Bloomberg Línea — El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca abrió una etapa en la que el dólar dejó de ser sinónimo automático de fortaleza. En el primer año de su segundo mandato, la divisa enfrentó un entorno de tasas en transición, nuevas fricciones comerciales y una creciente percepción de deterioro institucional. El mercado revaluó la política monetaria, cuestionó la credibilidad fiscal y respondió con mayor sensibilidad a los episodios de incertidumbre política.
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La debilidad del billete verde se consolidó en un escenario en el que el mercado anticipó recortes de tasas por parte de la Fed, reflejo de una inflación que se desaceleró hacia la segunda mitad del año. Junto con la caída de la inflación, también se moderaron las cifras de empleo, y eso llevó a los inversores a prever una política monetaria más flexible.
“No se trata de una caída abrupta del dólar. Lo que está apareciendo es una desconfianza institucional que primero se refleja en los bonos de largo plazo de Estados Unidos”, explicó Juan Pablo Vieira, fundador de JP Tactical Trading. “El mercado cambiario solo la incorpora cuando esa incertidumbre deja de ser algo pasajero y se vuelve estructural”.
¿Qué factores movieron al dólar?
El primer año del segundo mandato de Trump dejó al dólar como una de las divisas con peor desempeño comparado con los primeros años de gobiernos anteriores. La serie histórica muestra que durante este periodo el comportamiento del billete verde fue más negativo que en los mandatos de Biden, Obama 2.0 o Bush, según los datos recopilados por Bloomberg.
En el gráfico comparativo elaborado por Bloomberg Línea, la trayectoria del dólar bajo Trump 2.0 destaca por su inclinación descendente, con una pendiente más marcada desde abril de 2025. Esa caída se profundizó tras anuncios arancelarios y cuestionamientos a la Reserva Federal. La comparación también refleja que la moneda estadounidense tendió a fortalecerse en los primeros tramos de otros mandatos, como el segundo período de Bush o el primero de Trump, donde dominó una narrativa de crecimiento y normalización monetaria.
El contraste entre la debilidad reciente del dólar y la fortaleza inicial observada en ciclos anteriores sugiere un cambio de percepción más estructural entre los inversionistas, que ahora incorporan factores políticos y fiscales en su evaluación del riesgo dólar.
A lo largo de 2025, los analistas coincidieron en que el comportamiento del dólar no respondió a un único catalizador. El mercado alternó fases dominadas por los fundamentos monetarios con episodios en los que la incertidumbre política amplificó la volatilidad.
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Juan Pablo Vieira, analista de JP Tactical Trading, considera que el comportamiento del dólar no respondió a una sola variable dominante, sino a una combinación de factores. “El mejor encuadre es: tasas reales + prima política, con los flujos como transmisión más que como causa única”. En ese esquema, los episodios políticos y comerciales actuaron como catalizadores de un cambio en la percepción de riesgo.
Esa lectura fue compartida por Antonio Di Giacomo, analista senior de mercado de XS.com, quien destacó el papel de las tasas reales como ancla del dólar, aunque no suficiente para explicar toda su trayectoria. “Cada vez que el mercado ajustó las expectativas hacia un escenario de política monetaria más restrictiva o de ‘higher for longer’, el dólar tendió a fortalecerse de manera relativamente ordenada”, según el especialista. No obstante, aclaró que “limitar el análisis solo a tasas reales deja fuera una parte importante de la dinámica observada durante el año”.
Y es que el giro arancelario iniciado por la administración Trump en el segundo trimestre alteró el funcionamiento tradicional del dólar como refugio. Vieira sostuvo que “en el shock inicial de aranceles hubo un momento en que el dólar no actuó como refugio, y parte del refugio se fue a yen japonés, al franco suizo y a los metales”. El analista agregó que “cuando el mercado interpreta el shock como riesgo global, el USD suele ganar; pero cuando lo interpreta como riesgo hecho en EE.UU., el dólar puede fallar como refugio”.
Di Giacomo coincidió en ese análisis. “El comportamiento del dólar tras el giro arancelario fue ambiguo y dependió en gran medida del horizonte temporal”, según el analista. El experto explicó que en una primera fase dominó la búsqueda de liquidez, pero luego “comenzó a emerger otra lectura: la de un dólar que ya no siempre capitaliza automáticamente el ‘risk-off’ como en ciclos anteriores”.
Los cuestionamientos del presidente Trump a la Reserva Federal introdujeron un nuevo componente de incertidumbre. Vieira indicó que “el episodio elevó nerviosismo y favoreció ventas en Tesoros largos por temor a menor independencia y más inflación esperada”.
Para Di Giacomo, el impacto fue más visible en la volatilidad implícita. “Los ataques recurrentes a la Reserva Federal y los cuestionamientos sobre su independencia elevaron la sensibilidad del tipo de cambio a los titulares políticos”.
