y un bono de intereses devengados a 10 años sin cupones.
Este tipo de esquemas complejos, que incluyen bonos ligados al desempeño macroeconómico del país, ya han sido usados en otras reestructuraciones recientes. Citi menciona que “la propuesta de Sri Lanka de bonos ligados al PIB nominal ajusta los cupones al desempeño”, y que en el caso de Zambia se utilizaron “disparadores vinculados a los ingresos del cobre”. En el caso venezolano, un mecanismo de ese tipo podría “vincular los pagos a los ingresos netos por exportación de petróleo o a la participación gubernamental en el petróleo, verificada por informes independientes”, según Citi.
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Riesgos políticos y económicos pendientes
El escenario sigue marcado por la incertidumbre. Keene recalcó que “como Maduro no negoció su salida, el camino político hacia adelante sigue siendo especialmente incierto”. El banco también destacó que la administración Trump ha expresado que busca una transición, pero aún persisten figuras clave del antiguo régimen. “Por ahora, la administración Trump parece haberse decidido por la vicepresidenta Rodríguez como alguien con quien puede trabajar, especialmente en la industria petrolera”, según el mismo informe.
La posibilidad de que compañías petroleras estadounidenses retomen operaciones en el país introduce una pregunta clave sobre la jerarquía de pagos. “Si las compañías petroleras comenzaran a reinvertir en Venezuela (con la promesa de compensación por bienes expropiados y reclamaciones pasadas), ¿recibirían prioridad o derechos más altos y subordinarían efectivamente a los tenedores de bonos?”, planteó Barclays.
UBS concluyó su informe con una advertencia más amplia sobre las decisiones de inversión en este contexto. “Los inversionistas deben actuar con extrema precaución, dado un contexto de incertidumbre política significativa, la probabilidad de una reestructuración larga y complicada, y una visibilidad limitada sobre la capacidad de pago de Venezuela”, según el banco.

Wells Fargo coincide en que, si bien el mercado reaccionó positivamente, gran parte del ajuste de precios ya había sido anticipado. “La significativa sobre-rendimiento de los activos de Venezuela sugiere que los participantes del mercado probablemente no se sorprendieron de que un escenario de cambio de régimen esté ahora en marcha”, dijeron McKenna y Abdulkarim.
Para los analistas, la trayectoria futura de los bonos venezolanos estará condicionada por la claridad institucional del proceso de transición, la estructura que adopte una eventual negociación con acreedores y la disponibilidad de mecanismos legales que habiliten acuerdos sostenibles.













