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Opinión

El arte es una inversión a valorar

Shot Sage Blue Marilyn, de Andy Warhol
Por Tyler Cowen
22 de mayo, 2022 | 08:23 am
Tiempo de lectura: 4 minutos

Bloomberg Opinión — Las acciones tecnológicas han caído profundamente, las acciones de primer nivel están en crisis, las stablecoins (monedas estables) no son estables, y ni siquiera pregunten por las criptomonedas tradicionales. Los mercados de arte, sin embargo, están vivos y bien, y vale la pena preguntarse por qué.

Recientemente, un cuadro de Andy Warhol se vendió en una subasta por US$195 millones, el precio más alto jamás alcanzado por una obra de arte del siglo XX. Un cuadro de Ernie Barnes con temática de salón de baile se vendió por US$15,3 millones, 76 veces la estimación original. La colección Macklowe se vendió en Sotheby’s por US$246,1 millones, la cifra más alta jamás alcanzada para una sola colección.

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¿Alguien más nota un patrón? El vigor del mercado del arte puede parecer contraductorio, pero tiene sentido en el entorno actual.

En primer lugar, los ahorros siguen siendo elevados debido al escaso consumo de la pandemia. Y muchos de los ricos han comprado más casas y desean amueblarlas con arte.

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En segundo lugar, el reciente aumento de las tasas de inflación en todo el mundo ha intensificado la búsqueda de coberturas. Hay pocas coberturas reales contra la inflación, y las criptomonedas se han quedado fuera de ese papel. Pero el arte puede servir de cobertura contra la inflación en casi cualquier entorno.

El arte le da a sus dueños el placer de mirarlo en su pared, y ninguna tasa de inflación puede arrebatárselo. Es tanto una inversión como una forma de consumo, y este último está bastante protegido contra cualquier condición macroeconómica. Cuando todo lo demás falla, gastar dinero es una cobertura segura contra la inflación. El arte también es un activo duradero, por lo que el gasto no es del todo inútil.

El arte no siempre tiene que ver con el disfrute del comprador. Muchos coleccionistas de arte, especialmente en los niveles superiores del mercado, guardan sus obras de arte en un almacén libre de impuestos y las utilizan para hacer dudosas donaciones a organizaciones benéficas, para “venderlas” con una ganancia rápida o para revenderlas en el “mercado gris”. No apruebo estos métodos, pero también pueden ser lucrativos en un mercado volátil donde las valoraciones son más subjetivas.

Muchos vendedores de arte sugieren que las obras de arte generan una alta tasa de retorno pecuniario. No se deje engañar. Con demasiada frecuencia, estos cálculos se basan en el “sesgo de supervivencia”, es decir, las obras de arte que continúan apareciendo en los registros de subasta son las que se encuentran por encima del promedio. Hay menos datos sobre los perdedores. Las mejores estimaciones sugieren que, a largo plazo, las obras de arte tienen menos apreciación de precios que las acciones.

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Eso es exactamente lo que cabría esperar si algunos compradores de arte disfrutan poseyéndolo y mirándolo. Las tasas netas de rendimiento total, incluido el placer, deberían igualarse entre las distintas clases de activos.

Así que no compre arte para hacerse rico. Pero si le gusta la obra, le proporcionará más placer que tener un montón de inversiones con perdidas.

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La rápida evolución de la tecnología plantea algunas cuestiones sobre el futuro de las obras de arte físicas. ¿Por qué no tener un holograma casi perfecto de un Rembrandt en la pared? ¿Por qué molestarse en comprar una copia original de una obra de arte menor?

Pero nadie sabe con certeza cuándo llegarán esos hologramas de calidad, y si lo hacen, lo más probable es que aumenten, en lugar de reducir, el valor de al menos algunas obras de arte. Los originales cobrarán mayor importancia y serán conocidos por un mayor número de personas. Cuanto más tiempo pasemos mirando las pantallas de las computadoras o las réplicas digitales, mayor será el valor de los mejores objetos de arte auténticos (o, para el caso, de las maravillas naturales).

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Para entender mejor la reproducibilidad y sus efectos, consideremos los grabados y litografías de Picasso y Jasper Johns, dos grabadores especialmente consumados. Esos grabados y litografías son de excelente calidad, están disponibles desde hace muchas décadas y son mucho más baratos que los cuadros originales. Sin embargo, en todo caso han impulsado la reputación de Picasso y Johns, y probablemente han aumentado el valor de sus obras (ambos artistas se venden en la cima de sus segmentos de mercado o cerca de ella). Al igual que algunos compradores adquieren un grabado porque no pueden permitirse un cuadro, otros empiezan con un grabado y se pasan a los cuadros a medida que ganan más.

Una advertencia: El mundo del arte está plagado de falsificaciones, fraudes e incertidumbres. Así que manténgase alejado de los segmentos del mercado que son especialmente dudosos, como el constructivismo ruso. Pero tenga en cuenta que los inconvenientes del mercado acaban reflejándose en el precio. Precisamente porque no es fácil para todo el mundo hacer compras de arte acertadas, a un comprador inteligente le puede ir especialmente bien.

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Así que, antes de llegar a la conclusión de que todas las clases de activos se están hundiendo, piénselo de nuevo. De todos modos, la belleza nunca debería estar demasiado lejos de su pensamiento.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por Estefanía Salinas Concha.

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