Bloomberg — El presidente Donald Trump justificó su decisión de entrar en guerra con Irán como la actuación de un líder que se niega a dejar que los problemas se agraven, y defendió ante las Naciones Unidas la necesidad de una política exterior estadounidense más agresiva.
En un discurso mayoritariamente defensivo pronunciado el martes ante la Asamblea General de la ONU, Trump argumentó que está utilizando el poder estadounidense para hacer frente a retos de larga data, a diferencia de otros líderes que se limitan a hablar de hacerlo.
Este discurso fue el segundo de Trump ante la ONU desde su regreso al Despacho Oval a principios de 2025 y se produce en un momento muy diferente de su presidencia.
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“Como presidente de la nación más extraordinaria de la historia, no tengo ningún interés en dejar que los peligros sigan creciendo ni un día más”, afirmó Trump. “Mientras otros han hablado, yo he actuado”.
Desde su comparecencia aquí hace un año, ha lanzado una campaña de ataques contra embarcaciones en el Caribe, ordenó una redada en la que se capturó a Nicolás Maduro, de Venezuela, e inició una guerra junto a Israel que acabó con la vida del líder supremo de Irán y sacudió Medio Oriente, así como los mercados energéticos mundiales.
Sus medidas han dividido tanto a aliados como a adversarios y van en clara contradicción con el compromiso de la ONU de defender la paz y la seguridad internacionales.
El presidente mantuvo un tono similar al de su discurso del año pasado, cuando advirtió de que otros países “se están yendo al infierno” y cuestionó la finalidad de la ONU. El discurso ofreció una prueba más de que las Naciones Unidas —creadas por Estados Unidos hace más de 80 años— tienen poco cabida en el enfoque de política exterior de Trump, centrado en la proyección del poderío estadounidense.
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“Al vencedor le corresponde el botín, todos lo han oído”, afirmó el presidente, refiriéndose al intento de derrocar al líder de Venezuela y hacerse con el control de sus reservas de petróleo.
Asimismo, predijo que el gobierno cubano “caerá” bajo la fuerte presión económica de EE.UU. y promocionó planes para establecer más bases militares estadounidenses en Groenlandia.
Mientras que el año pasado Trump se mostró triunfante tras ganar la reelección, el discurso de este año llega en un momento delicado de su presidencia. Sus índices de popularidad se sitúan en mínimos históricos o cerca de ellos, y siguen apareciendo señales de alarma para los republicanos de cara a las elecciones de mitad de legislatura de noviembre, en las que podrían perder el control del Congreso.
Al igual que hizo en 2025, Trump utilizó el discurso para enumerar sus logros en lugar de hacer un llamamiento a la unidad mundial. Destacó su medida para cerrar la frontera de EE.UU., reducir la delincuencia en Memphis y Nueva Orleans e impulsar el turismo en Washington. Volvió a afirmar que había resuelto ocho conflictos bélicos y señaló que la bolsa estadounidense había batido 80 récords durante su mandato presidencial.
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La guerra con Irán sigue siendo profundamente impopular, en parte debido al coste en vidas humanas y al aumento de los precios de la gasolina que ha provocado. Trump afirmó que, en su opinión, Irán estaba aguantando para llegar a un acuerdo hasta después de las elecciones de mitad de legislatura.
“Tengo que tomar una decisión importante: ¿se alcanzará un acuerdo con Irán que les permita reconstruirse y crear un país mucho más grande de lo que jamás ha sido —quizá uno de los más grandes de Medio Oriente o incluso del mundo— o debo aniquilar la República Islámica y hacerlo rápidamente?”, declaró Trump. “Creo que llegaremos a un acuerdo justo después de las elecciones”.
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Trump también destacó el empeño de su administración por impedir que la ONU vulnere la soberanía de EE.UU. e imponga lo que denomina una “agenda de izquierda radical” a los estadounidenses —un tema recurrente que ya abordó en sus discursos durante su primer mandato—.
Tras su discurso del martes, Trump tiene previsto reunirse con los líderes de los Estados del Golfo, el primer ministro británico Andy Burnham, la primera ministra japonesa Sanae Takaichi y el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, antes de ofrecer más tarde una recepción para otros líderes y reunirse con la representante de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Regresará a Washington a última hora del martes, antes de la visita del presidente chino, Xi Jinping.
-Con la colaboración de Meghashyam Mali.
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