Bloomberg Línea — La inteligencia artificial continuará avanzando, pero 2026 será un año de tensiones crecientes para el sector. Así lo anticipa Deutsche Bank en un informe firmado por Adrian Cox y Stefan Abrudan, en el que se afirma que la industria enfrenta un punto de inflexión ante el choque entre expectativas infladas y obstáculos estructurales aún no resueltos.
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El documento identifica tres factores críticos que marcarán el año: desilusión, dislocación y desconfianza. La combinación de estos elementos, según los analistas, puede desacelerar el ritmo de adopción empresarial y afectar las valoraciones del mercado. “La IA sobrevivirá, pero este será su momento más difícil”, dice el informe.
Aunque algunos avances técnicos han sido significativos, la implementación masiva en las operaciones corporativas sigue siendo limitada. Las pruebas piloto enfrentan fricciones en su traslado a producción, y los desafíos operativos restan eficiencia a las soluciones prometidas.
Desilusión: promesas aún distantes de resultados concretos
Los analistas señalan que “la inteligencia artificial generativa será transformadora pero no ahora”, en medio de la dificultad para aplicar estos sistemas en contextos reales impredecibles, junto con su elevado costo en ciertas tareas. Esto limita por el momento su competitividad frente al trabajo humano.

Mientras herramientas como Claude Code de Anthropic ganan popularidad en nichos específicos, los beneficios tangibles para empresas grandes aún no se generalizan. “Para la mayoría de las personas, esto se siente menos como pasar de un caballo a un tractor y más como cambiar a una silla de montar más cómoda”, según los analistas.
La falta de infraestructura, integración tecnológica y calidad de datos adecuados impide su adopción a gran escala. “La aplicación real a escala sigue siendo relativamente limitada en las empresas”, señala el banco. El contraste entre los entornos controlados de laboratorio y la complejidad del mundo real genera un desfase que frustra las expectativas de automatización inmediata.
A pesar de ello, algunos estudios reflejan un uso creciente en grandes corporaciones. “Una encuesta de la Wharton School en octubre encontró que 82% de los ejecutivos senior en grandes empresas dijeron que sus compañías usan inteligencia artificial generativa cada semana”, cita el informe. La percepción de retorno positivo existe, aunque aún está lejos de generalizarse.
Dislocación: cuellos de botella y tensiones de oferta
La infraestructura para sostener el crecimiento exponencial de la inteligencia artificial enfrenta límites físicos y financieros. La cadena de suministro es extensa y compleja, y cualquier interrupción puede tener consecuencias globales. “La preocupación del momento es la escasez de memoria de alto ancho de banda, cuyo precio se ha disparado”, alertan Cox y Abrudan.
La demanda de tokens creció más de 100 veces en 18 meses, impulsada por aplicaciones que procesan volúmenes de información mucho mayores que las búsquedas lingüísticas tradicionales. Esta presión sobre la infraestructura se traduce en mayor consumo energético y dependencia de recursos como agua para refrigeración.
OpenAI ejemplifica las tensiones del modelo de negocio. “Solo una fracción de sus 800 millones de usuarios semanales paga”, señalan los analistas. El costo marginal de cada interacción aumenta, sobre todo en tareas de razonamiento y generación de video. Para sostener su crecimiento, la empresa ha comprometido un gasto de US$1,4 billones en centros de datos e infraestructura, según el informe.

Las empresas independientes enfrentan desafíos mayores. “Será casi imposible para compañías independientes más pequeñas costear los crecientes costos computacionales”, advierte el documento. Se anticipa que muchas de ellas terminen absorbidas por los grandes proveedores de nube. Anthropic aparece como una posible excepción, debido a su menor ritmo de gasto y un modelo de precios más flexible, según Deutsche Bank.
Desconfianza: tensiones legales, sociales y geopolíticas
El informe también prevé un aumento en la ansiedad pública respecto al impacto social y ético de la inteligencia artificial. “La ansiedad sobre la inteligencia artificial pasará de un murmullo bajo a un rugido fuerte este año”, sostienen Cox y Abrudan.
Los conflictos legales se multiplicarán en torno a derechos de autor, privacidad y localización de datos. Casos de mal uso, como decisiones policiales erradas atribuidas a sistemas de asistencia por IA, amplificarán el debate sobre los límites de su implementación en áreas sensibles.
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La preocupación por la pérdida de empleos también crecerá. “La evidencia está mezclada por el momento”, reconocen los analistas. Un estudio citado en el informe detectó una caída de 16% en el empleo relativo de graduados recientes en roles afectados por IA, aunque los datos aún son preliminares y coinciden con otros factores económicos.
La disputa por el liderazgo global también se intensificará. “China ha ampliado su ventaja en modelos de código abierto baratos y accesibles que son una alternativa suficientemente buena para usuarios sensibles al costo”, según el informe. Esto presiona a Estados Unidos a mantener su dominio en diseño de chips y acceso a mercados, mientras crece la competencia desde Asia.
Deutsche Bank concluye que las valoraciones actuales del sector podrían verse afectadas si no se ajustan las expectativas. “Una reevaluación de las expectativas de crecimiento de la productividad podría provocar una caída de la inversión y desencadenar una corrección abrupta del mercado financiero”, dicen Cox y Abrudan.













