Negocios

Una granja hidropónica con piezas artesanales busca abrirse paso desde el centro de Caracas

Venezuela sigue siendo un territorio con potencial para su reproducción, en medio de la crisis en los servicios eléctricos y la distribución de agua

La infraestructura en la Granja Santa Hidropónic en Cafracas cuenta con 5 cilindros hasta el momento / Foto Raylí Luján
21 de diciembre, 2022 | 02:14 PM

Caracas — En una pequeña propiedad vertical en el centro de Caracas, la sostenibilidad y la agenda verde encontraron espacio. De la mano de Mauricio Marcano y José Pestana, dos jóvenes caraqueños, uno comerciante y el otro mecánico automotriz, se desarrolló un proyecto artesanal de granja hidropónica, que busca su expansión y comercialización como alternativa agrícola, en un país con limitaciones.

Era el primer año de la pandemia, cuando Mauricio y José Antonio, de 34 y 37 años de edad, amigos desde la infancia, se sentaron en la tercera planta de la residencia de José, ubicada en Santa Rosa, un sector de la capital venezolana y se dijeron: “Vamos a sembrar”.

La experiencia de Marcano con la agricultura tradicional remontaba únicamente a una pequeña parcela de su esposa en Yare, estado Miranda, dónde aprovecharon el terreno para sembrar auyamas un par de años atrás. Eso no prosperó pero sí dejó la semilla. En el caso de José, la inspiración la encontró en su mamá, una mujer apasionada por las plantas y con un invernadero propio.

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Con la cadena de importaciones afectada por la crisis sanitaria mundial, Venezuela, que ya enfrentaba grandes dificultades en su producción agrícola y además se le sumaba la escasez de combustible para el transporte, o los elevados costos para adquirir agroquímicos y otros insumos industriales; se convirtió en un territorio con potencial para implementar la iniciativa.

El cerebro, llamado así por sus creadores en Granja Santa Hidropónic, Caracas / Foto Raylí Lujándfd

Se hicieron algunos prototipos, se investigó, pero sobre todo, se atesoró un proyecto, que hasta el momento era desconocido por ambos. No fue tan sencillo prepararse, pero Mauricio y José, acompañados luego por Orley Mejía en la gerencia general, abrieron el camino para lograrlo.

Autodidacta es la palabra que mejor los describe. Se encargaron de aprender cada detalle del negocio y de la industria hidropónica, dónde el contenido es escaso o casi nulo en el país, y ya cuando acudieron a conocidos para intentar ampliar sus conocimientos en el Jardín Botánico de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la respuesta fue: “Pero si son ustedes quienes deben dar la clase”.

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José Pestana y Mauricio Marcano, cofundadores de la Granja Santa Hidropónica en Caracas / Foto Raylí Lujándfd

Y es que la hidroponía, una técnica que permite la producción de alimentos sin la necesidad de utilizar suelos, siendo sustituido con nutrientes minerales esenciales o sobre solo una película de agua, requiere dedicación en su estudio, pero también ingenio, que era lo que más le sobraba a Mauricio y José.

Tanques de agua de 1.80 metros aproximadamente para los cilindros —que se traducen en 54 metros cuadrados de siembra tradicional—, iluminación led, rolineras, cableado, un motor, aluminio, poliespuma, pequeños envases de plástico similares a los utilizados para gotas nasales, pistola de calor utilizada al grado exacto que evite la toxicidad, y una pequeña botella para el molde, conforman el diseño de la granja Santa Hidropónic, o al menos su primer sistema, que sus cofundandores esperan reproducir el próximo año, haciendo honor al nombre del sector donde nació.

Parte de las piezas en Granja Santa Hidropónic, Caracas / Foto Raylí Lujándfd

La inversión tecnológica, que es propia, ya suma más de US$17.000, y fue luego del primer año y medio, que pudieron empezar a recuperar una pequeña porción del capital invertido, con un puerta a puerta para captar clientes.

Sembraron albahaca, orégano, romero y toronjil. Con la primera hicieron el negocio. La albahaca es la planta más costosa del mercado venezolano, bajo un precio de US$16 el kilo y en Santa Hidróponic producen alrededor de 60 kilos al mes, que ya cuentan con compradores fijos.

El sistema de rotación automática, diseñado por José Pestana y Mauricio Marcano / Foto Raylí Lujándfd

La electricidad y el agua no representan un obstáculo. El costo por el servicio de luz, a pesar de su incremento este año en Venezuela, representa US$15 al mes para la granja de Marcano y Pestana. Ante las fallas, que a pesar de haber marcado distancia de los apagones de 2019 se mantienen con frecuencia, la tecnología de riego automatizado, les salvaguarda al menos 4 horas de vida a la infraestructura.

Pieza clave en la granja hidropónica, ubicada en Santa Rosa / Foto Raylí Lujándfd

El líquido utilizado es agua de lluvia, con unos 60 litros al mes, la que complementan con los minerales que en ocasiones se adquieren desde el exterior, y en tiempos de sequía, los manantiales del Ávila, la montaña guardiana de la ciudad, son los que permiten el mantenimiento.

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“Crear alimentos sin romper la naturaleza”, es parte de su lema, comenta Marcano en conversación con Bloomberg Línea, mientras desde el interior de la pequeña oficina que instalaron de frente a la granja, muestra los planos que han sumado más partidarios, entre ellos un economista y un especialista en mercadeo.

El interior de un cilindro en la granja Santa Hidropónic en Caracas / Foto Raylí Lujándfd

Una plaga reciente, además de las fuertes precipitaciones en el territorio durante los últimos meses, paralizaron la producción, y ello acarreó en un debate para los involucrados sobre su continuidad. Desde que inició el proyecto, todos han estado dedicados de lleno a él, y aunque no quieren desistir, en un país donde la Canasta Alimentaria Familiar supera los US$400 y el salario mínimo se ubica en US$8,12, la necesidad de buscar segundos ingresos se hace imperativa.

Una inversión adicional comienza a ser inevitable, bien sea para avanzar o adquirir otras herramientas que lo modernicen aún más, con un software para la gestión automática, o incluso su posterior venta, con los módulos valorados entre los US$15.000 y US$20.000.

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Figuras para ser vendidas como NTF, de José Antonio Pestana, cofundador de Granja Santa Hidropónic / Foto Raylí Lujándfd

Mauricio, José Antonio y Orley han estudiado también participar en rondas de inversión, asesorándose con equipos en Abu Dabi y Silicon Valley, con proyectos similares. José Antonio, también artista gráfico, tiene desde hace un tiempo la idea de poner a la venta una serie de dibujos en NFT, que retratan a cilindros como famosos y otras figuras públicas. Todo con el objetivo de que la granja no muera.

Su propósito no es desplazar a quienes se mantienen en el campo, practicando la agricultura tradicional. Su objetivo sigue siendo incluirlos, actualizarlos y llevarlos hacia el futuro.

“Consolidarnos como una granja vertical tecnológica y poder cubrir la demanda de albahaca, principalmente en Caracas. Ayudar al planeta, con ahorro de agua, que la naturaleza recupere espacios, y además poder vivir de ello”. Ese es el plan.

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