Estoy usando el agente de IA de Meta y a Amazon no le gusta para nada

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Meta
Por Dave Lee

Meta Platforms Inc. (META) está recibiendo, con razón, elogios por su nuevo agente de inteligencia artificial, Muse. Lo he estado usando y, francamente, es el producto más impresionante que Meta ha lanzado en años.

Harold, el nombre que le he puesto a mi bot, se ocupa de organizar mi agenda, buscar buenas ofertas en Facebook Marketplace y comprar cosas, con mi aprobación, en Amazon.com Inc. (AMZN). Aunque mejor olvida este último ejemplo. Amazon ha bloqueado el acceso a su tienda al pobre Harold, así como al resto de agentes de Muse.

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La medida es un indicio de lo que está por venir, ya que los gigantes de Silicon Valley están tratando de proteger sus ventajas adquiridas en la era de los agentes de IA.

Los consumidores saldrán perjudicados si su agente preferido no puede funcionar adecuadamente con toda la gama de servicios digitales a los que se han acostumbrado. Estos competidores necesitarán encontrar formas de colaborar o se arriesgarán a verse forzados a abrirse.

Meta sorprendió a muchos, a mí incluido, al convertirse en la primera de las grandes compañías tecnológicas en popularizar un “agente de IA para consumidores”, término con el que se denomina a un bot de IA capaz de realizar tareas por sí mismo.

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“Muse es un producto estrella y supone un momento decisivo”, escribieron los analistas de Jefferies, que elevaron el precio objetivo de las acciones de la empresa a US$875 por acción, frente a los US$736,60 al cierre de este martes. De acuerdo con Sensor Tower, Muse se había descargado unas 900.000 veces en seis días.

No obstante, salir con ventaja no siempre garantiza la victoria, y la medida de Amazon contra los agentes de Muse no será el único caso en el que un competidor establezca barreras.

Muse no es el primer bot de IA al que Amazon ha tratado de impedir que compre de forma autónoma en su tienda. A comienzos de este año hizo lo mismo con Perplexity, y además presentó una demanda para asegurarse el resultado.

Amazon sostiene que su motivación es la seguridad y la privacidad de los datos: ¿Cómo sabe que un bot actúa realmente según los deseos de un cliente real?

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También existen otros factores obvios.

Los agentes de inteligencia artificial no ven ni hacen clic en la publicidad. Y Amazon preferiría que la gente usara su bot de compras con IA. Si Muse triunfa y se convierte en una forma popular de comprar productos en línea, Amazon se convertiría, para esos clientes, en una empresa de logística sin rostro.

En este sentido, Shopify (SHOP) que ya es una empresa de logística sin rostro por diseño, anunció este martes su asociación con Muse, si bien no se revelaron los términos. Estos acuerdos podrían obligar a Amazon a tomar una decisión.

Parte de la tensión surge de la creencia generalizada de que, en el ámbito de la inteligencia artificial para el consumidor, un único agente de IA personal podría llegar a dominar el mercado, tal como Google triunfó en las búsquedas online o Apple con el iPhone.

Sin embargo, para alcanzar ese nivel de dominio, un bot deberá ser capaz de realizar todas las tareas, gestionar las funciones y acceder a los datos en las plataformas y dispositivos con los que el público ya está familiarizado.

La interoperabilidad, la capacidad de estos bots para comunicarse con estos servicios y entre sí. se convierte en la cuestión central.

¿De qué sirve un asistente de IA de Google si no puede comprar en Amazon ni buscar información en grupos de Facebook? ¿Qué utilidad tiene Alexa de Amazon si no puede acceder al vasto catálogo de datos del mundo real de Google Maps? ¿Qué tan inteligente es un bot de Meta, ¡cuidado con eso!, si no puede acceder a Google ni a Amazon?

Pero, pensémoslo al revés: ¿por qué debería Google (o cualquier compañía) compartir algo que le ha tomado años y miles de millones de dólares construir?

Todo apunta a que se desencadenará una batalla sin cuartel, en la que las compañías buscarán formas de eludir las restricciones que les hayan impuesto sus rivales, mientras toman medidas para proteger su propia “gallina de los huevos de oro”. Se pedirá a los tribunales que dictaminen qué es lo justo.

“Si una compañía tiene un monopolio o una posición dominante en el mercado en un ámbito determinado”, explicó Fiona M. Scott Morton, profesora de Economía de Yale especializada en asuntos antimonopolio, “y llega la IA para erosionar esa posición dominante, las medidas que adopte dicha compañía para mantener su posición podrían constituir el mantenimiento ilegal de un monopolio”.