Las monedas de América Latina, más fuertes con Trump
El retroceso global del billete verde durante el primer año del segundo mandato de Trump coincidió con una apreciación generalizada de las monedas latinoamericanas impulsada también por factores locales. El ranking, con datos de Bloomberg, mostró que el guaraní paraguayo (USDPYG), el peso colombiano (USDCOP) y el peso mexicano (USDMXN) lideraron la región, con avances de entre 16% y 18% frente al dólar.
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En Paraguay, la recuperación del guaraní se consolidó entre junio y agosto del año pasado. “A finales de junio y comienzos de julio, con la flexibilización del mercado de forward por parte del Banco Central Paraguayo (BCP), el tipo de cambio se apreció fuertemente”, explicó Wildo González. El economista agregó que “el BCP ha mantenido su Tasa de Política Monetaria en 6% por un período prolongado de 20 meses”, lo que ha ayudado a sostener a la moneda.
En el caso colombiano, el comportamiento del peso se desmarcó del resto. “2025 fue un muy buen año para las monedas latinoamericanas, pero entre ellas el peso colombiano se diferenció por la importante apreciación que tuvo en la segunda parte del año”, explicó Santiago Martínez, analista de Davivienda Corredores. Según el especialista, esa tendencia estuvo apoyada en monetizaciones del Ministerio de Hacienda y en un diferencial de tasas que siguió siendo atractivo.
Para BBVA, “el peso colombiano ha destacado apoyado por carry y operaciones de deuda”, aunque advierte que “la desaparición de dichos flujos y el desplome de la volatilidad pueden ofrecer oportunidades de cobertura”.
En México, el desempeño del peso estuvo vinculado a tasas de interés y flujos. “El diferencial de tasas de interés sigue siendo un motor clave del tipo de cambio”, señaló el Grupo Financiero Base, cuyo análisis destacó que también influyó “la relajación de las tensiones comerciales con Estados Unidos”.
El real brasileño (USDBRL), el sol peruano (USDPEN) y el peso chileno (USDCLP) también avanzaron. BBVA explicó que “los tipos en Brasil han alcanzado máximos de décadas y podrían mantenerse elevados bien entrado 2026”, lo que mantuvo el atractivo del real.
En Perú, el banco español destacó que “los términos de intercambio favorables y fundamentales fiscales sólidos apoyaron a los activos locales”, mientras que, en el caso chileno, XTB Latam atribuyó el fortalecimiento del peso a “una inflación que converge hacia el rango meta y un banco central que estabiliza su postura en torno a niveles neutrales”, según la analista Emanoelle Santos.
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El desempeño más débil correspondió al peso argentino (USDARS), que se depreció 27,34% frente al dólar en el primer año del regreso de Trump. BBVA indicó que “el tipo de cambio sigue siendo el eslabón débil: la sobrevaloración, la persistencia de la inflación y la falta de reservas mantienen al mercado FX bajo constante escrutinio”.
¿Qué pasará en 2026?
La trayectoria proyectada para el dólar en 2026 incorpora una pérdida gradual de excepcionalismo estadounidense, en medio de la retórica agresiva de Trump. HSBC anticipa que la divisa dejará de concentrar el protagonismo en las carteras globales, en la medida en que los diferenciales de crecimiento converjan, los flujos se reorienten hacia economías emergentes y se reconfigure la asignación de activos a escala internacional. “Se espera un debilitamiento gradual del dólar estadounidense en medio de la desaparición del excepcionalismo estadounidense”, señala el informe de la entidad británica.
Bank of America (BAC) mantiene una visión bajista similar, basada en el eventual recorte de tasas por parte de la Reserva Federal y una recomposición en las posiciones especulativas. El banco observa que, aunque el dólar se estabilizó en los últimos meses, persiste el sesgo negativo en las apuestas de mercado. “La gente quiere estar corta en dólares de cara a 2026, pero están esperando el catalizador”, afirmó Adarsh Sinha, jefe de estrategia de divisas del G10 en la entidad.
Desde una perspectiva estructural, también pesarán el déficit fiscal y la dinámica de deuda. Vieira remarcó que “el arranque del 2026 muestra magnitudes grandes de gasto e intereses”, lo que incrementa la sensibilidad del mercado ante cualquier shock de credibilidad. Di Giacomo explicó que “el aumento del endeudamiento y las mayores necesidades de financiamiento elevaron el term premium en los bonos del Tesoro”, aunque precisó que ese efecto puede ser mixto para el dólar.

Mirando hacia adelante, los analistas señalan una serie de factores que podrían condicionar la evolución de la moneda en 2026. Vieira enumeró, entre ellos, “la trayectoria de inflación y recortes o pausas de la Fed, el tamaño del déficit y la oferta de Treasuries, la evolución de la política comercial y el balance entre refugio y riesgo EE.UU.”.
Di Giacomo enfatizó en el impacto de la credibilidad institucional. “Para muchos inversionistas institucionales globales, la independencia del banco central es uno de los pilares de la credibilidad macroeconómica de Estados Unidos”, subrayó el analista.
Vieira concluyó que el papel del tono político interno y los shocks geopolíticos como variables determinarán si el dólar recupera su rol tradicional como seguro global o si continúa reflejando una prima de incertidumbre estructural.