Deberíamos sentirnos agradecidos de que esto sea una característica inherente a la industria tecnológica de EE.UU., y no un defecto. En China, compañías como Tencent no tienen esa preocupación, dado que ofrecen prácticamente todo lo que el consumidor chino desearía en un chatbot.

En Occidente, ninguna empresa lo abarca todo.

Durante los últimos 20 años, las mayores empresas tecnológicas solo han incursionado en los ámbitos principales de las demás, como Microsoft Corp. (MSFT) intentando crear un buen motor de búsqueda, y solo han compartido los sectores más importantes, como la computación en la nube y la publicidad en línea. Los agentes de IA son un caso aparte. Las grandes tecnológicas de EE.UU. compiten de verdad en este campo.

Reflexionar sobre esto me hizo recordar una disputa de 2017 entre Google y Amazon.

La primera decidió repentinamente retirar YouTube, un recurso muy valioso, de las plataformas Echo Show y Fire TV de Amazon.

Google, en aquel momento estaba lanzando su plataforma de televisión y asistente virtual, se quejó de que el uso de Amazon infringía sus términos de servicio, creando una experiencia de usuario deficiente. Ambas partes se acusaron mutuamente de perjudicar a los clientes. La resolución del conflicto tardó casi dos años.

Ahora hay mucho más en juego. Se prevé una avalancha de demandas. Habrá intentos de acuerdos de favores mutuos, similares al de Google con Apple para ser el motor de búsqueda predeterminado del iPhone. Si bien ese acuerdo fue declarado ilegal , ya era demasiado tarde para influir significativamente, pues la guerra de los motores de búsqueda terminó hace mucho tiempo.

Un pronósticos es que, a medida que las más importantes plataformas protejan el acceso a sus propios productos, los consumidores se verán obligados a usar varios agentes a la vez. ¡Qué horror! Esto no solo resultaría en una pésima experiencia de usuario, sino que también dificultaría enormemente que las empresas obtengan ingresos significativos por suscripción.

Si usas Muse con frecuencia, Meta te cobrará una suscripción de US$16 al mes para seguir usándolo, que puede llegar a los US$80 mensuales para los usuarios más avanzados. Convencer al público general de que pague por un solo agente de inteligencia artificial es difícil; pedirles que paguen por varios es casi imposible.

Otra pronóstico es que Apple y Google, como propietarias de los dos sistemas operativos móviles más grandes, estarán en una posición prácticamente inexpugnable.

Sus propios agentes, Siri AI y Gemini, respectivamente, pueden integrarse más profundamente en sus dispositivos, proporcionando una gran cantidad de datos y acceso a las funciones del móvil, como la cámara o los mensajes de texto, que ningún otro agente de inteligencia artificial puede igualar fácilmente.

Tareas como comprar en Amazon pueden ser gestionadas por una IA que navegue por las aplicaciones ya instaladas en el dispositivo del usuario, y las compañías tendrán muy pocas opciones para impedirlo, salvo retirar esas aplicaciones de las tiendas de aplicaciones.

En Europa, la Ley de Mercados Digitales exige que Google permita a otros proveedores de inteligencia artificial acceder a Android para estas funciones avanzadas a nivel de sistema, algo que, según advierte la empresa, reduce la seguridad de sus dispositivos.

Ante las mismas normas, Apple ha mantenido hasta ahora completamente la IA Siri fuera del mercado europeo. Como un niño pequeño que empieza la guardería, a los desarrolladores de Estados Unidos de inteligencia artificial no les gusta descubrir que a veces deben compartir.

EE.UU. no cuenta con una legislación equivalente, y los intentos por forzar la interoperabilidad se enfrentarían a una fuerte resistencia y a intensas presiones por parte de grupos de interés. Las batallas legales corren el riesgo de ser tan prolongadas y, en última instancia, inútiles como las antiguas luchas por el monopolio.

Entonces, como consumidores, lo que realísticamente podríamos desear es lo siguiente: un tratado y un estándar de interoperabilidad consensuados entre todas las grandes tecnológicas, basados en los mismos principios de apertura que la concepción original de la World Wide Web.

Solo así los agentes de IA alcanzarán todo su potencial, sin verse limitados por restricciones competitivas ni acuerdos secretos de miles de millones de dólares. Los recién llegados, como el tan comentado bot Instinct o el de código abierto OpenClaw, tendrán las mismas oportunidades que los gigantes del sector con profundos bolsillos; y entonces será cuestión de que gane el mejor agente de IA.

¡Yo te apoyo, Harold!

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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